Desde Playa Hermosa (Costa Rica) (AFP)

Detrás de las huellas de las tortugas oliváceas en Costa Rica

"¡Respeto!". El guía Raúl Fernández habla a su pequeña tropa en la noche frente al Océano Pacífico de Costa Rica, en Playa Hermosa (noreste), antes de embarcarse en la oscuridad siguiendo los pasos de las tortugas oliváceas.

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Vista de una tortuga marina en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Punta Mala, en Playa Hermosa, Puntarenas, Costa Rica, el 19 de septiembre de 2019 - AFP/AFP
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"¡Respeto!". El guía Raúl Fernández habla a su pequeña tropa en la noche frente al Océano Pacífico de Costa Rica, en Playa Hermosa (noreste), antes de embarcarse en la oscuridad siguiendo los pasos de las tortugas oliváceas.

Fernández, de 41 años, ha estado guiando a los turistas durante 12 años para observar a estas tortugas (Lepidochelys olivacea), que ponen sus huevos en estas costas de julio a diciembre, a pocos metros de donde rompen las grandes olas que disfrutan surfistas de todo el mundo.

Presente en toda la zona tropical, esta especie es considerada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Para proteger los nidos, guardias armados patrullan por la noche Playa Hermosa para mantener a raya a los cazadores furtivos que roban los huevos. No tienen cualidades particulares de gusto e incluso, según Raúl Fernández, "comerlos puede hacer que vomites".

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Una tortuga marina de Kemp llega para poner huevos en la playa de Ostional, en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Ostional, a unos 350 km al noroeste de San José, en la costa del Pacífico de Costa Rica, el 12 de diciembre de 2007. (AFP/AFP)

Desafortunadamente para las tortugas, estos huevos blancos y esféricos tienen la reputación de tener propiedades afrodisíacas y, por lo tanto, son objeto de un tráfico jugoso a nivel internacional.



Pero el guía no cree en la efectividad de la represión. En el pequeño grupo que conduce a la luz de la luna, dos niñas son objeto de sus atenciones: "Contra los hueveros, nosotros contamos con la nueva generación. Enseñamos a los jóvenes esa riqueza de la naturaleza para que la protegen en el futuro", dice Fernández.

Después de unos 15 minutos de caminata por la playa, el guía ve huellas que provienen del mar. Al final, allí está ella, depositando sus huevos -que pueden llegar a cien- en el hoyo que cavó en la arena, de unos 50 centímetros de profundidad.

Una vez cumplido su deber para la perpetuación de la especie, la tortuga de unos 50 kilos hace movimientos oscilantes para tapar con arena el nido, y luego regresa a las aguas del Pacífico sin detenerse.

Para proteger los huevos de su principal depredador en la playa, el humano, los guardias del Refugio de la vida salvaje de Playa Hermosa recogen de las arenas cada año entre 10.000 y 15.000. Después de 45 días de incubación, los recién nacidos son liberados en la playa: "Uno de cada mil escapará de los depredadores y se convertirá en adulto", dijo Mauricio Salazar, de 40 años y administrador del Refugio.

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