Desde Altamira (Brasil) (AFP)

Represa en Brasil alimenta temores de catástrofe ambiental

Con un pez muerto en la mano, Junior Pereira mira con tristeza un charco donde solía pasar el río Xingú, un afluente del río Amazonas en Brasil que se ha secado a causa de la gigantesca represa hidroeléctrica de Belo Monte.

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Indígenas, ribereños, científicos y periodistas cruzan la Gran Vuelta del río Xingú en canoas durante una misión para llamar la atención sobre los problemas causados por la represa Belo Monte en la región, en la ciudad de Altamira, estado de Pará, Brasil, el 13 de septiembre de 2022 - AFP/AFP
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Con un pez muerto en la mano, Junior Pereira mira con tristeza un charco donde solía pasar el río Xingú, un afluente del río Amazonas en Brasil que se ha secado a causa de la gigantesca represa hidroeléctrica de Belo Monte.

Pereira, miembro del grupo indígena Pupekuri, habla con pesar del impacto de la instalación hidroeléctrica, la cuarta mayor del mundo, denunciada por los habitantes locales por destruir una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta y por forzarlos a abandonar su estilo de vida.

"Nuestra cultura es vivir de los peces y del agua", dice Pereira, de 39 años, con un tradicional collar indígena y una gorra de béisbol roja.

Su mirada se fija en el otrora paisaje inundado, convertido en un entramado de charcos donde los peces quedan atrapados debido a la desviación del cauce provocada por Belo Monte, inaugurada en 2016 en el estado de Pará (norte).

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Belo Monte, la cuarta represa hidroeléctrica más grande del mundo, ha dejado partes del río Xingú en una permanente sequía (AFP/AFP)

"Estamos perdiendo completamente nuestra cultura", afirma.

"Ahora tenemos que comprar comida en la ciudad".

- "Como Dios los dejó" -

A lo largo de sus casi 2.000 kilómetros, el caudal del Xingú sube y baja con la temporada de lluvias, creando amplios "igapos," o selvas inundadas, que son cruciales para muchas especies.

También es vital para un número estimado de 25.000 indígenas y otras personas que viven en sus orillas, conocidos como "ribeirinhos."

Belo Monte desvía unos 100 km del Xingú, la "Volta Grande" (Gran Vuelta), en el municipio norteño de Altamira, para alimentar la hidroeléctrica con una capacidad de 11.233 megavatios, lo que representa 6,2% de la capacidad eléctrica total de la mayor economía de América Latina.

Construida por un monto estimado de 40.000 millones de reales (7.500 millones de dólares), la represa cambia el curso de hasta 80% del río. Científicos, ambientalistas y pobladores locales denuncian un efecto catastrófico para este ecosistema único.

"La represa rompió el ciclo de caudal del río. Aguas arriba, está siempre inundado. Aguas abajo, es como si fuese siempre sequía", dice Andre Oliveira Sawakuchi, geocientista de la Universidad de Sao Paulo.

Esto afecta a las poblaciones de peces y tortugas, que dependen de los igapos para alimentarse y reproducirse, dice el especialista.

Sentado sobre las impactantes cataratas de Jericoa, sobre el Xingú, consideradas sagradas por su pueblo, el líder indígena Giliarde Juruna describe un choque de culturas.

"Para nosotros el progreso es tener la naturaleza en pie, los animales, los ríos de la forma en que Dios los dejó", afirma Juruna, de 40 años.

"El progreso para el hombre blanco es algo totalmente diferente. Cree que está haciendo el bien pero está destruyendo la naturaleza y provocando un daño incluso para sí mismo".

- Lula bajo la lupa -

Belo Monte fue propuesta en los años 70 pero no fue autorizada hasta los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), electo para un tercer periodo en las elecciones presidenciales de octubre.

Con su vuelta al poder en este país de dimensiones continentales a partir del 1 de enero, las miradas vuelven a ponerse en la polémica represa.

Y es que muchos esperan que el veterano líder izquierdista cumpla su promesa de hacer un mejor trabajo para proteger la Amazonía que el mandatario saliente Jair Bolsonaro, bajo cuyo gobierno se disparó la deforestación.

Pese a ser defendida como una fuente de energía limpia y motor de crecimiento económico, Belo Monte no ha cumplido del todo las expectativas.

De acuerdo con la compañía que la opera, Norte Energia, la represa produjo este año 4.212 megavatios de promedio, menos de la mitad de su capacidad.

Y según un estudio reciente publicado en la revista Science las emisiones de gases de efecto invernadero se triplicaron en la región después de la construcción de la represa, principalmente debido al metano liberado por la selva descompuesta que yace en el fondo del reservorio.

- Una alternativa -

Investigadores del grupo conservacionista Instituto Socioambiental (ISA) decidieron en 2015 documentar el impacto y divisaron una manera para que Belo Monte afecte menos el caudal del río.

Bautizado plan "Piracema" por el periodo en que los peces nadan aguas arriba para desovar, sus proponentes aseguran que solo se requeriría un ajuste relativamente pequeño del uso actual de agua por parte de la represa para adaptarse a las subidas y bajadas naturales del río.

Está previsto que el regulador ambiental de Brasil decida pronto si Norte Energia debe adoptar ese plan.

La empresa rechazó comentar la propuesta y en un comunicado dijo a la AFP que en cambio "reconoce el plan establecido en la licencia ambiental de la planta".

Para la bióloga Camila Ribas, del gubernamental Instituto nacional de Investigaciones de la Amazonía, la decisión es crucial.

"Cuando alteras completamente el ciclo de las inundaciones, las selvas mueren", afirma.




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