Desde Miami (AFP)

Los ecoturistas, al rescate de los arrecifes de coral en Florida

Armados de tubos para bucear y aletas, los ecoturistas y voluntarios se han convertido en los nuevos jardineros del fondo del mar en el estado estadounidense de Florida, donde los científicos enseñan a restaurar los arrecifes coralinos en peligro.

EEUU, oceanografía, medioambiente, turismo
La instructora de buceo Patti Gross planta un coral y saca algas en el marco de un proyecto de jardinería submarina en el Arrecife Alligator de Bahía Vizcaína (Florida, Estados Unidos) el 23 de mayo de 2015 - AFP/David Gross/AFP
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Armados de tubos para bucear y aletas, los ecoturistas y voluntarios se han convertido en los nuevos jardineros del fondo del mar en el estado estadounidense de Florida, donde los científicos enseñan a restaurar los arrecifes coralinos en peligro.

Los corales, tanto en Florida (sureste de EEUU) como en otros partes del mundo, se han visto afectados por la polución humana. Su crucial papel en la biodiversidad marina ha impulsado a los investigadores a desarrollar técnicas para protegerlos.

El programa de Stephanie Schopmeyer, de la Universidad de Miami, consiste en cortar las puntas de corales vivos, colocarlas en un "árbol" artificial bajo el agua, para luego "trasplantarlas" a arrecifes coralinos en el suelo marino. "Es como si tuvieras un rosal en tu jardín. Si lo podas, va a crecer más sano, fuerte y un poco más vivo", dice Schopmeyer, cuyo programa 'Salva un arrecife' es uno de los muchos que se ofrecen al público para que eche una mano.

Los voluntarios, como la estudiante de la Universidad de Miami Nicole Besemer, se muestran ansiosos por ayudar, toda vez que saben que los corales son hábitat y fuente de alimentación de numerosas especies de peces, tortugas y erizos de mar. "Yo practico buceo en el sur de Florida y quiero asegurarme de que mis arrecifes estén tan sanos como sea posible", dice. "Sé que ya no son lo que eran", agrega.

- Resina y "galletas" -

En una reciente excursión, Schopmeyer y una docena de submarinistas viajaron en bote a un vivero bajo el agua en la Bahía Vizcaína, donde primero retiraron algas adheridas a los árboles artificiales con los pedazos de coral, que luego fueron plantados en un arrecife aledaño.

Unos turistas y estudiantes ayudaron en la fabricación de "galletas", unos discos pequeños donde se pegan con resina los pedazos de coral, para ser colocadas en el arrecife.

El trabajo de los voluntarios ya ha dado frutos. "Estamos alcanzando una escala ecológicamente significativa", dice Diego Lirman, profesor de Biología Marina en la Universidad de Miami. "Nos dimos cuenta de que todo depende del número (de corales) que podamos hacer crecer y volver a plantar", señala.



Lirman advirtió hace 30 años del impacto de los huracanes en un sitio cercano llamado Elkhorn Reef. En la actualidad, ya no hay corales en esa parte. "Llegó un punto en que me cansé de sólo verlos morir (...). Quería hacer algo", dice.

El profesor indica que fueron científicos en países como Israel, Fiyi, Indonesia y Filipinas quienes desarrollaron las técnicas de jardinería submarina que se están aplicando en Florida.

- Crecimiento explosivo -

La polución, la sobrepesca, el dragado del fondo marino y la acidificación de los océanos amenazan los corales, que pueden parecer rocas o plantas, pero son animales de la familia de las medusas o las anémonas.

En Florida y el Caribe, la mayor parte del trabajo de protección lo realiza la Fundación para la Restauración del Coral (CRF, en inglés), que emplea a diez personas y a un ejército de voluntarios. Los programas de la CRF y la Universidad de Miami fueron inicialmente financiados por la iniciativa de la Casa Blanca en 2009 para revivir la economía después de la crisis financiera global. Luego, se han beneficiado de donaciones.

"Estamos en la etapa del crecimiento explosivo", dice Ken Nedimyer, presidente de la CRF. Hace unos años, la fundación plantaba unos pocos miles de corales al año. Ahora tiene unos 500 árboles submarinos en Florida, en los que crecen entre 40.000 y 50.000 corales, afirma.

A partir de los 14 años, los voluntarios pueden colaborar con la CRF, tras recibir clases de buceo. "Es más difícil de lo que parece desde tierra firme", dice Patti Gross, una de las instructoras. "Pero es muy gratificante", agrega Gross, que ya ha formado a unas 250 personas en restauración de corales en los últimos cuatro años.

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