Machu Picchu en Machupicchu

La ciudadela inca de Machu Picchu es el atractivo arqueológico turístico mas importante del Perú, la cual se encuentra rodeada de templos, andenes y canales de agua, construida en lo más alto de una montaña.


Machu Picchu

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MACHU PICCHU
Ubicación: Ubicada a 112.5 kilómetros al noreste de Cusco, en la provincia de Urubamba
Cusco - Perú
   
Horario de Visita
1er. grupo: 06:00 a 12:00 horas
2do. grupo: 12:00 a 17:30 horas
Capacidad máxima de visitantes por día: Ingreso en general 2500 personas
Machupicchu + Huaynapicchu en dos horarios 200 personas
Machupicchu + Montaña en dos horarios 400 personas
Horario vespertino 1000 personas

 

TARIFAS (*)
2017
Ciudad Inca de Machu Picchu Ciudad Inca de Machu Picchu /Horario Vespertino(ingreso después de las 13:00 hrs) Ciudad Inca de Machu Picchu + Montaña Machu Picchu Ciudad Inca de Machu Picchu + Huayna Picchu
Adulto Extranjero: S/  128.00 S/  90.00 S/  142.00 S/  152.00
Adultos Nacional: S/.   64.00 S/  90.00 S/  80.00 S/  90.00
Estudiante extranjero: S/    65.00   S/  72.00 S/  77.00
Estudiante Nacional: S/    32.00   S/  40.00 S/  45.00

(*) La compra del boleto electrónico y las consultas de disponibilidad de espacios se realizan vía internet en www.machupicchu.gob.pe

 

MACHU PICCHU

Descubierta en 1911 por el explorador norteamericano Hiram Bingham, esta ciudadela es considerada una de las más extraordinarias muestras de arquitectura paisajística del mundo.

Machu Picchu (en quechua, montaña vieja está situada sobre una montaña de estructura de granito. Utilizando ingeniosas técnicas, los Incas lograron transportar pesados bloques de piedra, así como tallarlos y pulirlos con pulcritud sorprendente.

En Machu Picchu quedan los restos de edificios que estuvieron cubiertos de oro, presumiblemente con jardines de fantasía, ídolos y ofrendas, como los del templo del Qorikancha en el Cusco.         

Quedan también otros templos y palacios, todos adyacentes y cuidadosamente construidos, cruzados por una red de finas fuentes de agua labradas en la roca, altares, observatorios cósmicos y múltiples espacios para el culto a los muertos, desde los que se puede gozar durante muchos días del año del espectáculo de los arcos iris que nacen y mueren muy cerca de los ojos. Se sitúa a 2,360 msnm y a unos 112 km por ferrocarril al norte de la ciudad del Cusco.

El sitio era conocido como Picchu, Piccho, o Picho, durante la época colonial y constaba de dos partes: Machu viejo y Wayna joven. Picchu quiere decir "cerro o montaña" y, por lo tanto, el nombre es simplemente descriptivo. En la ciudadela de Machu Picchu vivían pocas personas -probablemente no más de 200 o 300-, y, si la sospecha es cierta, todas ellas eran de alto rango y estaban ligadas al linaje del Inca; es decir, eran descendientes del fundador del Tawantinsuyo.

Según las tradiciones recogidas por los españoles, Machu Picchu debió de ser levantado bajo la dirección de Pachakuteq. No se conoce la secuencia del proceso de su construcción, pero parece haber sido la obra de un solo proyecto equivalente al de un santuario o una "urbanización" donde los espacios, niveles y formas fueron previamente establecidos, aun cuando en el curso de su existencia se hubieran corregido entradas o agregado recintos.

Clima:
Lluvioso durante todos los meses de verano (de diciembre a marzo). Soleado entre mayo y setiembre, con algunas lluvias inesperadas. Las temperaturas máximas alcanzan los 27°C (80°F), mientras que las mínimas raramente descienden de 11°C (51°F) .

Acceso:
Se ubica a 4 horas de viaje en tren desde la ciudad, también se puede llegar a pie (aproximádamente 4 días por el Camino Inca).


Historia

Según la leyenda, cuenta que ese reino había sido fundado, en tiempos inmemoriales, por un héroe llamado Manco Khapaq y por su esposa Mama Oqllu, cuyos orígenes se confunden con los de los apus y los dioses tutelares de su mitología, y están llenos de eventos mágicos y sagrados que hablan de la instauración de las faenas agrícolas, las artesanías, la fundación de ciudades y el establecimiento del orden.

A Manco Khapaq le sucedieron varios gobernantes sinchis ("señores") ligados a guerras tradicionales con sus vecinos y a un progresivo crecimiento de sus poderes y de su capacidad de conquista. Finalmente, cuando gobernaba el inca Wiraqocha, sus vecinos occidentales, los chancas, intensificaron sus actos guerreros y sitiaron el Cusco, hasta que fueron liberados por un nuevo héroe llamado desde entonces Pachakutec Inca Yupanki ("el inca que domina todo y que devuelve la tierra"). Así se inició la formación del imperio de los incas y pronto sus gobernantes Yupanqui dejaron el ámbito local de sus dominios para ocuparse del manejo político y económico de un territorio que agrandaron en base a conquistas y alianzas. Sus vecinos tampus y los habitantes de Vilcabamba fueron algunos de los inicialmente conquistados. Es en esas circunstancias que se construyó Machu Piqchu.

Pachakutec

De acuerdo con lo que sabemos de su historia, Pachakuteq fue el inca que, después de derrotar a los chancas hacia 1420-1430, inició la expansión de los sinchi del Cusco -su dominio antes sólo comprendía la región del río Vilcanota- para dar inicio al Tawantinsuyu. Pachakuteq fue, pues, el fundador del imperio de los incas.

Los chancas, quienes vivían al noroeste del Cusco, eran vecinos y enemigos tradicionales de los incas. Como parte de sus prácticas ancestrales, durante el mandato del inca Viracocha habían sitiado a los cusqueños. Los cantares incaicos hablan de míticos encuentros entre los guerreros de ambas naciones en los que las piedras se transformaban en hombres y los dioses apoyaban a los heroicos defensores del Cusco. Finalmente, Cusi Yupanqui, uno de los líderes cusqueños e hijo de Viracocha, asumió el comando de la guerra y venció a los chancas, momento en el que fue entronizado como Inca Yupanqui y bautizado como Pachakutec ("el que devuelve la tierra"). Desde entonces inició la expansión del Cusco y fundó el Tawantinsuyu, que incluía extensos territorios que abarcaban desde los de los yungas del Chimor, o Chimú, hasta los de los señoríos que existían alrededor del lago Titicaca.

María Rostworowski sospecha que Pachakuteq nació en Cusicancha, Cusco, de donde vendría su nombre originario de Cusi Yupanqui. Perteneció en su infancia a la Iñaca Panaca, pero luego fundó el Hatun Ayllu, al que se adscribieron sus descendientes. Según Juan de Betanzos, que escribió su crónica antes de 1550 y que quizá vio la momia del Inca, "sólo su cuerpo está el día de hoy en Patallacta el cual por sus miembros parece que era en su vida hombre de buen altor y gran estatura del cual se dice que murió de edad de ciento y veinte años". José de Acosta, que sí vio la momia, dice que "tenía en la cabeza una pedrada que le dieron en cierta guerra y que estaba canoso y no le faltaba cabello".

Luego de coronarse como Sapan Inca, Pachakuteq conquistó la región de los tampu, donde se encuentra el parque de Machu Picchu, y allí mandó construir este santuario.


El descubrimiento arqueológico

Melquiades Richarte y Anacleto Álvarez vivían en Machu Picchu, en medio del bosque y de las piedras. Sembraban en la tierra fértil y llana, y sólo de vez en cuando eran visitados por otros campesinos de las vecindades. En realidad, a menos que fueran a visitar a Richarte y a Álvarez, no tenía objeto dirigirse a este lugar perdido, de acceso duro y agreste. Si bien había allí buena tierra para sembrar, había que desmontarla de los árboles y de la tupida maleza que cubría la escasa superficie plana visible.

Richarte y Álvarez habían construido sus casas cerca del manantial, de donde brotaba agua fresca que caía sobre el cerro. Sus mujeres y sus hijos ayudaban en las faenas agrícolas, en el desyerbe y en la limpieza de la acequia. En medio del monte había algunas casas arruinadas, muy antiguas, que ambos campesinos habían tratado de ocupar porque estaban cerca de sus chacras más amplias. Pero eran muy grandes y sólo fueron usadas parcial y esporádicamente. Los niños eran quienes las frecuentaban más.

Algunas veces estuvo a verles su vecino Melchor Arteaga, quien vivía en Mandorpampa, y también otros desde allá abajo. En realidad, cada visita era un verdadero acontecimiento para los dos matrimonios. No había propiamente un camino hacia Machu Picchu, pese a que en tiempos antiguos sí hubo uno -al pie del cerro Wayna Picchu- que se iniciaba muy cerca de Mandorpampa. Subir la empinada montaña, cubierta de maleza y alimañas, con el piso barroso y resbaladizo, entonces, sólo servía para visitar a las familias Richarte y Álvarez, pues Machu Picchu no estaba en ruta a ningún lugar. Cerca de Mandorpampa había un vado relativamente bajo y antes de iniciar el ascenso había que cruzar el río Urubamba, que rodeaba el cerro por tres lados. Finalmente, había mucha niebla allá arriba, casi todo el año.

Un día, el 24 de julio de 1911, Richarte y Álvarez recibieron la visita de Melchor Arteaga, quien esa vez vino acompañado de un forastero que dijo llamarse Hiram Bingham y de un sargento Carrasco de la policía. Llegaron muy cansados y los campesinos les dieron de beber y les ofrecieron descanso en sus chozas. Pero el forastero no había ido a verlos a ellos; quería ver las casas antiguas que estaban bajo el monte, cerca de sus chacras. Arteaga le había dicho que allí había ruinas y se había ofrecido de guía. Richarte encargó a su hijo que le mostrara las casas y las cuevas donde él jugaba.

El forastero y el niño fueron entonces a pasear por entre la maleza... y resultó que las piedras pertenecían a viejos muros desplomados, que las casas antiguas eran las construcciones de una ciudadela incaica y que las chacras eran los campos agrícolas que en forma de terrazas habían construido los incas. El forastero y el niño retornaron muy excitados de su paseo.
Habían descubierto Machu Picchu.

No tiene caso discutir si antes de ese día otros conocieron o visitaron el sitio o no. La aventura de Bingham fue algo más que conocer o visitar unas ruinas, como lo hicieron los campesinos en sus faenas diarias o los hacendados del Cusco que allí tuvieron sus tierras. A partir del 24 de julio de 1911 se inició el estudio arqueológico del lugar y se dio a conocer un testimonio importante de la historia de la humanidad.

Poco tardó Bingham en retornar. La segunda vez fue acompañado de otras personas, de forasteros como él.

Hicieron una limpieza del bosque, cortando árboles y retirando maleza. Recorriendo con mucho cuidado el lugar, obtuvieron un plano de la ruinosa ciudadela con el apoyo de un ingeniero que hizo los primeros estudios topográ ficos. Esta visita les permitió descubrir casi todo lo que ahora conocemos, incluso un hermoso adoratorio en las espaldas del cerro Wayna Picchu.

En 1912 y en 1915 Bingham volvió con un equipo de expertos de distintas especialidades, aunque es preciso señalar que sin ningún arqueólogo, para hacer excavaciones intensivas dentro y fuera de los recintos. En esos tiempos la arqueología peruana y la norteamericana no habían aún despegado, pese a que en Europa ya existía una metodología respecto a los procedimientos para estudiar restos arqueológicos. En el Perú sólo Max Uhle había llevado a cabo exploraciones y algunos aficionados habían empezado a interesarse en el estudio de los restos de las antiguas civilizaciones americanas. De modo que, si bien las excavaciones las dirigió el ingeniero Ellwood C. Erdis, topógrafo encargado de la logística de la expedición, lo hizo con criterios que en ese mismo tiempo eran realmente avanzados frente a los de otros estudiosos o aficionados. Era una época en la que las excavaciones arqueológicas estaban orientadas a descubrir tumbas y palacios. Eso fue lo que hizo Erdis, quien, con el médico y osteólogo de la Universidad de Yale, el doctor George F. Eaton, y, desde luego, con Melquiades Richarte y Anacleto Álvarez, decubrió las tumbas de Machu Picchu.

En sus memorias Hiram Bingham, quien, como sabemos, era un historiador interesado en estudiar la ruta de Simón Bolívar, cuenta que en un momento del proceso de excavación habían llegado a un punto muerto, pues en muchas semanas no habían logrado más hallazgos que las construcciones y los fragmentos de vasijas provenientes del "descombramiento" que dirigía Erdis. La búsqueda de los lugares donde debían de estar enterrados los habitantes de Machu Picchu estaba siendo infructuosa. Pero, el día que se ofreció una recompensa pecuniaria para los que dieran noticia de ello, Richarte y Álvarez volvieron al campamento con datos precisos de los lugares donde se hallaban depositados los muertos. Así, descubrieron sucesivamente hasta 107 tumbas, de las cuales las primeras 52 fueron exhumadas bajo la dirección del doctor Eaton, y las 55 restantes bajo la exclusiva responsabilidad de Richarte y de Álvarez.

Tanto Bingham como Eaton publicaron sendos informes sobre sus trabajos y otros miembros del equipo de expertos -Mathewson, quien se ocupó del análisis metalográfico de los objetos de metal; Isaiah Bowman, quien hizo la investigación geomorfológica y geológica del sitio; O. F. Cook, quien se encargó del estudio botánico; el médico William Erving, y el geólogo Herbert Gregory- entregaron valiosos aportes del primer proyecto multidisciplinario que se hizo en América.

DESCRIPCIÓN

El santuario de Machu Picchu está dividido en dos grandes sectores -uno el sector agrícola y el otro el urbano, o la ciudadela- de los cuales el primero rodea al segundo. Podríamos considerar el cerro Wayna Picchu como un tercer sector.

El principal camino de acceso a Machu Picchu, que viene del Cusco por el sur (Qosqoñ an), cruza la cresta del cerro y llega a la entrada del santuario después de pasar por áreas con construcciones aisladas -como la que ahora se denomina el mirador-, puestos para vigías o guardianes, qolqa o graneros y abundantes terrazas agrícolas. También había otros caminos, como el que hacía accesible el río desde el santuario por el noreste. Actualmente se ha habilitado, para la visita de los turistas, un camino que antes no existía y que corre paralelo al Qosqoñan.

El santuario propiamente dicho es una ciudadela conformada por palacios y templos, viviendas y depósitos, pero, sobre todo, por edificios que cumplían claramente funciones ceremoniales religiosas cuyos componentes más lujosos y espectaculares son los mausoleos labrados en la roca.

Tanto los edificios como las plazas y las plataformas que constituyen el sector urbano están conectados entre sí mediante un sistema de estrechas callejas o senderos, mayormente en forma de escalinatas, que se cruzan con las terrazas que siguen un eje longitudinal plano. La plataforma principal del sector urbano es una amplia plaza -la plaza mayor- que a su vez divide los edificios en hanan ("arriba") y en urin ("abajo"). El sector urbano estaba rodeado de medios que impedían el acceso al santuario, como el muro de defensa y la profunda y ancha zanja, o foso seco, que rodeaban todo el conjunto, no como parte de una fortificación militar, sino como una forma de aislamiento ceremonial restringido.

    
El sector agrícola

La ciudadela de Machu Picchu está rodeada de terrazas agrícolas, algunas más vistosas que otras, de tal modo que la agresiva y desigual pendiente del cerro se transforma en una superficie escalonada que cubre los desniveles de las laderas con terrazas totalmente planas. Como estas siguen las curvas de nivel, sus contornos sirven, además, para redibujar con líneas firmes los perfiles del cerro. Así pues, el entorno natural, que está cubierto de una tupida capa arbórea y que es por sí mismo fascinante, se transforma en un espectáculo que combina armoniosamente la irregularidad de los desniveles y la libre distribución de los colores y las formas del bosque con la arquitectura de los volúmenes y los espacios creados por la voluntad humana.

Sin duda, Pachakutec gozó del placer de la recreación de este paisaje que guarda su memoria para toda la eternidad. Más que un simple espacio agrícola, la habilitación del sector agrícola fue una obra que sometió la función alimentaria a las demandas de los valores estéticos. Si a eso se combina que junto al maíz o a la coca -que con seguridad los incas sembraban en esos andenes- crecían también las orquídeas y otros colores y aromas, las terrazas agrícolas eran mucho más que sólo eso. De acuerdo con documentos del siglo XVI, estas tierras del Urubamba estaban bajo el cuidado de personas cuyo encargo era producir los bienes que sustentaran el culto al Inca muerto, las cuales en su mayor parte eran mamacunas; es decir, mujeres adscritas a funciones estatales de servicio.


La sección hannan

En hanan, que está al oeste, se sitúan los espacios sagrados más vistosos, como el mausoleo real, que contiene el torreón y la cripta; el palacio real; el templo mayor, y una plataforma piramidal que alberga una escultura conocida como intiwatana ("reloj solar"). Cerca del ingreso al santuario, en el extremo suroeste, hay otro grupo de edificios y, además, un espacio rocoso que en sus tiempos sirvió de cantera.

 

La plaza mayor y la sección urin

El sector urbano de Machu Picchu está dividido en dos grandes secciones: la alta, o hanan, al oeste, que contiene el mausoleo real, el palacio real, el templo mayor y el intiwatana, entre otros, y la baja, o urin, al este, que contiene la roca sagrada y su adyacente jardín de piedras, el palacio de las tres portadas, el mausoleo del este, el aqllawasi, la cripta del Cóndor, collcas y dos grupos de edificios que parecen haber tenido un carácter doméstico. Ambas secciones están asentadas en terrenos altos que sobresalen de una sección central, la misma que cumple la función de una gran plaza formada por varias terrazas distanciadas entre sí. Este es en realidad el único espacio plano más o menos extenso que hay en Machu Picchu.

La terraza que corresponde a la plaza mayor propiamente dicha está ubicada entre la colina del intiwatana en el oeste, el conjunto de la roca sagrada con su jardín de piedras en el norte, y las casas del norte y el palacio de las tres portadas en el este. Abajo y al frente del conjunto de la roca sagrada una extensión de la plaza mayor forma una serie de anchas terrazas que configuran un paisaje parecido al de un anfiteatro y que rematan en el fondo en un foso trapezoidal. Las casas del norte y el palacio de las tres portadas se asientan en terrazas que aparecen como jardines escalonados sobre la plaza mayor.

En el centro la gran plaza se descompone en varias anchas terrazas que dan frente por el oeste a los imponentes paramentos ciclópeos de la plaza sagrada, los cuales se escalonan casi verticalmente sobre aquellas. Por el este dan frente a la parte más alta de urin, que contiene el palacio que ha sido llamado aqllawasi a partir del supuesto que habría alojado a un grupo de mujeres escogidas cuyo servicio al Inca incluía laboreo artesanal fino. Se trata en realidad de una segunda plaza, o quizá un jardín o un huerto, formada por un espacio plano de planta rectangular bien definido.

En el sur la gran plaza comprende también otro espacio diferenciado a un nivel más bajo y en forma de trapecio. Está al pie del palacio real por el oeste y de un adoratorio y un mausoleo urin por el este, también muy elegante y asociado a una alegoría surrealista de un cóndor en actitud de descender sobre una cueva. Aquí acaba la plaza, que, como vemos, cruza, con sus varios tramos a desnivel, todo el eje norte-sur de Machu Picchu. Todo menos el extremo sur del adoratorio, donde se ubica el mausoleo real por el oeste y un grupo de casas por el este, ambos separados por terrazas bastante altas. Este frente sin plaza limita por el norte con la escalinata principal, la que, además, va acompañada desde el torreón por una cadena de fuentes unidas por canales labrados en la roca.

 

Wayna Picchu, la joven montaña

Gracias a los documentos que se han encontrado en los últimos años, sabemos que el sitio, en tiempos anteriores a la visita de Hiram Bingham, se llamaba simplemente Picchu, o "montaña". Tenía dos secciones: una sur, un macizo giboso llamado Machu ("mayor" o "viejo"), y otra norte, delgada y erguida, llamada Wayna ("menor" o "joven"). En verdad es en el centro de ambos cerros que se encuentra el santuario, sobre la cresta que les sirve de puente. El nombre Machu Picchu se debe a la referencia de los guías de Bingham a la sección hacia donde debían ascender para llegar a las ruinas.

Cuando llegamos al extremo norte del santuario, detrás de la roca sagrada encontramos el sendero que conduce a Wayna Picchu. Luego de pasar una pequeña colina llamada Uña, el sendero se convierte en una larga y angosta escalinata que rodea el cerro por el oeste. Sus escalones, en algunos tramos, están directamente tallados en la roca. Junto al sendero, que se adapta a las curvas del cerro, podemos apreciar pequeñas terrazas de cultivo que forman parte de los jardines que adornaban el santuario y su entorno. Otro sendero asciende a Wayna Picchu desde Mandorpampa, en el noreste. Es más empinado, más largo, y cruza terrazas y grutas que sirvieron para depositar a los muertos.

En la cima, que tiene forma de cuchilla y una altura de 2 720 m, en medio de las rocas hay una piedra labrada que la imaginación popular ha denominado la "silla del Inca". También hay unos pocos recintos y terrazas. La vista es impresionante: todo el santuario se divisa como si se tratase de una maqueta, y en el entorno se aprecia el extenso horizonte que conforman los picos, los meandros del Urubamba y los desniveles de las quebradas.


El templo de la Luna

Si bien el paisaje y los pocos restos de edificios y terrazas situados en la cima del cerro son por sí mismos apreciables, no cabe duda de que el conjunto de cavernas de la ladera norte, que le da la espalda al santuario, es un monumento espectacular. Las cavernas están asentadas en los riscos de la cordillera, virtualmente sobre el río Urubamba, que corre a varios cientos de metros de profundidad en el cañón que rodea el cerro al cambiar su curso sur-norte en dirección contraria para formar una suerte de gran voluta.

Muchas de las cavernas han sido embellecidas por el hombre y convertidas en recintos probablemente destinados a sepulturas. A las más notables se les conoce como el templo de la Luna. En realidad este nombre es arbitrario, al igual que los muchos nombres con los que se identifican otros sectores de Machu Picchu. Y es que aquí ni siquiera tuvo que haber un templo, aun cuando las formas y la ubicación de las cavernas dan noticia de una función antes ceremonial que doméstica, administrativa o militar. Varias de las cavernas están interconectadas.

Existe una muy grande en la ruta que sube desde Mandorpampa. Se trata de una caverna apostada debajo de una gran roca, de manera similar al mausoleo real o a la cripta del Cóndor. Tiene unos siete metros de ancho, 12 m de largo y 2,5 m de alto, y el suelo plano. Sobre esta hay otra de tamaño similar y ambas están asociadas a corredores, escalones y pasajes intermedios. Las cavernas han sido acondicionadas con mucho cuidado: sus paredes internas son de sillería fina y presentan lujosos detalles, como nichos de triple jamba y altares labrados en la roca. Aparte de los mausoleos real y del Cóndor, estos son los más destacados.

En las excavaciones realizadas por el equipo de Bingham, en las laderas norte y este del cerro, se hallaron alrededor de cinco cuevas que presuntamente fueron ocupadas para guardar cadáveres momificados. Lamentablemente, las cuevas que están asociadas al templo de la Luna no contienen ya restos, que probablemente fueron saqueados. Las que quedaron son pobres en acabados y escondían sólo cerámica rota. Se trata más bien de grietas que de cuevas.

 

 

 

 

 

 

Mapa



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