Desde Qamishli (Siria) (AFP)

La ira de los comerciantes kurdos por el impuesto doble en Siria

En la zona semiautónoma kurda del norte de Siria, las autoridades locales impusieron a los comerciantes un nuevo impuesto sobre beneficios, provocando malestar pues ya tributan al gobierno de Damasco y afrontan dificultades económicas.

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Unas mujeres en una joyería el 2 de mayo de 2018 en Qamishli, Siria - AFP/AFP
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En la zona semiautónoma kurda del norte de Siria, las autoridades locales impusieron a los comerciantes un nuevo impuesto sobre beneficios, provocando malestar pues ya tributan al gobierno de Damasco y afrontan dificultades económicas.

"Esta doble imposición nos pesa mucho, sobre todo porque la actividad económica y nuestras ganancias son débiles", lamenta Nabil Adam, de 34 años, que dirige una tienda de ropa en la ciudad de Qamishli.

Aprovechando la guerra que asola Siria desde 2011, los kurdos han fundado una semiautonomía en los territorios que controlan en el norte y el noreste del país, donde en 2016 proclamaron una "región federal" con una administración independiente.

Damasco, que ve con malos ojos esta autonomía de facto arrancada por una minoría oprimida desde hace tiempo, mantiene una presencia militar limitada en algunos sectores de "Rojava" (el Kurdistán sirio). El gobierno recauda impuestos anuales que oscilan entre los 40 y los 60 dólares para los comerciantes, según dijeron varios de ellos a la AFP.

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Un empleado de una tienda de cambio de dinero el 2 de mayo de 2018 en Qamishli, Siria (AFP/AFP)

Los kurdos, que disponen ya de sus propias fuerzas de seguridad y de su propio programa escolar, decidieron por su parte establecer este impuesto sobre beneficios a finales de 2017.

La iniciativa permitió "recaudar cerca de 349 millones de libras sirias" entre octubre y abril, unos 800.000 dólares en seis meses, se alegra Jaled Mahmud, copresidente de la Dirección Financiera de Rojava. La tasa de recaudación fue del 59%, según cifras oficiales.

- "¿Dónde va el dinero?" -

Pero los comerciantes lamentan unos impuestos demasiado altos en relación con sus ingresos, además lejos de estar justificados en vista del deplorable estado de los servicios públicos.

"Falta todo, ya sea agua, electricidad, educación o sanidad. Es por lo que la gente es reacia" a pagar, explica a la AFP Fayez Abbas en su tienda de cosméticos.

"Tenemos derecho a saber dónde va el dinero", dice, asegurando que los comerciantes estarían dispuestos a pagar más impuestos "si estos servicios estuvieran asegurados".

Sin embargo, las autoridades locales acaban de implantar este sistema tributario para poder mejorar los servicios básicos, mientras que el resto de la población no está sujeta a un impuesto sobre la renta, con la excepción de los funcionarios que pagan en Damasco.

"El gobierno autónomo quiere mejorar y ofrecer más servicios y para ello necesita recursos financieros", dice Mahmud a la AFP.



Preguntado por la doble imposición a los comerciantes, titubea: "depende del ciudadano elegir y pagar el impuesto a la parte que le ofrece las prestaciones, proporciona seguridad, facilita el combustible e intenta mejorar la situación".

Pero Afasta, farmacéutica, no se tranquiliza. "Ya no sabemos a quién pagar", dice.

"En el pasado nuestros beneficios se elevaban a cerca del 50%, pero ahora la situación es diferente, pagamos dos impuestos", lamenta esta joven de 29 años.

Las autoridades locales aseguran sin embargo que este impuesto es progresivo y equitativo, y tiene en cuenta los ingresos.

- "¿Cómo lo calculan?" -

El cálculo del impuesto se hace sobre la base de un beneficio neto: los comerciantes cuyos beneficios sean inferiores a 1,2 millones de libras sirias (cerca de 2.800 dólares) están casi exentos.

Más allá de este límite, la tasa impositiva aumenta progresivamente, empezando por un 1% para las ganancias entre 1,2 y 2 millones de libras anuales y alcanzando el 7% para el tramo entre los 5 y 7 millones de libras (11.494 - 16.000 dólares).

"La tasa impositiva puede ir hasta el 24% para los beneficios netos anuales más allá de los 100 millones de libras sirias", recalca Mahmud.

Pero algunos comerciantes ponen en duda la forma de cálculo.

"Tuve que pagar 39.000 libras sirias por mi tienda, mientras que mi impuesto debería haber sido menor", se enfada Mohamed Rifaat Jalil, vendedor de zapatos de 43 años.

El descontento general de los vendedores se ha visto impulsado por la aceleración de la entrada en vigor de la ley, prevista inicialmente para 2019.

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