Desde París (AFP)

Las personas mayores en Francia, sin internet y colgadas del teléfono para vacunarse

Los franceses mayores de 75 años comenzaron a recibir esta semana la vacuna contra el covid-19, pero para muchos son necesarias varias horas de espera al teléfono o en internet antes de conseguir la codiciada cita.

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Una enfermera vacuna a un anciano en Quimper, Francia, el 20 de enero de 2021 - AFP/AFP
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Los franceses mayores de 75 años comenzaron a recibir esta semana la vacuna contra el covid-19, pero para muchos son necesarias varias horas de espera al teléfono o en internet antes de conseguir la codiciada cita.

Tras inocular primero a las personas de la tercera edad que viven en residencias, el gobierno francés llamó el lunes a recibir la primera dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech a los cinco millones de ciudadanos mayores de 75 años y a los que tengan patologías graves.

En la región Ile-de-France (12 millones de habitantes) se habilitaron 109 centros de vacunación, 19 de ellos en París, su capital.

El objetivo es compensar el retraso de Francia respecto a sus vecinos. Hasta el 20 de enero, había vacunado a 692.777 personas, detrás de España (966.097), Italia (1.200.000) y Alemania (1.220.000).

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Un hombre recibe la vacuna contra el Covid-19 a bordo de un autobús que recorre los pueblos de los alrededores de la ciudad de Reims para permitir que las personas con movilidad reducida se vacunen, en Bouleuse, Francia, el 20 de enero de 2021 (AFP/AFP)

En total, Francia espera poder vacunar a un millón de personas antes de final de mes, afirmó el martes el primer ministro, Jean Castex. Por el momento, la pandemia causó más de 71.000 muertes en el país.

Si ya hubo polémica por la lentitud durante la primera fase de vacunación, las críticas se centran ahora en los problemas para conseguir cita. Los ciudadanos tienen que registrarse en internet o por teléfono, pero muchas personas mayores no se desenvuelven bien en la red. Y al otro lado del teléfono, rara vez responden.

Sentada en una silla plegable, Evelyne Silva acoge en el centro de salud de Pantin (noreste de París) a los recién llegados con su tableta electrónica, donde verifica los horarios de vacunación de cada paciente por su nombre y apellido.

"El primer día venían muy molestos porque no había citas. Hoy vienen a informarse de cuándo se la podremos dar", afirma Evelyne. Aunque al ritmo actual de vacunación, hasta mediados de marzo no tienen nada libre, reconoce.

Así que lo único que puede hacer Evelyne es darles el número del centro de salud, aún sabiendo que solo hay una persona al otro lado del teléfono para gestionar las llamadas.

- "No me queda otra" -

Norbert Malabre, de 75 años, ha cruzado la ciudad porque en su zona en París no quedaban horarios disponibles. "Cuando vi una en Pantin pensé que era una error. Era la última, tuve mucha suerte", dice a la AFP.

Jean-Pierre Journaux, 55 años, acaba de vacunarse. Sufre insuficiencia renal, por lo que es considerado grupo de riesgo. "Soy escéptico respecto a la vacuna porque ni los médicos conocen sus consecuencias. Pero no me queda otra", confiesa.

Operado de un cáncer de vejiga, a sus 68 años Gilles Sarfati también entra en el grupo prioritario, pero no consigue que le den cita, "me vacunaré porque así me protejo y protejo a la comunidad. Pero este sistema penaliza a los más mayores", estima.

La enfermera responsable de la vacunación en el centro municipal de Pantin, Claudia Monaco, explica que están atendiendo a unas 30 personas al día, y que "a medida que lleguen más dosis habrá más citas disponibles".

Para complicar las cosas, el grupo estadounidense Pfizer, asociado al laboratorio alemán BioNTech, anunció inesperadamente la semana pasada que no estaban en condiciones de entregar la cantidad de dosis concertadas.

El laboratorio explicó que puso en marcha un "plan" para limitar los atrasos en la entrega de su vacuna de cerca una semana, en vez de tres a cuatro semanas como se teme en Europa.




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