Desde Rangún (AFP)

Los birmanos buscan oxígeno desesperadamente ante la nueva ola de covid-19

Los residentes de Rangún, la principal ciudad de Birmania, desafían el toque de queda militar en una búsqueda desesperada de oxígeno para que sus seres queridos puedan respirar, en medio de una nueva ola de covid-19 en el país asiático.

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Un hombre carga un tanque de oxígeno mientras otros hacen fila para cargar los suyos en una planta de Mandalay, Birmania, el 13 de julio de 2021 - AFP/AFP
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Los residentes de Rangún, la principal ciudad de Birmania, desafían el toque de queda militar en una búsqueda desesperada de oxígeno para que sus seres queridos puedan respirar, en medio de una nueva ola de covid-19 en el país asiático.

El repunte de contagios agrava la situación de Birmania, donde la represión de disientes desde el golpe de estado de febrero dejó más de 900 muertos y minó la economía.

Cientos de personas hacían fila en Rangún al amanecer del miércoles, con la esperanza de cargar sus cilindros de oxígeno para llevar a sus familiares contagiados por el virus.

Algunos llevaron sillas anticipando una larga espera, mientras que para otros fue demasiado tarde.

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Personas llegan a un centro de carga en Mandalay, Birmania, el 13 de julio de 2021, con tanques para llenarlos de oxígeno (AFP/AFP)

"Mi hermana sufrió tres días por el covid-19", contó a la AFP Thain Zaw Win, al salir de una de las filas en esta ciudad de 7 millones de habitantes.

"El primer día estaba cansada, con baja presión sanguínea, (...) y ayer sufrió mucho porque no podía respirar bien", agregó.

"Pero cuando hacía fila aquí para cargar el tanque de oxígeno esta mañana, me llamó mi sobrina para que volviera a casa porque mi hermana murió", dijo.

Las autoridades registraron más de 7.000 nuevos contagios el miércoles, comparado con menos de 50 por día a inicios de mayo.

Millones de personas en Rangún y Mandalay, la segunda ciudad de Birmania, están en confinamiento pero el número de muertes continúa subiendo y los equipos de voluntarios trabajan para recoger los cuerpos de víctimas en los barrios.

Ye Kyaw Moe, un marinero, salió de su casa a las tres de la mañana en medio del confinamiento para hacer fila en busca de oxígeno.

Pero al llegar al centro de recarga de Rangún, ya había 14 personas al frente de él.

"No dormí en toda la noche, tuve que tener cuidado para evitar a los soldados porque aún estamos bajo ley marcial", dijo a AFP.

El Consejo de Administración Estatal, como se autodenomina la junta militar, dice que no hay motivo de alarma.

"Tenemos suficiente oxígeno", reza la edición del jueves del diario estatal Global New Light.

"La gente no debe preocuparse tanto y no debe propagar rumores", publicó el diario, citando al jefe de la junta, Min Aung Hlaing.

Pero Than Zaw Win discrepa. "No tenía otras enfermedades, mi hermana no habría muerto si hubiéramos tenido suficiente oxígeno", aseguró.

- "Bajo la lluvia o el sol" -

Partes de Birmania fueron puestas en confinamiento parcial el año pasado pero la aplicación de la medida fue laxa, en un país donde muchos deben escoger entre seguir las normas o alimentar a sus familias.

La nueva ola de contagios llega cuando el país se recupera de la violencia posterior al golpe, mientras muchos trabajadores de la salud se unen a una campaña nacional de desobediencia civil contra los militares.

Las infecciones también afectan las porosas fronteras de Birmania. La semana pasada un foco contagioso en la ciudad fronteriza de Ruili contribuyó a elevar los contagios diarios en China a su nivel más alto en seis meses.

De los 57 casos reportados ese día en China, 12 fueron de birmanos de Ruili, según las autoridades.

La aplicación de vacunas también ha sido lenta, con solo 1,75 millones de personas inoculadas de una población de 54 millones, según la junta.

"La junta no tiene recursos, capacidad ni legitimidad para controlar esta crisis", dijo el miércoles el relator especial de la ONU para Birmania, y agregó que "la crisis (...) es particularmente letal por la desconfianza hacia la junta militar".

El repunte también dificulta la acción de los trabajadores humanitarios.

"Trasladar al personal allí donde más puedan aportar, llevar ayuda a las comunidades que lo necesitan, todo se hace más complicado", dijo a la AFP un portavoz de la Cruz Roja.

Birmania espera recibir 4 millones de dosis de vacunas de China la primera semana de agosto, demasiado tarde para quienes están luchando por respirar.

En otra fila de Rangún, Aung Kyaw esperaba conseguir oxígeno para su esposa.

La última vez que intentó cargar su cilindro de 40 litros tuvo que esperar 24 horas, dijo el hombre de 43 años, que asegura no tener recursos para cruzar la ciudad para buscar otro centro con menos gente.

"Tengo que esperar y hacer fila aquí, bajo la lluvia o el sol, y toda la noche también", dijo.





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