Familia y Diabetes

El apoyo familiar en la diabetes es fundamental para la recuperación y la reinserción del paciente diabético en la sociedad.

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Autor del Artículo

Dra. Martha Paola Arellano Salazar

CMP 36247 / 24251


El tratamiento del paciente diabético se basa  en dos pilares fundamentales que son una alimentación balanceada y ejercicio físico. El uso de fármacos se establece de acuerdo al tipo de diabetes o a las necesidades y/o estilo de vida del paciente y cada tratamiento farmacológico debe ser diferenciado y personalizado.

Sin embargo, no basta con el tratamiento dado por el médico del hospital o la clínica, es necesario también que la familia esté presente durante las consultas y participe activamente del cuidado diario del paciente.

En primer lugar, es necesario que el paciente sepa que cuenta con padres, hermanos, esposo o esposa e hijos y que este apoyo es incondicional. Es común escuchar en la práctica clínica diaria la queja de los pacientes sobre la actitud de su núcleo familiar. Los pacientes suelen referir que no tienen apoyo, que sus familiares no se preocupan de ellos, o que los alejan de las actividades  del grupo por que no pueden compartir la misma comida. Este hecho como es de esperar, origina estrés en el paciente y sentimiento de culpa o tristeza, lo que conlleva a depresión, mal control del azúcar en sangre y por último abandono del tratamiento. Este cuadro suele ser más frecuente en personas adultas con Diabetes tipo 2.

El hecho de que esto suceda sobre todo con pacientes diabéticos tipo 2 suele deberse a que por lo general son adultos con hábitos alimentarios equivocados y arraigados fuertemente tanto en el paciente como en el grupo familiar, entonces se hace más difícil cambiar estas costumbres y empiezan los conflictos y “la necesidad” de tener que cocinar una comida para el paciente y otra para la familia.

La participación del paciente en la vida familiar es indispensable, pero ¿cómo podemos lograr que nuestro familiar diabético pueda comer con nosotros y compartir la misma comida? La respuesta es simple en una familia donde hay una persona diabética, debe considerarse a todo el grupo familiar como personas con riesgo elevado para tener diabetes. Dicho de otro modo, si por ejemplo el padre de familia es diagnosticado de diabetes, se sabe por evidencia científica que los hijos e incluso la esposa tienen una probabilidad elevada de desarrollar la enfermedad.

Según lo afirmado arriba, el régimen alimentario en una familia con un integrante diabético debe cambiar en cuanto se tiene el diagnóstico de diabetes y debe considerarse el cambiar hábitos alimentarios en todos los integrantes de la familia. Además debe hacerse una evaluación situacional de la familia en cuanto a prácticas nocivas como tabaquismo, sedentarismo, consumo excesivo de azúcares refinados, bebidas azucaradas, entre otras.

Cuando el paciente diabético tiene la oportunidad de compartir con la familia su experiencia en el cambio de hábitos  se siente acompañado y esto refuerza su autoestima y favorece la adherencia al tratamiento y evita muchas veces la aparición de complicaciones que a largo plazo va a afectar la salud tanto física como mental de todos los integrantes de la familia.

Para terminar, si tenemos un paciente diabético en casa, detengámonos a pensar que pasaría si estuviésemos en su lugar y pensemos también que es muy probable que nosotros llevemos también la predisposición a desarrollar la enfermedad, entonces actuemos solidariamente y compartamos la responsabilidad de cuidar su salud y la nuestra. Empecemos ahora mismo.