Desde París (AFP)

Macron se enfrenta a una nueva protesta popular con los "chalecos amarillos"

Tras las numerosas manifestaciones que marcaron su mandato, Emmanuel Macron se enfrenta este sábado a una nueva movilización popular con el movimiento de los "chalecos amarillos", automovilistas exasperados por el alza de los precios de los carburantes que prometen "bloquear" Francia.

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Tras las numerosas manifestaciones que marcaron su mandato, Emmanuel Macron se enfrenta este sábado a una nueva movilización popular con el movimiento de los "chalecos amarillos", automovilistas exasperados por el alza de los precios de los carburantes que prometen "bloquear" Francia.

Según una fuente policial, se esperan unas 1.500 acciones que buscan perturbar o bloquear rutas, aeropuertos, depósitos y refinerías de carburante y el acceso a las ciudades y grandes ejes viales.

Los "chalecos amarillos" --en referencia a las prendas reflectantes que debe utilizar todo automovilista en caso de incidente en Francia-- protestan contra el alza del precio de los carburantes, pero también contra la política "injusta" del gobierno, que limitaría, según ellos, el poder de adquisición.

De momento no está claro qué amplitud tendrá la contestación, ya que el movimiento es en gran medida espontáneo.

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Manifestantes con chalecos amarillos pasan junto a un cartel en el que se lee No a la subida (de los precios), viva Francia, durante una protesta contra el alza de los precios de los carburantes, el 17 de noviembre de 2018 en Dole, este de Francia (AFP/AFP)

"Es apolítico, asindical ¡es el hartazgo general del pueblo!", resumía el viernes Kévin Dujardin, de 27 años, un "chaleco amarillo" que arengaba a sus compañeros de combate en un aparcamiento de Calais (norte) preparando las acciones de este sábado.

"Lo difícil es que no tenemos una organización sindical, acostumbrada a hacer manifestaciones, que la organice", destacó el martes el ministro del Interior, Christophe Castaner.

El gobierno francés, visiblemente preocupado, multiplicó en los últimos días tanto amenazas como gestos de simpatía.

"Se puede manifestar", pero bloquear un país "no es aceptable", repitió el viernes el primer ministro, Edouard Philippe.

El miércoles, el gobierno anunció un alza de las ayudas a los bolsillos más modestos para cambiar los vehículos y pagar las facturas energéticas. El mismo día, el presidente Emmanuel Macron pronunciaba un inédito mea culpa, al admitir que no ha conseguido "reconciliar al pueblo francés con sus dirigentes" y prometiendo una "reconciliación entre la base y la cúspide".

- "Descontento general" -



Este movimiento de protesta llega tras un año difícil para el mandatario, con múltiples manifestaciones contra su amplio plan de "transformación" de Francia, que no lograron detener su ímpetu reformador.

Se suma además a la baja tasa de popularidad de Macron, por debajo del 30%, el menor nivel desde su elección en 2017.

Los "chalecos amarillos", en cambio, cuentan con el apoyo de 73% de los franceses, según el instituto de opinión Elabe. "Un 54% de los electores de Macron apoyan o tienen simpatía por este movimiento. No es anodino", señala Vincent Thibault, encargado sénior de estudios en el instituto.

"Es desde ya un éxito en términos de opinión", concluye Jérôme Sainte-Marie, presidente de PollingVox, otro instituto de sondeos.

"Es una protesta más peligrosa que las anteriores porque tiene capacidad de difusión entre cuatro quintas partes de la sociedad: todos los que toman sus vehículos y quienes tienen ingresos modestos", advirtió el politólogo en una entrevista con la AFP.

"Emmanuel Macron tiene grandes dificultades frente al pueblo central, el francés medio, que no tiene la impresión de ser querido por Macron: encarna una forma de élite parisina, social e intelectual", explica el experto.

"La imagen del presidente de los ricos sigue estando muy presente. Le cuesta librarse de ella", resume Vincent Thibault.

El movimiento de los "chalecos amarillos", que aúna descontento y frustración, es también "consecuencia de acusaciones, de la acumulación incesante de ciertas frases, como cuando habló de las 'personas que no son nada'", considera Sainte-Marie, en referencia a una de las ocurrencias habituales del presidente francés.

"Una estación de tren es un lugar en el que uno se cruza con personas que tienen éxito y con personas que no son nada", dijo Macron en julio de 2017, generando conmoción.

El alza del precio de la gasolina no es más que un "elemento desencadenante", señala Vincent Thibault. "El descontento es más general", considera.

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