La danza del wititi o wifala

La danza del wititi o wifala es la expresión cultural más característica del valle del río Colca.


 

 


 

La danza del wititi o wifala es, en el rubro de la danza, la expresión cultural más característica del valle del río Colca. En el área de este valle existen quince comunidades que son capitales de distrito: Tisco, Sibayo, Callalli, Tuti, Coporaque, Yanque, Achoma, Ichupampa, Maca, Lari, 
Tapay, Madrigal, Cabanaconde, Huambo y Chivay, esta última capital de provincia.

Todas ellas conforman una subárea cultural de manifestaciones idiosincrásicas que funcionan interrelacionadas como un circuito de festividades que se celebran alternadamente en la mayor parte de ellas. Es en este marco que se realiza la citada danza, protagonizada por la figura del personaje masculino llamado witite.

Esta danza es, siguiendo la leyenda de su origen, una de las muchas expresiones relacionadas a la memoria histórica de la conquista inca. Según la memoria colectiva,    los Collaguas, ancestros de la población actual del valle del Coica, intentaban evitar la conquista Inca y, dado que el soberano cusqueño quería casarse con la hija del gran curaca local, él y sus huestes se disfrazaron con trajes femeninos locales para acercarse a esta mujer de la nobleza. Siguiendo esta estratagema el Inca logró no sólo comprometerse con ella, sino obligar a la población a una alianza con los cusqueños, lo que los pobladores reconocen como una conquista pacífica.

Sería entonces rememorando la estratagema del inca que los varones usan una vestimenta especial, parcialmente femenina, conformada por dos polleras bordadas al estilo regional, y ligeramente levantadas por delante, como es usual en las mujeres de la región, sujetas con los alfileres andinos {tupus o kipkis).

En el torso llevan en cambio una casaca o chaleco de tipo militar, sobre una camisa de manga larga. También llevan dos Ilicllas sujetas con tupus, aunque de modo muy distinto del atuendo femenino: como listones que se entrecruzan en la espalda y se pasan bajo la axila. De tal forma que estas Ilicllas son arregladas como sendas "bolsas" para llevar "municiones" (frutas verdes, semillas, cebollas).

Encima de este arreglo se porta una honda o waraca, en dos vueltas horizontales sobre el pecho y la espalda, con la cual se lanzan las municiones en cierto momento de la fiesta. Completa la vestimenta un tocado vistoso que se dice que es originalmente para protección de los proyectiles pero que también parece hecho para ocultar la identidad del usuario: se trata de una "montera" que en este caso es más bien un sombrero de ala corta, muy decorado y con flecos, más unos barboquejos que son cintas finamente tejidas que pasan por el mentón y por la boca, a veces con borlas coloridas de lana. De este modo el rostro queda parcialmente cubierto.

En ese sentido, la función de la vestimenta masculina sería el ocultamiento de la identidad, lo que en este marco significa que se intentaría de este modo llegar a la pareja eludiendo la vigilancia de los padres de la muchacha.

En todo caso fue el carácter original del tinku lo que cambió radicalmente, sobreviviendo la función del wititi o wifala como danza de cortejo (la que también existe en los tinku cusqueños). Sea cual fuere el origen de la danza, lo que prevalece actualmente es, en resumen, la representación de personajes "disfrazados" de mujer que, protegidos de esta manera, garantizan la reproducción social y política de las localidades del valle.

Por otro lado, según información recogida por Manuel Ráez Retamozo (1993) el wititi fue originalmente una danza guerrera prehispánica, en la que se enfrentaban ritualmente miembros de parcialidades opuestas, urinsaya y anansaya, similar en contenido a los tinku de la región Cusco.

Estaba entonces conformada por grupos de varones, cada uno bajo el mando de un "capitán", que se enfrentaban lanzándose con waracas frutas y semillas grandes, con el afán de derribar al oponente, empezando por los capitanes y, después, a los demás integrantes del grupo. Esta demostración de agresividad y resistencia (pues había que resistir el golpe de los proyectiles) daba importancia al varón frente al público femenino que lo observaba.

Por tales motivos esta danza implicaba un alto grado de violencia física que provocaba heridos e incluso costaba vidas, por lo que fue prohibida hacia la década de 1960.

Esta danza se representa en toda la región del Colca, en el período que dentro del ciclo festivo y ritual corresponde a los meses de diciembre y febrero; esto es, durante el tiempo de protección de las cosechas, cuando se dan las lluvias con mayor intensidad, garantizando la producción del año que inicia.

Durante este ciclo nacen las nuevas cosechas y paren los animales. Es también el período para la elección de nuevas autoridades y, asimismo, la época considerada más adecuada para la elección de pareja; es decir, en su conjunto, para la reproducción social y política de la sociedad local, al tiempo que se renuevan los recursos.

El baile del wititi se realiza entonces en las diversas localidades del valle, que se alternan en un ciclo festivo. Dicho período se inicia con la fiesta patronal de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, y continúa con la Fiesta de la Bajada de Reyes, 6 de enero, la Fiesta de la Virgen de la Candelaria, 2 de febrero, y culmina con los Carnavales, tiempo en que, cabe destacar, en el marco del puqliay Guego) se produce una mayor permisividad sexual que da lugar a la mayor paríe de los matrimonios.

Es en este tiempo festivo que se ejecuta esta danza y ello explica en buena medida el carácter de cortejo por el que es conocida hoy. Cabe señalar que en la misma intervienen además las autoridades recién elegidas.

La danza del wititi o wifala del valle del Colca, provincia de Caylloma, región Arequipa fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura, tal como lo señala la Resolución Directoral Nacional Nro. 1011/INC-2009 con fecha, 14 de julio de 2009.

Fuente: Ministerio de Cultura

 




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