Réquiem para Blanca Valera
El réquiem , se hizo con varios poetas de esta década (Patricia Colchado, Ana María Falconí, César Panduro, Andrea Cabel, Rafael Robles, Víctor Ruiz, Diego Lazarte, Giancarlo Huapaya, Luis Zúñiga y Marco Neyra)
28 de marzo de 2009 » Archivo
“DONDE TODO TERMINA ABRE LAS ALAS”
RÉQUIEM POR BLANCA VARELA
Patricia Colchado (Chimbote, 1981)
El silencio de su poesía sabe desnudar las palabras. Una poeta que siempre ha preferido la soledad y escribir, como pocos lo hacen, con honestidad.
Ana María Falconí (Lima)
Detrás de aquella “reja” desde donde la luz y la sombra se confunden, su aliento da vida a miles de palabras, ella las convierte en una única y sola: la poesía.
César Panduro (Ica, 1980)
Esa mujer existió, ella será un puerto. La leí junto al mar, y los versos olían a olas, a un viaje de alga, que muere en una hoja.
Denisse Vega Farfán (Trujillo, 1986)
Atraviesas la brújula, y son todas nuestras voces las que van contigo, ásperos y rientes fantasmas de infancia. Maestra de la luz y del dolor, del justo escarnio a los durmientes. Trataremos de aprender tu lección, y reencontrarte en las barcazas.
Víctor Ruiz (Lima, 1982)
Por qué debería precipitar mis deseos/ si todo me lleva a ser siempre una consecuencia/ de lo que dejo de ser previamente/ para tenerme aquí como dicta tu voluntad,/ (…) el grito, la voz y el canto/ callado casi casi silencioso.
Andrea Cabel (Lima, 1982)
Este poema, incrédulo número de tantas olas que solo te buscan. Blanca, la eternidad es un caleidoscopio, es la inmortalidad de una escalera de caracol.
Diego Lazarte (Lima, 1984)
Su poesía tiene raíces como las del guarango. Su recuerdo es una dama de blanco que deambula toda una larga noche entre la arena y las olas, caminando por los solares y el viejo astillero de Supe.
Giancarlo Huapaya (Lima, 1979)
Varela fue una mujer de silencios profundos, versos eficaces y lenguaje contundente. Blanca, guerrillera de la poesía, tu silencio me enseñó tu largo aliento.
Luis Zúñiga (Lima)
El primer poema de Canto Villano, siempre me ha sonado como un grito en silencio. La sensación de que todo lo humano está allí: el no saber a dónde ir, el no saber por qué sufrir o existir. Lo humano se seguirá cantando así a través de su obra viva.
Rafael Robles (Lima, 1982)
Escribía bien y hablaba poco de lo que había escrito. Antes que poeta, fue mujer, madre, abuela querida. No nos corresponde a nosotros cargar el féretro, pero sí podemos encender una velita en su nombre y cerrar la bocota.

