Despidieron con honores a valeroso can Lay Fun
Con todos los honores correspondientes a un personaje entrañable y admirado se le dio el último adiós, en medio de una congoja general, al valeroso can de raza rottweiler Lay Fun, en la sede de la Policía Canina, en el cuartel El Potao del distrito del Rímac.
22 de febrero de 2014 » Archivo

Lay Fun tuvo una hoja de servicio ejemplar, destacó Olger Benavides, jefe de la Policía Canina, en el homenaje póstumo al querido integrante de esa dependencia. Luego del saludo de rigor al cuerpo inerte del can, colocado sobre un depósito especial, se procedió al crematorio. Sus cenizas fueron colocadas en una urna que permanecerá en el salón de ceremonias del cuartel El Potao.
Hoy a las 06:00 horas Lay Fun partió "al cielo de los perritos", como dirían los amantes de estos animales, a la edad de 13 años, que equivalen aproximadamente a 90 años de vida humana.
Su robusto cuerpo y su delicado corazón no resistieron un paro cardiorrespiratorio que le quitó el aliento. Los últimos meses vivió preso de los achaques de la vejez; ya era un adulto mayor y necesitaba cuidados especiales. La dolencia más grave que lo aquejaba era una displasia en la cadera, enfermedad ósea degenerativa que causa dolor y cojera.
Hace poco más de siete años una noticia conmocionó a la opinión pública, cuando los medios de comunicación dieron cuenta de la muerte de un ladrón por causa del ataque a dentelladas de un can.
Ese bravo perro guardián era nada menos que Lay Fun, quien no perdonó que un extraño entrara en sus dominios –una cochera de la cuadra 6 de la avenida Abancay, donde se guardaban autopartes– con malas intenciones y lo atacó sin reservas.
Las reacciones a ese hecho fueron encontradas. Algunos pocos pedían que se le sacrificara, otros entendieron que Lay Fun era solo un animalito que no razonaba y que solo cumplía con la labor que su dueño le había encomendado de cuidar sus propiedades.
La imponente mascota de grandes fauces se convirtió en una de las más famosas y queridas del país, y gracias a la presión de la opinión pública se salvó de ser sacrificada y más bien fue enrolado en las filas de la Unidad de Policía Canina, donde demostró su destreza y su nobleza durante cinco años, después de lo cual pasó al retiro.





