Desde Bukavu (RD Congo) (AFP)

Los viajes en piragua en el Congo se hacen a merced del agua

Acomodados entre sacos de mandioca y racimos de banano apilados en las grandes piraguas que abordaron en Goma o Bukavu, los pasajeros piden al cielo llegar a buen puerto y evitar uno de los naufragios demasiado frecuentes en la República Democrática del Congo (RDC).

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Un comerciante descarga unos plátanos de una piragua en el lago Kivu, en Goma, el 21 de octubre de 2021 - AFP/AFP
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Acomodados entre sacos de mandioca y racimos de banano apilados en las grandes piraguas que abordaron en Goma o Bukavu, los pasajeros piden al cielo llegar a buen puerto y evitar uno de los naufragios demasiado frecuentes en la República Democrática del Congo (RDC).

Al norte y sur del lago Kivu, en el este de la RDC, al igual que en otros lagos y ríos en el inmenso país del África central, hay un ballet diario de embarcaciones de madera que transportan personas y mercancías, a menudo a contramano de las reglas de seguridad.

"Todo salió bien", se congratuló un lunes en el puerto Kituku de Goma Jeannine Mutanji, al llegar de la isla de Buzi-Bulenga. "El domingo pasado nos volcamos, hubo dos muertes", contó ella.

Con un clima cambiante, lluvias y tormentas violentas y olas que azotan el casco de las piraguas a motor, cargadas más allá de su capacidad, los naufragios son frecuentes y con elevados saldos de pérdidas humanas y materiales.

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Una comerciante descarga su mercancía de una piragua en el lago Kivu, en Goma, el 21 de octubre de 2021 (AFP/AFP)

En su pequeña oficina en Bukavu, cerca de donde llegan las piraguas, el "comisario lacustre" Dido Balume Munihire cita a AFP las medidas de seguridad vigentes, como la "prohibición de las embarcaciones de madera de navegar de noche porque no tienen luces de señal" y la obligación de llevar chalecos salvavidas.

- Más barato -

Pero en las piraguas cargadas de productos venidos de las comunidades que bordean el lago y la isla de Idjwi, los chalecos de color naranja son raros.

Los balseros explican sin temor que navegan a partir de las 22H00 para poder entregar su carga a las 06H00 o 07H00 del día siguiente y abastecer a los mercados de las capitales provinciales con frutas, vegetales, pollo y pavo, carbón de madera y materiales diversos.

"Un chaleco cuesta 25 dólares, yo encargué 20", dijo Mapendano Fandiri, de 38 años, un balsero de Idjwi. "Pero no se puede trasladar el precio de los chalecos al precio del transporte, la gente no quiere pagar más".

Las travesías cuestan de 3.000 a 6.000 francos congoleños (1,5 a 3 dólares) por persona según el trayecto, y cada encomienda es cobrada según el peso y el tamaño, de 1.000 a 3.000 francos (0,5 a 1,5 dólares).

"Es más barato que en barco, pero de todas formas no hay barco, así que no tenemos opción", indicó Jean Hazihishe, de 44 años, quien fue a hacer mandados a Goma desde Kalehe, donde un naufragio dejó un centenar de muertos en abril de 2019.

El presidente Félix Tshisekedi "había prometido barcos", pero no los ha enviado, reclamó Hazihishe, un padre de familia.

El gobernante anunció también la rehabilitación de cuatro puertos a la orilla del lago y las obras ya comenzaron en Kalahe, aseguraron recientemente las autoridades provinciales.

- Guerra de servicios -

Pero el comisario Dido parece convencido de que "las poblaciones ribereñas no quieren viajar en barco", por una cuestión de precio y de costumbre. De igual forma se niegan a ponerse el chaleco.

"Nosotros hacemos campañas de sensibilización pero no pasa nada", lamentó. "Queremos recurrir a las fiscalías, plantear demandas contra los balseros que se niegan a obedecer".

Son numerosos los servicios y autoridades que se disputan el control de la navegación, entre policía lacustre, fuerza naval, dirección de migración, agencia nacional de inteligencia, y otros.

Algunos asiduos de la bulliciosa multitud matinal de Bukavu han contado "hasta 23 servicios" que se ocupan en mayor o menor medida de los balseros, viajeros y comerciantes.

"Nosotros estamos en dificultad porque de un momento a otro llega uno u otro servicio y perjudica nuestra misión", admitió un oficial de la policía lacustre, sin identificarse.

Para no mencionar los sobornos que permiten cerrar los ojos ante el peso de las cargas, la navegación nocturna y la falta de chalecos salvavidas.





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