Desde París (AFP)

La espina de invierno, un árbol milagro de la agricultura del Sahel

La espina de invierno, también conocida como acacia albida o faidherbia albida, es parte de la salvación de los campesinos africanos del Sahel: optimiza los cultivos, alimenta a los rebaños y sirve de muralla contra la desertificación.

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Un faidherbia albida o acacia albida, bajo cuyas ramas crecen numerosos cultivos en la zona del Sahel, el 18 de mayo de 2019 en Senegal - AFP/Cirad/AFP/Archivos
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La espina de invierno, también conocida como acacia albida o faidherbia albida, es parte de la salvación de los campesinos africanos del Sahel: optimiza los cultivos, alimenta a los rebaños y sirve de muralla contra la desertificación.

Un milagro en esta franja territorial que atraviesa el norte de África de oeste a este y abarca zonas de Senegal, Mauritania, Burkina Faso, Argelia, Nigeria, Chad, Sudán, Etiopía, Eritrea, Malí y Níger.

"Es realmente el parque agroforestal más emblemático de África subsaheliana", explica Christian Dupraz, director de investigaciones del INRA (Instituto nacional de investigación agronómica) y presidente del comité científico del Congreso Mundial de Agroforestería (o agrosilvicultura) celebrado esta semana en Francia.

Algodón, sorgo, mijo o cacahuate son algunos de los cultivos que crecen bajo sus ramas, según Dupraz.

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La acacia albida conserva sus hojas en la temporada seca y sirven para alimentar a los rebaños cuando ya no hay pastizales (AFP/Cirad/AFP/Archivos)

Puede alcanzar unos 30 metros de alto y su tronco llega a superar 1,30 metros de diámetro.

Lo que más le impresiona a Régis Peltier, ingeniero de investigación y desarrollo del Centro de cooperación internacional en investigación agronómica para el desarrollo (Cirad), es la amplitud de su copa redondeada de ramas espinosas.

"Tiene un tronco único, en la base, que se separa formando una vasta copa", explica Peltier. "En bastantes sitios se ven pequeños mercados semanales bajo un viejo Faidherbia. Puede llegar a alcanzar el equivalente a medio campo de fútbol".

- Una salvación -

El no sería nada sin la peculiaridad que lo distingue de otros árboles de la región: "tiene un efecto benéfico sobre la productividad de la mayoría de los cultivos, incluso bajo su copa, lo que lo convierte en un caso de manual", explica a la AFP Olivier Roupsard, investigador del Cirad, quien lleva en Senegal desde 2017.

Esta consecuencia se debe a una característica sorprendente: "Tiene follaje en temporada seca (se habla de "fenología inversa")", cuando ya no hay cultivos en los campos, permite alimentar a los animales gracias a sus ramas justo en el momento oportuno, cuando ya no hay comida disponible en los pastizales", explica.

"Los rebaños que disfrutaban de pastizales en la temporada de lluvias pueden migrar hacia las zonas con faidherbia en temporada seca y sobrevivir (...) A su paso defecan bajo los árboles y así abonan el suelo, lo que beneficiará a los cultivos en el ciclo siguiente", añade el investigador.



Es frecuente ver bajo estos árboles a cabras esperando la caída de las vainas anaranjadas que producen.

Y al contrario, cuando llega la temporada lluviosa y de cultivo el árbol "pierde las hojas del todo", apunta el investigador.

De esta forma no compite con los cultivos "nada o casi nada por la luz", explica Roupsard.

Entre las virtudes de la espina de invierno destaca también su capacidad para captar nitrógeno y transmitirlo a la tierra para hacerla más fértil.

"La productividad del mijo bajo los Faidherbia, medida el año pasado, era tres veces superior bajo las copas que a pleno sol", afirma Roupsard.

- En retroceso -

El problema es que en los años 1990 unos investigadores constataron una tendencia a la baja de estos árboles, víctimas de la sequía y de la sobreexplotación de los pastizales y de la madera.

"Desgraciadamente sigue siendo así", comenta Régis Peltier. A su entender la única solución consiste en subvencionar, pero, una vez plantados, hay que contar 20 años para obtener resultados.

El Cirad intenta fomentar el cultivo de este árbol clave para la supervivencia de la agricultura en los territorios del Sahel.

"La erosión por el viento y el agua priva al suelo de su fertilidad natural, lo que conduce a la desertificación. Frente a la constatación dramática de la desaparición de los bosques, sobre todo de los bosques secos, en agroforestería el árbol es la última muralla", explica Roupsard.

Queda una incógnita. Y es que "esta especie no puede desarrollarse sin una capa freática" y si se aumenta su número surge el problema de la sostenibilidad del manto freático.

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