Desde Nueva Delhi (AFP)

La preocupación de las mujeres embarazadas ante la contaminación en Nueva Delhi

En este periodo de contaminación en Nueva Delhi, Rachel Gokavi pasa la mayor parte del tiempo encerrada en su domicilio para proteger al hijo que espera del aire tóxico de la capital india, particularmente nocivo para los fetos y recién nacidos.

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Un bebé prematuro en el hospital indio de Sitaram Bhartia de Nueva Delhi, el 18 de octubre de 2019 - AFP/AFP
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En este periodo de contaminación en Nueva Delhi, Rachel Gokavi pasa la mayor parte del tiempo encerrada en su domicilio para proteger al hijo que espera del aire tóxico de la capital india, particularmente nocivo para los fetos y recién nacidos.

"Siempre dejo la puerta del balcón cerrada y ya no salgo mucho. Temo que el bebé tenga problemas respiratorios después de nacer", confiesa a la AFP la futura madre de 26 años.

Durante un reciente encuentro prenatal en la megalópolis de veinte millones de habitantes, ella y otras mujeres embarazadas comparten su preocupación y su ira frente a la evidente contaminación atmosférica del norte de India.

"No salgan a pasear por la mañana. Intenten hacerlo por la tarde cuando el sol está alto" y la contaminación es relativamente menor, les aconseja la moderadora, impotente como cientos de millones de indios ante esta amenaza a la salud pública.

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Ayesha, de seis meses, tumbada cerca de un purificador de aire en su casa en Nueva Delhi, el 6 de noviembre de 2019 (AFP/AFP)

La dramática contaminación invernal apenas empieza en Nueva Delhi, sin que haya a la vista el menor atisbo de mejora. Incluso los médicos se ven desamparados. Lo único que pueden recomendar a las gestantes es que utilicen mascarillas de protección y costosos purificadores de aire en casa, para aquellas que puedan permitírselo.

Cada año cuando empieza el invierno, una conjunción de factores naturales (frío, vientos débiles, etc.) y humanos (quemas agrícolas, emisiones industriales y automovilísticas, fuegos para calentarse, etc.) hacen irrespirable el aire en el norte de India.

No obstante, según investigaciones científicas, la contaminación del aire puede afectar a los niños incluso antes de que hayan nacido.

De acuerdo con un estudio realizado en Pekín, otra gran ciudad asiática que afronta el mismo problema, altos niveles de contaminación aumentan los riesgos de abortos espontáneos llamados "silenciosos", es decir sin síntomas, durante el primer trimestre de gestación.

Otra investigación de 2017 sugiere que las micropartículas presentes en el "smog" (niebla provocada por la contaminación) pueden penetrar la placenta y alterar el desarrollo del feto.



- "Situación de emergencia" -

En el hospital Sitaram Bhartia de Nueva Delhi, pequeños bebés, algunos apenas pesan un kilo, respiran oxígeno a través de unos tubos y unas máquinas registran sus constantes vitales.

Rinku Sengupta, obstetra en esta unidad neonatal, constata que las tasas de bebés que nacen con bajo peso y de nacimientos prematuros aumentan con los niveles de contaminación.

"Estamos muy preocupados, pues sabemos que los elementos contaminantes pueden no sólo afectar a los pulmones de las madres sino que pueden incluso alcanzar la placenta y afectar a su función", explica a la AFP.

"La relación directa causa-efecto es difícil de probar. Pero ahora hay bastantes elementos para decir que hay un vínculo directo y debemos sentarnos y pensar en lo que podemos hacer frente a esto", añade, denunciando una "situación de emergencia".

Los niños respiran más que los adultos debido al menor tamaño de sus pulmones. La contaminación puede provocarles problemas respiratorios e incluso afectar su desarrollo cognitivo.

Arti Bhatia, de 35 años, es madre de una niña de seis meses, Ayseha. Pero su camino hacia la maternidad estuvo marcado por el dolor de varios abortos espontáneos. Ahora se pregunta si la contaminación tuvo algo que ver.

"Tuve mi bebé después de haberlo intentado durante tres años, y durante estos tres años tuve varios abortos espontáneos", cuenta.

"La primera vez que perdí (un bebé), me dije que era mala suerte, que no era el destino o algo así. Pero ahora, empiezo a preguntarme: ¿es debido al aire que respiramos?", señala.

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