Desde Kallstadt (Alemania) (AFP)

"Dos mundos" separan a Trump de la ciudad de sus ancestros alemanes

El alcalde de la localidad alemana de los ancestros de Donald Trump anunció antes de su sorpresiva elección en 2016 que si hacía algo "grande" para Estados Unidos o el mundo como presidente, colocaría una placa en su honor. Cuatro años después, todavía no la hay.

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Ursula Trump, propietaria de la panadería 'Trump' en la ciudad alemana de Kallstadt el 14 de octubre de 2020 - AFP/AFP
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El alcalde de la localidad alemana de los ancestros de Donald Trump anunció antes de su sorpresiva elección en 2016 que si hacía algo "grande" para Estados Unidos o el mundo como presidente, colocaría una placa en su honor. Cuatro años después, todavía no la hay.

Kallstadt es la pequeña ciudad vinícola en el suroeste de Alemania donde crecieron los abuelos paternos de Trump, en una calle de humildes casas que todavía están en pie.

Mientras el mundo espera el resultado de otra elección determinante en Estados Unidos el 3 de noviembre, los residentes empiezan a estar cansados del nombre Trump.

"Solo fue una ilusión", dice el alcalde Thomas Jaworek, de 52 años, a la AFP cuando se le pregunta por la idea de la placa.

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La antigua casa de los abuelos de Donald Trump, el 8 de junio de 2016 en Kallstadt, en el sur de Alemania (AFP/AFP)

"Nuestros dos países solían ser amigos y nuestros amigos personales permanecen".

"Pero cuando ves a (la canciller alemana) Angela Merkel y a Donald Trump sentarse juntos, tienes la impresión de que ahora hay un mundo entre nosotros", dice, en referencia a las gélidas relaciones entre los dos dirigentes.

Con una población de 1.200 personas, ya no quedan Trumps en Kallstadt, pero una pariente lejana por matrimonio en la cercana ciudad de Freinsheim parece tener la habilidad familiar para el autobombo.

Ursula Trump, que a los 73 años es un año menor que el presidente, dice que después de su elección empezó a vender pasteles con la bandera estadounidense y pequeños emblemas de Trump hechos con azúcar en la panadería que lleva su nombre.

"La gente venía de todas partes, solo por los pasteles de Trump. Era una locura" dice con una sonrisa. "¡Hasta los rusos venían!".

Eso hasta que un grupo de locales empezaron a boicotear su tienda.

"Decían '¿por qué estaba haciendo publicidad de ese loco?'. Yo les respondía: 'No estoy haciendo publicidad de él, yo tengo su nombre, ¿por qué no puedo utilizarlo?'".

- "La misma cara" -

Ursula procedía de un pueblo cercano y se casó con Harald Trump, cuya conexión con el presidente estadounidense se remonta a un ancestro común cuatro generaciones atrás.

Dice que puede ver un cierto aire de familia, sobre todo cuando su marido se enfada.

"Pone la misma cara que Donald," asegura, arrugando el ceño tratando de imitarlo. "Mi hijo también lo hace".

Afirma que su familia siente cierto orgullo cuando relacionan su apellido con el de Trump, que en el dialecto regional del Palatinado se pronuncia "Droomb".

Sin embargo, cuando se habla de política, Ursula dice que "no sabe mucho" pero le preocupa el "desprecio a las mujeres" de Trump.

Cree que la alianza transatlántica, promovida en la región por la presencia desde hace décadas de miles de solados en las bases estadounidenses como Ramstein, Kaiserslautern y Spangdahlem, se ha deteriorado durante su presidencia.



A Ursula no le agrada el plan de Trump de reducir el número de soldados estadounidenses estacionados en Alemania en 9.500 a 25.000.

"La amistad americano-alemana se construyó durante muchos años porque los estadounidenses estaban aquí. Creo que esta decisión podría romperla", advierte.

Aunque quedan en la zona unas pocas decenas de Trump, la mayoría están hartos de la prensa.

Sin embargo, Sven Trump, 38 años, que dice que es un primo lejano del presidente estadounidense, trató de aprovechar la atención para la campaña "verde" el año pasado con vistas a la conferencia sobre el clima de la ONU que se celebró en Madrid.

Con un gorro rojo con el eslogan "Mantén el mundo grande", se filmó el año pasado posando frente a la casa del abuelo de Trump diciendo: "Donald, el cambio climático existe y sus consecuencias afectan a EEUU y a ti también!".

A través de sus cuentas en Twitter e Instagram @realsventrump, trató de provocar a Trump para que se uniera al Acuerdo de París de 2015, que preconiza la reducción de las emisiones de CO2, y aportara su granito de arena reduciendo la comida chatarra y el golf.

- 'Sangre alemana' -

Joerg Leineweber tiene un hotel justo al lado de la casa del abuelo de Trump, una modesta casa blanca.

"Hay gente que se hace selfis frente a ella pero había mucha más hace tres años", dice Leineweber, de 53 años.

La inminente salida de soldados estadounidenses es solo un símbolo del fin de la era de las relaciones de posguerra con Estados Unidos, sostiene.

"Ya no existe la confianza que solía haber".

Trump nunca ha visitado Kallstadt y solo ha hecho dos breves escalas en Alemania como presidente.

Consultado el año pasado sobre una posible visita, prometió que aceptaría la invitación de Merkel con una referencia a sus raíces familiares.

"Tengo sangre alemana, iré", dijo. Pero todavía no ha vuelto.

Thomas Jaworek, el alcalde, pertenece al partido de centro derecha de Merkel, la Unión Demócrata Cristiana. Asegura que le ha sorprendido que Trump se enfrentara tan ásperamente con Alemania sobre el comercio y los gastos en defensa.

"Al mismo tiempo, busca acercarse a los que nunca fueron amigos de Estados Unidos como Corea del Norte", recuerda.

Jaworek parece aliviado de que no haya tenido que organizar una eventual visita presidencial, hasta ahora.

"Quizá todo acabe a principios de noviembre", espera.

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