Santoral - 10 de febrero

Fecha en que se recuerda el nombramiento de santos por parte de la Iglesia Católica.

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Santa Escolástica


 

10 de febrero: 

Beata Clara de Rimini

Nació en Rimini en 1260, tuvo una vida despreocupada y superficial hasta los 34 años. SE caso muy joven con el hijo de su madrastra, luego enviudó y su padre también falleció. Se caso nuevamente con un rico heredero, no tuvo hijos. Un día entró a la iglesia franciscana y oyó que alguien le dijo que rezara un Padre nuestro y un Avemaría, lo hizo y sintió un gran dolor por los pecados cometidos, luego sintió una gran paz y goce, quedó muy conmovida y decidió llevar una vida más serena y religiosa.

Se convirtió en una gran penitente, luego de la muerte de su esposo, dos años después, vestía de gris y usaba cilicios y argollas de hierro en su piel, dormía sobre una tabla y se alimentaba de sobras.

Tuvo extasis y revelaciones. Tuvo que viajar a Urbino por problemas políticos, allí ayudó a pobres y presos. Luego regresó a Rímini, fundó un convento y vistió el hábito.

Murió a los 66 años de edad.

 

Beata Eusebia Palomino

Nació el 15 de diciembre de 1899 en Cantalpino, en la provincia de Salamanca, España. Crece en una familia humilde, a los ocho años hace la primera comunión, luego debido a problemas económicos de la familia, deja la escuela para ayuda. A los 12 años va a Salamanca con su hermana mayor y trabaja como niñera.

Los domingos va al oratorio de las Hijas de María Auxiliadora, allí acepta colaborar con la comunidad, ayuda en la cocina, ayuda en la limpieza de la caza, tiende la ropa.

Fue admitida a pesar de su pobreza y su falta de instrucción e inicia el noviciado. En 1924 realiza sus votos religiosos.

En 1932, su asma empeora mucho y aparecen otros males que ponen su vida en peligro. Comienza a tener visiones de sangre que la afligen.

Muere el 10 de febrero de 1935.  

 

Beato José Sánchez del Río

Nació en Sahuayo, Michoacán, el 28 de marzo de 1913. Fue asesinado el 10 de febrero de 1928, durante la persecución religiosa de México por pertenecer a los cristeros, católicos mexicanos levantados en contra del régimen de Plutarco Elías Calles.

Fue capturado y le pidieron que renuncie a su fe en Cristo, él no lo hizo, entonces le cortaron la piel de las plantas de los pies y lo obligaron a caminar por el pueblo, lloraba y gemía pero continuaba. Le decían que grite Muera Cristo Rey le perdonarían la vida, pero él gritaba Viva Cristo Rey.

En el cementerio le pidieron que reniegue de su fe, pero no lo hizo, entonces lo asesinaron.

 

 

San Calarampo, Profirio, Daucto y compañeras

Bajo el reinado de Séptimo Severo, el prefecto Luciano, que gobernaba en Magnesia, hizo que detuvieran a un sacerdote llamado Caralampio.

Luciano ordenó que lo torturaran y se unió a los verdugos para cortar su piel con garfios de hierro.

De pronto las manos del prefecto quedaron pegadas al cuerpo de Caralampio. Pero Caralampio pidió perdón para el verdugo y las manos recuperaron el movimiento, ante este milagro los lictores Porfirio y Bato, se declararon cristianos y tres mujeres que estaban presentes también lo hicieron.

Pero Luciano no creía lo sucedido e hizo que todos fuesen decapitados.

 

San Guillermo el Grande

Era un joven francés pagano, que se convirtió al cristianismo. Se mantuvo como monje ermitaño, dedicó su vida a la contemplación, haciendo oración, penitencia, ayuno y silencio. Sus discípulos dieron origen a la orden de San Guillermo, que en 1256 se unió a la Orden de San Agustín.

Murió en el año 1157.

 

Santa Austreberta

Fue hija de uno del conde Palatino Badefrido y de Santa Framechidis. Nació cerca de Thérouanne, en Artois. Una vez mientras contemplaba su relejo en el agua vio un velo en su cabeza, a los doce años su padre le dijo que tenía proyectado su matrimonio, pero esa idea le causo mucho rechazo y huyo de la casa acompañada por su hermano menor.

Se refugió en un monasterio, el abad la convenció de volver a casa y habló con sus padres que aceptaron que ella entrar al convento.

Luego su padre la llevó al monasterio de Port en el Somme, donde tomó el hábito.

Tiempo después, fue nombrada superiora de un convento en Pavilly, aunque no quería ir para no abandonar a sus pupilas, tuvo que aceptar debido a la insistencia de San Filiberto. Allí, Austreberta encontró falta de disciplina, pero las religiosas no estuvieron de acuerdo con su severidad y protestaron ante Audeno, quien fundó dicho monasterio. Audeno dio crédito a las monjas y acusó a la superiora hasta el grado de amenazarla con su espada, Austreberta permaneció calmada e inclinó la cabeza esperando el golpe mortal. Eso hizo que Audeno recuperara el juicio y desde entonces la dejara gobernar a las monjas de la manera que creyera conveniente.

 

Santa Escolástica

Nació en Nursia, era hermana de San Benito. Desde joven fue muy religiosa. Estableció su monasterio en las faldas del monte Piumarola, su hermano estaba en la cumbre y aunque estuvieran cerca su hermano bajaba a visitarla solo una vez por año.

En su último encuentro, el primer jueves de cuaresma del 547, Escolástica le pidió a su hermano que permaneciese más tiempo con ella, pero él no quiso hacerlo. Pocos instantes después llovía torrencialmente, por lo que San Benito no pudo regresar al monasterio, y le echó la culpa a su hermana. Ella dijo que él no la quiso escuchar, pero Dios sí, que intentará irse si pudiera.

En el lugar del prodigio se construyó la iglesia del coloquio y en recuerdo a esta anécdota se invoca a Santa Escolástica contra los rayos y para obtener lluvia.

Tres días después vio que el alma de Escolástica volaba al cielo en forma de paloma. 

Fuente: catholic.net