Desde Zouk Mikael (Líbano) (AFP)

Los vecinos de una central eléctrica en Líbano la acusan de matarlos a fuego lento

Zeina Matar perdió a dos tíos de cáncer de pulmón. Su hermana y un primo sucumbieron a una fibrosis pulmonar. En la pequeña ciudad de Zouk Mikael, al norte de Beirut, los vecinos acusan a una antigua central eléctrica de matarlos a fuego lento.

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Mujeres charlan en una terraza con vistas a la central eléctrica de Zouk, al norte de Beirut (Líbano), el 10 de octubre de 2022 - AFP/AFP
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Zeina Matar perdió a dos tíos de cáncer de pulmón. Su hermana y un primo sucumbieron a una fibrosis pulmonar. En la pequeña ciudad de Zouk Mikael, al norte de Beirut, los vecinos acusan a una antigua central eléctrica de matarlos a fuego lento.

"Puede que muramos mañana", afirma a la AFP Zeina Matar, una mujer de 40 años que dice "no atreverse a consultar" a un médico por miedo a los resultados.

Como muchos habitantes del barrio ubicado junto a la central de Zouk Mikael, Zeina vive un calvario. Ahora se refugia la mayor parte del tiempo en casa de su marido, en el sur de Líbano.

"Tenemos que sufrirlo todo, incluso el ruido", pero sin recibir electricidad a cambio, lamenta su prima Rita, de 50 años, desde su terraza con vistas a la planta, que a veces desprende un espeso humo negro.

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Vista de la antigua central eléctrica de Zouk, al norte de la capital libanesa, el 10 de octubre de 2022 (AFP/AFP)

Con el hundimiento de la economía libanesa en 2019 después de décadas de corrupción y mala gestión, el estado solo suministra electricidad una hora al día.

Zouk, una antigua villa agrícola de mayoría cristiana a unos 20 km de Beirut, quedó desfigurada por la urbanización galopante de las últimas décadas.

En 2018, un estudio de la oenegé Greenpeace, basado en imágenes de satélite y los niveles de dióxido de nitrógeno en la atmósfera, clasificó la aglomeración de Jounieh, de la Zouk forma parte, como la quinta ciudad más contaminada del mundo árabe y la 23ª a nivel mundial.

La central de Zouk, construida en los años 1940, fue especialmente señalada por Greenpeace, así como los atascos gigantescos y los generadores privados a los que recurren los libaneses para paliar las deficiencias del Estado.

Tampoco ayudan las montañas de los alrededores que retienen las emisiones.

"Como las chimeneas de la central son demasiado bajas, sus emisiones chocan con las montañas", explica Paul Mkhlouf, neumólogo de un hospital de Jounieh.

- "Huí" -

Este doctor lleva desde 1994 haciendo estudios sobre el fenómeno y se desespera ante la inacción de las autoridades.

"Cuando vi los resultados, me mudé de aquí, huí", afirma a la AFP este médico procedente de Zouk.

En su clínica en 2014, los casos de problemas pulmonares en habitantes que viven cerca de la central aumentan normalmente entre un 2,5% y 3% anual.

Actualmente, según las estimaciones, el aumento anual es "del 5%, incluso 6%", alerta.

El médico menciona un aumento anual de tumores y enfermedades de la piel en adultos y de enfermedades respiratorias en niños.

El fuel usado es "rico en sulfuro y monóxido de nitrógeno, los dos cancerígenos, que afectan sobre todo el aparato respiratorio y la piel", explica el doctor Makhlouf.

Como Rita, Zeina tiene ahora su colada en el interior porque los muros de la terraza están ennegrecidos por las emisiones de la central.

"Después de varios lavados, nuestras ropas están agujereadas, para tirarlas", afirma.

Una segunda central que debe funcionar con gas fue construida en 2014 "sin autorización de la municipalidad", afirma el alcalde de Zouk, Elie Beaino, lamentando "la ausencia de un estudio sobre el impacto ambiental".

A pesar de numerosas advertencias a los diferentes ministerios afectados, "no se ha hecho nada", lamenta.

Actualmente, la antigua central no funciona más que una hora al día, únicamente para alimentar las instituciones esenciales del país.

Pero ante la urgencia, el estado ha recurrido a fuel de mala calidad.

"A veces nos despertamos por una fuerte explosión en plena noche" debido a la limpieza del fuel, lamenta la madre de Rita, Samia Matar, de 80 años.

"Cuando vierten el fuel, cerramos las ventanas, porque el olor es insoportable", explica Zeina.

"La mayoría de habitantes reclama el cierre de las centrales", asegura Beaino.

- "Siete veces más cáncer" -

"Nuestros resultados en 2018 demostraron que había siete veces más cáncer" en Jounieh que alrededor del campus de la Universidad Americana de Beirut, afirma la diputada ecologista Najat Saliba, que participó en el último estudio de este centro educativo.

Según la diputada, surgida del movimiento de protestas de octubre de 2019, la combustión incompleta de este fuel pesado tóxico no es apropiado dentro de una ciudad.

Esperando cerrar la central, "la solución es importar fuel de calidad y gas", explica.

A principios de septiembre, una espesa humareda negra se desprendió de la central tras haber usado fuel pesado. Las imágenes causaron controversia en redes sociales.

El Ministerio de Energía explicó entonces que había tenido que usar este combustible de forma "excepcional" para "continuar alimentando el aeropuerto, los hospitales y otras instituciones vitales".

Desde entonces, los ingenieros encienden sobre todo la central de noche, lejos de las cámaras.




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