Desde Charlestown of Aberlour (Reino Unido) (AFP)

Los pescadores de Escocia, desesperados ante la desaparición de salmones

En medio de los rápidos del río Spey, en Escocia, Ian Gordon espera que algún pez muerda el anzuelo, pero al igual que otros pescadores observa que los ríos escoceses se están quedando sin sus famosos salmones salvajes.

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Un salmón pescado en Escocia en 2017 - AFP/AFP
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En medio de los rápidos del río Spey, en Escocia, Ian Gordon espera que algún pez muerda el anzuelo, pero al igual que otros pescadores observa que los ríos escoceses se están quedando sin sus famosos salmones salvajes.

Pescadores y asociaciones ecologistas están alertando sobre los efectos del cambio climático, la deforestación y la proliferación de parásitos.

"Empecé a pescar aquí en los años 1970, cuando era un crío", explica Ian Gordon a la AFP. "¡Y en aquel entonces no necesitábamos esperar tanto para conseguir un salmón bien hermoso!", añade.

El número de "peces empezó a disminuir entre mediados de los años 1980 y finales de los 1990", afirma. "Hoy no queda más que un 20% de los peces" que había en aquella época.

Antaño, centenares de miles de jóvenes salmones atlánticos viajaban cada año por los ríos escoceses para llegar al océano. Un cuarto de ellos regresaba después para desovar en sus aguas natales, pero hoy solo lo hace un 4%, segúnel Comité de Pesca del río Spey.

En Escocia, donde los pescadores de caña están obligados a soltar sus presas, en virtud de un reglamento de protección del medio ambiente, en 2021 se contaron 35.693 presas, la cifra más baja desde que empezaron a registrarse esos tristes récords.

Un balance "coherente con el declive general del número de salmones que vuelve a Escocia", consideró en junio un informe del gobierno escocés.

- Arenques y árboles -

Para los pescadores como Ian Gordon, esto se debe en parte a la sobrepesca de arenques, una especie sobre la que descansa "todo un ecosistema" en el Reino Unido. Como no hay arenques, el salmón que llega al océano se ha convertido en la presa de otros predadores mayores que él.

"Tenemos un verdadero problema en el océano. Y el cambio climático es claramente el primer factor", añade Andrew Graham-Stewart, director de la asociación Wildfish Scotland. "No podemos mucho", dice, suspirando, sondeando las profundidades del Spey a su paso por Bonar Bridge, en el norte de Escocia.

"Cuando los peces llegan al mar, está claro que no encuentran ningún alimento", explica. Y esto, según él, es resultado de la falta de árboles río arriba, pues Escocia "quizá" habría perdido "el 95%" de sus bosques en los últimos siglos a causa de las guerras, la industrialización y la agricultura.

Los bosques aportan sombra a las especies marinas y disminuyen la escorrentía de las aguas de montaña, asegurando un flujo más constante a lo largo de todo el año. Todo ello permite que el agua permanezca "relativamente fría, y los salmones necesitan frescura para sobrevivir y desarrollarse", sostiene Graham-Stewart.

- Responsabilidad de los criaderos -

Algunas organizaciones han decidido actuar. La Fundación del río Dee y el Comité de Pesca del distrito de Dee han plantado desde 2013 más de 200.000 árboles a lo largo del río, y esperan haber plantado un millón para 2035.

En 2016, varios grupos locales retiraron una represa de hormigón del río Carron, para que el agua pudiera correr y facilitar el paso de salmones.

Pero esto no soluciona todo, advierte Andrew Graham-Stewart, que acusa a la piscicultura intensiva de las islas escocesas y de las Highlands (las tierras altas) de jugar un papel "enorme" en la desaparición del salmón salvaje, por ejemplo, al propagar piojos de mar.

La concentración de millones de peces en pequeños espacios favorece el desarrollo de parásitos, comenta. Los piojos de mar se propagan luego a los salmones salvajes, que acaban siendo devorados por el parásito.

Las empresas piscícolas rechazan esas acusaciones y aseguran que protegen el medio ambiente y que velan por la salud de los peces.

Tras una larga jornada echando el anzuelo al Spey, Ian Gordon regresa a casa con el rabo entre las piernas. Se quita sus botas y engancha su caña de pescar al capó de su auto. Los salmones, dice, "son un buen indicador para saber si el mar está en buen estado o no". "Ahora, nos están diciendo: '¡Esperen un minuto, chicos... aquí hay algo que no va bien!'", señala, resignado.




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