Desde Amalfi (Italia) (AFP)

Los "heroicos" cultivadores de limones sobreviven en los jardines de terraza italianos

Los limoneros se extienden sobre decenas de jardines en terraza. En el pueblo italiano de Amalfi, Salvatore Aceto sigue cultivando "heroicamente" el limón como sus antepasados, con piernas y brazos fuertes.

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Salvatore Aceto cuida sus limones en Amalfi, Italia, el 2 de julio de 2020 - AFP/AFP
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Los limoneros se extienden sobre decenas de jardines en terraza. En el pueblo italiano de Amalfi, Salvatore Aceto sigue cultivando "heroicamente" el limón como sus antepasados, con piernas y brazos fuertes.

Sombrero de paja, sonrisa en los labios, a Salvatore, de 56 años, la sexta generación que labra esos campos, su trabajo lo apasiona.

"Mi padre siempre me dice que puede que no tengamos sangre en las venas, sino jugo de limón. Quizás sea verdad", comenta riendo.

Junto a su hermano Marco cultiva estos "jardines" atrapados entre el mar y las montañas, el primero de los cuales fue comprado en 1825 por su tatarabuelo.

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Unas botellas de licor limoncello, expuestas para su venta por la familia Aceto en Amalfi, Italia, el 2 de julio de 2020 (AFP/AFP)

Su padre Luigi, de 85 años, sigue trabajando en el cultivo, que produce entre 50 y 70 toneladas de limones cada año, llegando a las 4H00 o 5H00 de la mañana.

Trepa la abrupta costa a bordo de un minúsculo Fiat 500 azul, que data de finales de los años 1960, que su mujer, obstetra utilizó durante años para ayudar a madres a dar a luz a lo largo de la costa.

- Trabajo agotador -

Sus pantorrillas deben soportar subir y bajar cientos de escalones cada día, mientras que sus hombros cargan pesadas cestas de limones y largas estacas de castaño, que sirven para crear las pérgolas y que pueden llegar hasta 80 kilos.

El trabajo diario es "agotador", y los cultivadores a menudo tienen dificultades para encontrar jóvenes italianos.

Cuando es necesario, como los demás cultivadores, la familia Aceto recurre a trabajadores europeos -ucranianos, rumanos o moldavos- que paga "muy gustosos" porque su trabajo y sacrificio no tienen "precio", explica Salvatore.



Esta "agricultura heroica", en terrenos empinados, se encuentra también en las islas de Lampedusa, Procida (sur) y en la región de las Cinco Tierras (norte).

- Tragedias -

Debido a las dificultades, algunos renuncian, lo que representa una "tragedia", según Salvatore.

"Ver muchas terrazas dejadas al abandono, es como una puñalada en el corazón. No se trata de culpar a los que no las cultivan, pero es desolador", comenta.

Además de lo duro del trabajo, la dificultad es económica. "No se puede competir con los mercados argentino, uruguayo, marroquí, español o turco. Allí todo está automatizado y los costes de cosecha son muy bajos. Para cubrir nuestros costes, habría que pedir más de 2 euros por kilo (contra 1,4 o 1,5 euros actualmente), y eso no es posible", añade.

Esta realidad, sumada al hecho que "el agricultor aquí es muy celoso de su jardín", la familia Aceto comprendió que "el agroturismo podía ser la clave de su supervivencia".

Sin embargo, esta apertura, con visita y venta de productos (limoncello hecho en casa por ejemplo), se hace con prudencia, no más de 100 personas al día, para preservar tanto los limoneros como "lo que somos".

Pero los últimos ocho meses han sido muy duros.

"Hemos sufrido tres tragedias como nunca antes. El 21-22 de diciembre, las terrazas se derrumbaron debido a las fuertes lluvias, un desastre económico. Luego, la cosecha de limones fue mala porque la floración fue menos buena, consecuencia de un clima frío y lluvioso. Y por último, la llegada de la epidemia de covid-19", que puso un freno al turismo y a las ventas.

"Si sobrevivimos a esto, seremos invencibles", resume.

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