Desde París (AFP)

Después del confinamiento, la crisis acorrala a las pequeñas empresas

Las pequeñas y medianas empresas, muy afectadas por la crisis del coronavirus, luchan por sobrevivir después del confinamiento, debatiéndose entre el riesgo de quiebra y la esperanza de reactivación.

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La fábrica textil Dibbo Fashion tras el desconfinamiento, cerca de Daca, el 18 de junio de 2020 - AFP/AFP
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Las pequeñas y medianas empresas, muy afectadas por la crisis del coronavirus, luchan por sobrevivir después del confinamiento, debatiéndose entre el riesgo de quiebra y la esperanza de reactivación.

Algunas empresas se hallan en un punto muerto o han perdido fuelle, otras están abrumadas o endeudadas.

Desde las primeras medidas para frenar la epidemia que ha paralizado la actividad mundial, los gobiernos han desbloqueado miles de millones de dólares para ayudarles a resistir. Son la columna vertebral de la economía, esenciales para la recuperación.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una recuperación más lenta de lo esperado y una recesión global del 4,9% este año. Entre tanto para la hostelería, los comercios y las fábricas es un sinvivir.

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Durante el confinamiento el 7 de abril y luego del desconfinamiento el 18 de junio en la fábrica textil Dibbo Fashion, cerca de Daca (AFP/AFP)

En París, Daca, Nueva York y Wiesbaden, los periodistas de la AFP hablaron de nuevo con los jefes de empresa que visitaron en marzo o abril, en pleno pico de la crisis, cuando hablaban de "súper catástrofe económica". Ahora algunos están en el filo de la navaja, otros recuperan la confianza.

Esto es lo que nos contaron:

- En París, un hotel en punto muerto

El teléfono todavía suena en el vestíbulo, pero el hotel está desierto. El Céleste, muy cerca de Montmartre, fue cerrado a principios de marzo. Dos meses después del levantamiento de las medidas de confinamiento en Francia sigue sin poder reabrir debido a la falta de reservas.

"Cuando las hay, la mayoría de ellas se cancelan en el último minuto, la víspera para el día siguiente, y a veces el mismo día", explica Khadija Radja, directora general de este establecimiento independiente de estilo art decó de 30 habitaciones.

Desde el comienzo de junio, se han levantado las restricciones de desplazamiento más allá de 100 km y el Palacio de Versalles y la Torre Eiffel han reabierto. El hotel bajó los precios, pero ha servido de poco. "La gente sigue vacilando sobre si viene a París", constata Radja, de 49 años.

Entre las cancelaciones y los aplazamientos las perspectivas son limitadas para antes de septiembre: en julio el hotel solo reabrirá si el nivel de ocupación es del 50% y en agosto cerrará.

El impacto es considerable: el hotel ha perdido el 70% de su facturación anual, sus seis empleados están en el desempleo parcial, los gastos fijos siguen corriendo y hay un elevado préstamo que reembolsar debido a una renovación que costó 2,5 millones de euros antes de su apertura en 2018.

En marzo contaba con "una situación de liquidez insostenible". Creyó que tendría que despedir a empleados pero logró evitarlo gracias a la ayuda del gobierno, explica.

Como todas las empresas francesas, el hotel Céleste se ha beneficiado de medidas de ayuda excepcionales: aplazamiento del pago de impuestos y cargas sociales, prolongación del desempleo parcial y préstamo garantizado por el Estado.

"Este préstamo nos vino bien: hemos pedido prestada una cierta cantidad de dinero, importante, no tenemos que reembolsarla inmediatamente, no hasta 2021 y es a cuatro años".

Para septiembre espera la vuelta de los turistas europeos. "Intentamos resistir el golpe", dice, pero "la crisis que acabamos de vivir no ha terminado".

Francia es el principal destino turístico del mundo. El sector, que genera el 7% del PIB, teme una ola de quiebras después del verano.

- En Daca, un sector textil en apuros

"Ruego a Alá que mantenga a mis clientes en España y Portugal en buena salud (financiera). Si están bien, nosotros también estaremos bien".

Para Rubel Ahmed, propietario de la fábrica textil Dibbo Fashion, en el centro industrial de Aschulia, en las afueras de la capital de Bangladés, todo se juega a miles de kilómetros de distancia. Cada año exporta jerséis por valor de 5 millones de dólares, sobre todo a España.

Cuando los dos países del sur de Europa estaban confinados, los minoristas aplazaron los pedidos por valor de cientos de miles de dólares. Dejó de exportar y la fábrica cerró.

Desde el comienzo de mayo, las tiendas de ropa han reabierto en Europa y las exportaciones vuelven a estar permitidas en Bangladés.

Mientras que en el país "cientos de fábricas han caído en bancarrota o han despedido a los empleados" en Dibbo Fashion se oye el ruido de las máquinas como antes: la fábrica ha retomado la actividad y ninguno de los aproximadamente 300 trabajadores fue despedido.



Pero ¿a qué precio?. Además de una pérdida de beneficios de 100.000 dólares, Rubel Ahmed, de 40 años, debe reembolsar un préstamo con un interés reducido facilitado por el gobierno para pagar a sus empleados y, sobre todo, dinero prestado por sus allegados.

"Tuve que pedir prestado a mi esposa para no echar el cierre. Estaba furiosa, le dije que se lo devolvería cuando se reanudasen las exportaciones. Pero ella prefería que yo cerrara la fábrica en vez de infligirnos esta prueba".

Siente angustia por su fábrica, su esposa, sus dos hijos, sus empleados que no paran de preguntarle "si va a mejorar". Él no tiene la respuesta.

Esta semana parte un cargamento hacia Europa, el primero desde enero.

"Si puedo exportar pedidos que ya se han hecho, podré salir adelante", cree, pero "si mis clientes los rechazan, es la bancarrota". "No podré resistir frente a las pérdidas y las deudas".

La industria textil representa el 84% de las exportaciones de Bangladés. Las principales marcas de ropa occidentales han anulado pedidos por valor de miles de millones de dólares.

- Un spa para perros en Nueva York

Antes del confinamiento, la cadena neoyorquina de cuidados para perros Biscuits & Bath tenía 13 tiendas, empleaba a casi 220 personas y ganaba entre 1 y 2 millones de dólares por mes.

Solo tres tiendas han reabierto, 40 empleados se han reincorporado al trabajo (casi todos habían sido despedidos en marzo) y se espera que los ingresos para junio alcancen 300.000 dólares como máximo.

La recuperación es gradual, explica David Maher, jefe de ventas y marketing, y se demora más tiempo en realizar el trabajo por los protocolos impuestos para evitar contagios.

Pero la empresa, creada hace 20 años, cree que saldrá a flote gracias a los clientes asiduos que han mantenido un contacto durante el confinamiento, explica Maher. Cuando los servicios de aseo reabrieron a mediados de abril, la demanda fue "desbordante".

Desde entonces la cadena ha ganado clientes haciendo promociones, como los nuevos dueños de perros adoptados durante el confinamiento estricto. Y con la crisis Maher cree que habrá menos competencia.

La demanda "aumenta cada día", dice, y "el estado de ánimo es muy optimista". El plan es reabrir otras dos tiendas en julio. Después todo dependerá de la demanda a largo plazo, dice.

En Estados Unidos las empresas siguen despidiendo a pesar de la recuperación de la actividad y, según el FMI, el PIB caerá un 8%.

- En Wiesbaden, vuelta a la normalidad para el plexiglás

Las mamparas transparentes de plexiglás, baluartes eficaces contra la propagación de la epidemia, están en todas partes: tiendas, farmacias o administraciones.

Claus Mueller, de 63 años, el jefe de la planta familiar Plexiglas Riesner en Wiesbaden, al oeste de Fráncfort, fabricó y vendió todas las que pudo a principios de la primavera.

"Ahora se ha calmado. Las mamparas protectoras eran necesarias para permitir que los comercios reabrieran y la mayoría de ellos están equipados, por lo tanto la situación se ha normalizado", dice. "Sin duda volveremos al nivel de ventas de antes de la crisis".

La demanda fue tan alta que en marzo, cuando la AFP lo entrevistó, Mueller estaba preocupado de no poder garantizar la "capacidad de producción" porque la cadena de provisión estaba a punto de detenerse.

El artículo generó una cadena de solidaridad. "La gente nos llamó y nos ofreció material", cuenta. Llegaron pedidos de Europa pero "hubo tantos que no pudimos" satisfacerlos todos.

Mueller no quiso beneficiarse del plan de rescate del gobierno alemán para las empresas afectadas por el confinamiento. "Eso habría sido injusto. Si eres uno de los ganadores en una crisis no puedes pedirle al Estado que te ayude". En marzo su volumen de negocio se duplicó con respecto a lo normal.

Decenas de miles de empresas, a menudo familiares y altamente especializadas, constituyen una de las fuerzas económicas en Alemania.

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