Desde Kabul (AFP)
La economía, una bomba con efecto retardado en Afganistán
Pese a algunos éxitos incontestables y la ayuda internacional, la economía afgana está paralizada y los enormes recursos mineros no parecen ofrecer una solución a corto plazo, lo que lleva a preguntarse si la principal amenaza para Afganistán no será, antes que los talibanes, la debilidad de su economía.
2 de enero de 2015
Un mercado de Kabul, repleto de gente el 29 de diciembre de 2014 - AFP/AFP
Pese a algunos éxitos incontestables y la ayuda internacional, la economía afgana está paralizada y los enormes recursos mineros no parecen ofrecer una solución a corto plazo, lo que lleva a preguntarse si la principal amenaza para Afganistán no será, antes que los talibanes, la debilidad de su economía.
En el bazar de Sarayee Shahzada, en Kabul, los hábiles cambistas manejan con soltura gruesos fajos de afganis, dólares, rupias y dirhams, pero los clientes parecen tener prisa por ser atendidos. Los negocios ya no son lo que eran hace dos años, explican mientras fuman y beben té.
Tras una década de crecimiento en la que se alcanzaban los dos dígitos, la economía afgana comenzó a contraerse en 2013, a raíz de la inquietud despertada por las elecciones presidenciales, que llevaron al poder a Ashraf Ghani, y por la retirada de las tropas de la OTAN, que finalizaron en diciembre su misión de combate.
La caída de la actividad económica no ha escapado a los cambistas especializados en la 'hawala', un sistema informal de traspaso de fondos que sirve asimismo de barómetro de confianza de los inversores.
"Cuando se acercaba el momento del repliegue de la OTAN, los inversores empezaron a sacar su dinero. Lo han transferido a Dubái, China, Pakistán, India o Turquía", explica Omiad Khan desde la empresa familiar en el bazar de Shahzada. Cada vez es más el dinero que sale del país y menos el que entra.
Un sondeo reciente de la ONG estadounidense Asia Fundation, que preguntó a 9.200 afganos, situó "el paro y una economía débil" a la cabeza de los problemas del país, por delante de la inseguridad y la corrupción.
Desde 2002, Estados Unidos ha invertido más de 104.000 millones de dólares en Afganistán, superando al Plan Marshall para reconstruir Europa tras la Segunda Guerra Mundial, según el Inspector General para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR). Pero esta cantidad ha financiado principalmente las operaciones de combate y a las fuerzas de seguridad afganas, hoy solas en la defensa del país, tras la retirada de la OTAN.
El gobierno afgano cuenta este año con unos ingresos de 1.800 millones de dólares, una suma inferior al valor de la heroína extraída de los campos de opio que se reproducen en todo el país y alimentan las arcas de los talibanes y otros señores de la guerra.
La realidad es que, sin los 8.000 millones de ayuda internacional anual, el gobierno afgano sería incapaz de pagar el salario de sus 350.000 soldados y policías.
- Frutos secos para salvar Afganistán -
Pese a la situación actual, el país creció con fuerza durante la primera década en que la OTAN estuvo presente: el PIB pasó de los 2.500 millones de dólares en 2001 a más de 20.000, según el Banco Mundial, gracias al transporte, la construcción, las telecomunicaciones y los medios de comunicación.
La agricultura, más allá del opio, también funcionó en esa década, hasta el punto de que la exportación de frutos secos superó la de alfombras. "Antes, exportábamos solo a dos países (India y Pakistán), pero ahora vendemos a unos 45", asegura orgulloso Haider Refat, responsable de una compañía exportadora de pasas, higos, pistachos y otras delicias locales.
Pero para favorecer las exportaciones, el país debe solucionar sus problemas energéticos y "dar a conocer sus productos en el extranjero", considera Haider.
- El maná de la minería -
Otro sector con un fuerte potencial es el minero. El organismo de servicios geológicos estadounidense (USGS) estima que los yacimientos de hierro, oro y cobre del país tienen un valor de entre uno y tres billones de dólares.
Aunque este maná permita considerar un futuro próspero, todavía queda mucho camino por recorrer, opina Javed Noorani, experto del sector minero afgano. Kabul aún debe reformar su legislación minera, hacer más transparente la adjudicación de concesiones y aumentar su red ferroviaria para transportar los minerales, aunque también contener la corrupción en el sector de la explotación minera y transformar los recursos para crear empleo. Una tarea colosal que llevará al menos otra década, según Noorani.
Hasta entonces, Afganistán necesitará ayuda, estabilidad y oportunidades para sus jóvenes, de los cuales más de un tercio vive por debajo del umbral de la pobreza y se arriesga a caer en los brazos de la insurgencia en caso de una recesión prolongada.
En el bazar de cambistas, el viejo Hadji Mubin Ahman no lo duda: "Nuestra economía depende aún de la ayuda internacional. Cortar esa ayuda es como cortarnos el oxígeno: moriremos".


