Desde Londres (AFP)

Comerciantes de Brixton se movilizan ante el peligro de aburguesamiento del barrio

Son cuatro, dicen querer salvar su comercio y también el alma de Brixton. En este emblemático barrio afrocaribeño del sur de Londres, convertido en un refugio para jóvenes modernos, algunos comerciantes se movilizan frente al peligro de aburguesamiento de la zona.

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La entrada al mercado cubierto cercano a la estación de tren de Brixton, en el sur de Londres, el 19 de diciembre de 2016 - AFP/AFP
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Son cuatro, dicen querer salvar su comercio y también el alma de Brixton. En este emblemático barrio afrocaribeño del sur de Londres, convertido en un refugio para jóvenes modernos, algunos comerciantes se movilizan frente al peligro de aburguesamiento de la zona.

El motivo del enfado son unas grandes obras iniciadas por Network Rail, propietario de los ferrocarriles británicos y de decenas de comercios situados al lado de las vías de este barrio popular.

La primera fase del proyecto comenzó en el otoño en Atlantic Road y Brixton Station Road, las dos calles situadas a uno y otro lado de las vías, y una veintena de tiendas y restaurantes baratos cerraron en octubre, desapareciendo tras espesos paneles de contrachapado.

Las obras deben durar 12 meses, según Network Rail.

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Varias personas pasean junto a comercios de los arcos del viaducto cerca de la estación de ferrocarril de Brixton, en el sur de Londres, el 19 de diciembre de 2016 (AFP/AFP)

"Renuevan [las tiendas] para aumentar los alquileres y poner McDonald's o Burger King", lamenta Jah Weatherman, un viejo jamaicano de barba blanca, que alquila una minúscula tienda donde se mezclan banderas rastafari y camisetas con la imagen de Bob Marley.

A pesar de la insistencia de Network Rail, cuatro comerciantes se niegan a cerrar sus tiendas porque temen que la compañía alargue las obras para empujarlos a abandonar definitivamente los locales.

El 75% de los inquilinos de esas tiendas acordaron regresar al final de las obras, asegura Network Rail.

"La mayoría no volverá", contesta Ray Murphy, gerente de una tienda de alfombras desde hace 26 años, que ha decidido enfrentarse a Network Rail y bloquear el inicio de las obras.

"Quieren echarnos", dice Malek Menad, otro comerciante descontento.

Murphy y Menad están preocupados por sus alquileres, que se multiplicarán por 2,5 de aquí a 2022 según un documento publicado por Network Rail, y amenazan con denunciar el caso ante la justicia.

- 'Nos toman el pelo' -

Algunos comerciantes no han esperado el inicio de las obras para dejar las tiendas. La pescadería "LS Mash & Sons", fundada en 1941, cerró en agosto. "¿Triplicar los alquileres? Nos toman el pelo", denuncia un cartel en la vitrina.

Meses antes, otra institución de Atlantic Road, la tienda de comestibles Continental, cerró sus puertas, acusando a la elitización residencial del barrio de echar a sus clientes más fieles.



Ninguno de esos comercios tiene intención de reabrir en otro sitio que Brixton.

Las dos únicas grandes tiendas incluidas en el perímetro del proyecto de renovación, una casa de apuestas (William Hill) y una casa de empeños (H&T Pawnbrokers), firmaron contratos que les permiten seguir abiertas durante las obras, una diferencia que irrita a los pequeños comerciantes.

"No nos han propuesto semejantes contratos", afirma Menad, que acusa al consejo municipal de apoyar Network Rail "al 100%". "Si aumentan los alquileres, aumentan los impuestos", dice, una acusación rechazada por el Ayuntamiento.

Escenario de disturbios raciales en 1981, el barrio, situado a unos 15 minutos de metro del centro de Londres, tuvo mala fama durante años, pero ha ido cambiando y atrayendo a jóvenes activos en busca de alquileres asequibles.

El mercado cubierto, epicentro de la zona, es ahora un refugio para jóvenes modernos, lejos del ambiente de antaño.

- 'Limpieza étnica' -

En 2010, este mercado se incluyó en la lista de monumentos históricos por "haber formado parte del corazón comercial y social de la importante comunidad afrocaribeña que se instaló en Brixton tras la Segunda Guerra Mundial".

Pero hoy, las tiendas de comestibles y las peluquerías afrocaribeñas sólo representan un tercio de los comercios y comparten espacio con un restaurante sin gluten, un bar de champán y una boutique de cupcakes veganos.

"Es el nuevo sitio de moda. Pero la gente que creció aquí, y no sólo los negros, han sido literalmente expulsados", lamenta Elbee Brown, habitante de Brixton y empleada en los Archivos Culturales negros del barrio.

Esta quincuagenaria habla incluso de "limpieza étnica", criticando a los recién llegados que se niegan a mezclarse con los demás.

La selección, con el alza de los alquileres de las tiendas y los apartamentos, es ante todo "económica y social, y luego étnica", dice Ray Murphy.

Las cuatro tiendas rebeldes tienen hasta mediados de enero para marcharse.

Pero, pese a una última propuesta, Murphy se niega a devolver las llaves. Por su comercio y sus tres empleados, y para no dejar la calle a una casa de subastas y una de empeños.

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