Desde Río de Janeiro (AFP)

Los "héroes" que están rescatando al Museo Nacional de Rio de las cenizas

Parada en medio de los escombros de la planta baja del Museo Nacional de Rio de Janeiro, que todavía huele a quemado, la paleontóloga Luciana Carvalho rememora las reliquias históricas que hace cinco meses "se fueron" con el fuego.

Brasil, ciencias, incendio
Expertas limpian restos de objetos encontrados entre los escombros del Museo Nacional de Rio durante la primera visita de la prensa tras el incendio en septiembre - AFP/AFP
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Parada en medio de los escombros de la planta baja del Museo Nacional de Rio de Janeiro, que todavía huele a quemado, la paleontóloga Luciana Carvalho rememora las reliquias históricas que hace cinco meses "se fueron" con el fuego.

Una rica colección de insectos, restos fósiles de dinosaurios y documentos que contaban la historia de esta institución bicentenaria, un antiguo palacio imperial convertido en el mayor museo de historia natural y antropológico de América Latina: lo que no consumieron las llamas, se despedazó con el derrumbe de la estructura interna del edificio de tres pisos y después lo deshizo el agua.

"Tuvimos fuego, derrumbe y agua. Tres situaciones que causan daño. El material está muy fragmentado, todo lo que encontramos estaba roto", ilustra Carvalho, cuya vida se transformó radicalmente después del 2 de setiembre, cuando el Museo Nacional y sus 20 millones de piezas ardieron, en una devastación que conmovió a la comunidad científica internacional.

"Dedicaba mi tiempo a la investigación, a orientar alumnos, a dar clases. Desde hace cinco meses, lo que hago básicamente es retirar material de aquí dentro, de lunes a sábados", asegura, vestida con una túnica azul y un casco de seguridad para poder circular por la obra.

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Una experta recupera restos de objetos encontrados entre los escombros del Museo Nacional de Rio durante la primera visita de la prensa tras el incendio en septiembre pasado (AFP/AFP)

Como Carvalho, decenas de profesores, antropólogos, arqueólogos y paleontólogos se dedican ahora a hurgar entre montañas de piedras, estructuras metálicas retorcidas y paredes carbonizadas del edificio, que recibía 150.000 visitantes por año y era un importante centro de investigación y estudio integrado a la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ).

El proceso de recuperación de piezas, extremadamente lento por la fragilidad en la que muchas se encuentran, debe extenderse a lo largo de 2019.

Cuando identifican una pieza relevante, idean una estrategia para retirarla sin causarle daños y la trasladan a una sala de clasificación, para su registro y posterior depósito.

Hasta el momento han recolectado y registrado 2.000 elementos -que pueden corresponder a piezas completas o a fragmentos de un mismo ítem-, explicó el director del Museo, Alexander Kellner, cuyas expectativas fueron superadas con creces.

"Debido al éxito [de las búsquedas] tenemos un problema agradable: preciso muchos más contenedores porque no tengo más espacio" para almacenar las piezas halladas, afirmó.

- Sobrevivientes -

Apenas hubo condiciones mínimas de seguridad para adentrarse en aquellos escombros, los investigadores fueron directo a la sala donde estaba la joya del museo: Luzia, un fósil humano de 12.000 años, el más antiguo de Brasil, descubierto en 1970 en el estado de Minas Gerais (sudeste) por una misión dirigida por la antropóloga francesa Anette Laming-Emperaire.

En octubre anunciaron el hallazgo de casi todos los fragmentos del cráneo y una parte del fémur.



Por su estructura física, los meteoritos también sobrevivieron, incluido el Bendegó, un macizo de hierro y níquel de cinco toneladas hallado en el estado de Bahia (noreste) en 1784.

"Los meteoritos son estructuras que vienen del espacio enfrentando temperaturas mucho más altas que las que puede alcanzar cualquier incendio aquí", explica el paleontólogo Sergio Azevedo.

Ubicado en el hall principal, el meteorito Bendegó era la primera pieza en recibir a los visitantes, y fue colocado en el mismo lugar, imponente, rodeado de andamios.

"Se transformó en una especie de símbolo de resistencia, porque está en esa posición, testigo de todo el trabajo que estamos haciendo para traer de vuelta el museo", explica Azevedo, que también cambió su rutina y hoy se dedica casi exclusivamente a la reconstrucción del Museo.

"Ahora todos desempeñamos diferentes funciones, retiramos escombros, recolectamos materiales, los tratamos, para que en el futuro nosotros mismos y otros profesores puedan retomar sus investigaciones", interrumpidas por el siniestro, explica.

- Transformar una "pérdida incalculable" en ciencia -

El director del Museo se ilusiona al anunciar que el Museo podrá organizar "pronto" una muestra con los principales objetos recuperados, gracias al trabajo de estos "verdaderos héroes que están rescatando la memoria de nuestro país".

"El Museo Nacional vive", indica un pin en su solapa, parte de una campaña para anunciar la reconstrucción del Museo y recaudar fondos.

Aunque Sergio Azevedo tiene claro que el incendio, cuyas causas aún se investigan, dejó "pérdidas incalculables".

"La mayor pérdida fue el Museo Nacional, el acervo disponible para la población brasileña y para investigadores del mundo entero", lamenta.

"Cuando se pierde una parte o se alteran las condiciones de una colección de esta importancia, se produce una pérdida incalculable. Lo que estamos haciendo es intentar transformar esa pérdida en un nuevo objeto de estudio", se consuela.

#Brasil #Ciencias #Incendio


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