Desde Otuke (Uganda) (AFP)

El ejército ugandés afronta un arduo combate contra una plaga de langostas

Una vez que el aire ha sido caldeado por el sol de la mañana, una nube de langostas se eleva desde la copa de los árboles y aterriza en los campos de guisantes de la sabana del norte de Uganda, para iniciar una jornada de estragos.

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Una langosta se alimenta de la rama de un árbol de karité, gran fuente de alimentos e ingresos para los agricultores locales, el 17 de febrero de 2020 en Otuke (Uganda) - AFP/AFP
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Una vez que el aire ha sido caldeado por el sol de la mañana, una nube de langostas se eleva desde la copa de los árboles y aterriza en los campos de guisantes de la sabana del norte de Uganda, para iniciar una jornada de estragos.

Fatigados de tanto rociar a los insectos con pesticidas, los soldados se detienen para admirar el asombroso espectáculo de esa nube opaca que da la impresión de bailar en el cielo y que se ha cebado en los últimos meses con nueve países de África del Este.

El temor a una gran crisis humanitaria es muy fuerte en una región donde 12 millones de personas ya se encuentran desnutridas, de acuerdo a los datos de la Agencia de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

"Un enjambre de 40 a 80 millones (de langostas) puede comer tanto como 35.000 personas por día", señaló a la AFP Priya Gujadhur, alta funcionaria de la FAO en Uganda.

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Invasión de langostas en el este de África (AFP/AFP)

En Atira, una aldea aislada, unos 160 soldados vestidos con monos plásticos con capucha, máscaras y gafas de protección han estado desde el alba rociando árboles y plantas.

Pero sólo han logrado alcanzar la vegetación más baja y un enorme conglomerado de langostas que resistieron el ataque acaba de partir.

Sentado a la sombra de un árbol, el general Sam Kavuma conversa con civiles, mientras algunas langostas caen muertas a su alrededor. En el aire flota un olor acre de productos químicos.

- 'Estado de pánico' -

A 120 kilómetros de allí Zakaria Sagal, un campesino de 73 años, desbroza sus campos en preparación de la siembra de sorgo y maíz cuando, sin el menor aviso, la nube de langostas se abate sobre él.

"Desde este lado, ese y aquel, me rodearon", afirma, moviendo sus brazos en todas las direcciones posibles. "Aún no hemos plantado nada y, si regresan en el momento de la cosecha, destruirán todo. No estamos para nada preparados para eso", se lamenta.

El Centro de previsiones y aplicaciones climáticas de la organización regional Igad (ICPAC) advirtió el martes que los huevos depositados por las langostas durante su migración harán eclosión en los próximos dos meses, con la llegada de la temporada de lluvias a la región.



Esto coincidirá con el periodo de cosechas y podría causar "pérdidas significativas (...) y potencialmente agravar la situación alimentaria", indicó el ICPAC en un comunicado.

Las langostas ya han asolado Etiopía, Somalia, Eritrea, Tanzania, Uganda, Yibutí, Kenia, Sudán y Sudán del Sur.

Sus enjambres pueden alcanzar dimensiones inverosímiles. En Kenia, la extensión de uno de ellos fue estimada en 2.400 km², casi el equivalente a la de una ciudad como Moscú. Esto significa que podría estar integrado hasta por 200.000 millones de langostas.

"Un enjambre de esta talla puede consumir la comida de 85 millones de personas por día", destaca la funcionaria de la FAO, Gujadhur.

Las autoridades ugandesas son conscientes de que una oleada migratoria de langostas podría plantear nuevos problemas durante las próximas semanas, pero por el momento están intentando controlar la situación actual.

Gujadhur se congratula por la respuesta "muy firme y rápida" del gobierno ugandés, pero le inquieta que los militares no estén bien preparados para gestionar este tipo de operaciones.

"Deberían ser científicos y expertos agrícolas quienes tomen este asunto en sus manos", añade.

Los soldados han estado trabajando sin tregua durante dos días, andando y desandando una y otra vez las pocas carreteras accesibles, en un intento de mantener contacto con enjambres cuyos movimientos son impredecibles.

El general Kavuma reconoce que la principal amenaza son los huevos que no aún no han hecho eclosión; no obstante, confía en que sus tropas se impondrán en este combate.

"Sólo tenemos que rociarlas. Contamos con pesticidas para ello. Todo lo que debemos hacer es localizar los lugares donde se posaron y durmieron (...) Dentro de dos semanas volveremos y los huevos habrán eclosionado y será el momento de destruirlos rociándolos", explica con optimismo.

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