Desde Pekín (AFP)

En la China del plástico, los militantes de un mundo sin desechos lo tienen difícil

Afectados por el virus del consumo desenfrenado por internet, los consumidores chinos producen montañas de desechos cada vez más altas. Pero Carrie Yu, 29 años, ha dicho no a esa forma de consumir y en su apartamento de Pekín creó su reino minimalista, donde prácticamente todo se recicla.

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Carrie Yu y su pareja, Joe Harvey, militantes del reciclaje, muestran sus desechos de un año guardados en botes el 12 de diciembre de 2019 en Pekín - AFP/AFP
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Afectados por el virus del consumo desenfrenado por internet, los consumidores chinos producen montañas de desechos cada vez más altas. Pero Carrie Yu, 29 años, ha dicho no a esa forma de consumir y en su apartamento de Pekín creó su reino minimalista, donde prácticamente todo se recicla.

En la cocina, un cartón para huevos está listo para ser reutilizado tantas veces como aguante. Su reciclaje necesita agua y energía.

En el baño, los algodones desmaquillantes se están secando después de ser lavados.

En el armario, la ropa suele ser de segunda mano o arreglada para darle una segunda vida.

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Carrie Yu, fundadora de la tienda de cero desechos The Bulk House, coloca unos huevos en unos cartones reutilizables el 12 de diciembre de 2019 en un mercado de Pekín (AFP/AFP)

La joven china compra a granel productos no embalados en el mercado vecino. Y no va a restaurantes que ofrecen palillos desechables.

Un compartamiento normal en París o en Nueva York, pero que sorprende en un país donde la conciencia ecológica ha brillado por su ausencia.

- Una gota de agua -

Carrie lleva esta vida "sin desechos" desde 2016, cuando una mudanza la hizo separarse de la mayoría de sus bienes. "Me siento mucho más ligera", dice con una sonrisa de alivio.

Una vez que todo ha sido reciclado, reutilizado o convertido en abono, Carrie y su pareja llegan a poner tres meses de desechos en dos frascos de vidrio.

La pareja ha lanzado The Bulk House, una tienda en línea, que vende productos como adhesivos biodegradables a base de almidón o compresas lavables.

Una gota de agua en un océano de embalajes que sigue en aumento. China, que solo producía 30 millones de toneladas de desechos en 1980, acumulaba 210 millones de toneladas en 2017, según datos del Banco Mundial.

Aunque sigue por debajo de Estados Unidos (258 millones de toneladas), el gigante asiático llegará a las 500.000 toneladas para 2030, según el organismo internacional.

- Costo enorme -

Pasar de un día para otro de la carencia al consumo exacerbado ha creado malos hábitos.

En la era maoísta, antes de las reformas de finales de los años 1970, era habitual devolver botellas y botes de yogurt a los comercios, dice Mao Da, historiador del medio ambiente en la Universidad Normal de Pekín.



"Estábamos habituados a pensar que la frugalidad era lo máximo", explica.

Después, el aumento del nivel de vida y la omnipresencia del e-comercio, con aplicaciones como Taobao o Meituan, transformaron a centenares de millones de consumidores en compradores compulsivos que piden sus almuerzos o hasta un café a golpe de un clic en sus teléfonos.

Una pesadilla para Carrie, que recuerda su infancia en un pueblo de Hubei (centro). El agua entonces prístina de los ríos y lagos hoy "está llena de desechos", lamenta.

Los jóvenes como ella que han emigrado a la ciudad, cada vez que vuelven a su pueblo lo hacen cargados de paquetes.

"Todo está envuelto en plástico, porque es cómodo. Pero el precio de la comodidad es enorme", lamenta.

- Toma de conciencia -

¿Se ha empezado a tomar conciencia?

El gobierno central decretó el domingo la guerra contra el plástico no reciclable. A partir de este año, pajitas y bolsas de un solo uso quedarán prohibidas en las grandes ciudades.

Shanghái, la mayor metrópoli del país, acaba de anunciar un ambicioso programa de separación de basura, acompañado de multas para los que se resisten. Pekín tiene previsto hacerlo este año.

Las mentalidades también evolucionan.

"Antes, cuando llevaba mis propias cajas y mis bolsas, los comerciantes me miraban mal", dice Wei Wei, una estilista independiente. "Hoy ha mejorado considerablemente. Incluso en el mercado me dicen: es bueno para la ecología".

Los gigantes del comercio por internet han oído el mensaje.

Alibaba ha establecido 75.000 puntos de reciclaje de sus embalajes en todo el país tras la "Fiesta de los solteros", la mayor orgía consumista mundial en línea.

La pasada edición, el 11 de noviembre, circularon 2.300 millones de paquetes, según Correos chino. Casi dos por habitante...

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