TRUJILLO VIBRÓ CON ANIVERSARIO DE LAS SUMAS VOCES

Hermoso. Esta palabra se dibujó en todos los rostros. Sentados en sus asientos, sin moverse,  miraban con asombro a Tito La Rosa que deja un instrumento de viento sobre la mesita llena de vasijas silbadoras, pequeñas flautas de pluma y hueso.

14 de septiembre de 2006 » Archivo

Notas de Prensa
Foto referencial

 Luego de un instante, La Casa de la Emancipación estalló en aplausos. La noche no pudo acabar de otra manera. Conexión pura, fue el comentario de un espectador acodado en las barandas del patio, mientras aplaudía. Todos quedaron extasiados con la entrega del músico.

Las Sumas Voces. La voz que transformó en música escrita la poesía había prometido una noche donde los corazones se reencontrarían consigo mismos. Y no se quedó en promesa vacía.

A las siete y media de la noche, en el patio pactado para el ritual ya no cabía una persona más. En el ecran colgado en un extremo del patio, las imágenes de las portadas narran una historia en silencio: la metamorfosis de una revista cuyos tímidos diseños iniciales contrastan con la solidez que denotan los más recientes.

Mención aparte merecen los gestores de la publicación, quienes no sólo superaron el pesimismo y la mediocridad que en muchos casos truncan las buenas intenciones en nuestro país, sino que con su trabajo han logrado consolidar a Las Sumas Voces como una de las mejores en su género a nivel nacional e incluso internacional.

En cinco años, doce números de exquisita lectura demuestran que la cultura es una fuente inagotable. En sus páginas se registra la voz de reconocidos intelectuales, músicos, cineastas, poetas, locos sublimes y un sinfín de personas cuyo pacto espiritual lo han asumido con la  energía que impulsa la pureza del corazón.

Las Sumas Voces es una revista de arte, erotismo y espíritu que valora lo mejor del Perú y cuyas sus páginas acogen a grandes maestros y a los más sinceros artistas y escritores del Perú y Latinoamérica. Hace poco, la publicación trujillana batió récord de ventas en la última Feria Internacional del Libro de Lima y fue seleccionada para representar a nuestro país en la Feria del Libro de Guadalajara, la más grande de América.

En un desierto editorial, donde cada paso es una pelea a la contra, mantenerse con vida es una proeza.  Y el mérito es mayor cuando se trata de una revista cultural.
 
Róger Neyra, director de la revista, sentado como un indio frente al público, empezó a trasmitir su experiencia en esta travesía. Nada viene de nada. Sin perder su identidad con la ciudad ni con su presente, su pasado y mucho menos con el futuro, la revista es el fruto de una labor más parecida al amor que al trabajo: es la ofrenda sincera de un equipo de jóvenes artistas que aún creen en la fuerza del espíritu.

Y esa luz interior, esa música del corazón que impulsa a emprender empresas casi imposibles fue materializada por los sonidos ancestrales que esparció Tito La Rosa después de las palabras de la socióloga, antropóloga y maestra del espíritu Eda Zavala, que con su rostro iluminado trasmitió su experiencia con comunidades de los indios de Norteamérica ¿Cómo llegó a contactarse con esas comunidades?, le preguntaron. Y ella, sin dudar ningún momento de su identidad, respondió: “porque soy india, y entre indios no hay fronteras”.
 
Con este preludio, el recinto se quedó en silencio por un instante, hasta que el leve ruido de una fuente de agua fue disuelto por la sutileza de los dedos del tecladista Richard Colonia. La noche se abrió como una flor cuando el sonido vital de un pututo retumbó en el recinto.

Como un chamán en pleno éxtasis, La Rosa ejecutó magistralmente los sonidos de nuestros ancestros. El sonido de las flautas de cerámica, las antaras de plumas de cóndor y las vasijas silbadoras Chimú  inundaron de belleza los pechos del público.

Pocos minutos antes de finalizar el concierto, la magia  aconteció de manera increíble: la luna redonda y brillante se mostraba en todo su esplendor, regalándonos una escena que parecía un obsequio de la naturaleza, aquella que ha inspirado siempre a Tito La Rosa, quien tocó después de dos años en la ciudad la música que lo llevó trabajar junto con el famoso músico Kitaro,  para un disco que ganó un Grammy.

Pero la noche no acabó entre las paredes de la casona. El equipo de Las Sumas Voces y algunos invitados estuvieron conectados por el fuego,  la poesía y la música  en un lugar donde fueron recibidos por un hombre ataviado con la parafernalia de un señor ancestral de estas tierras. “Las Pirámides de  los Moche” fue el lugar donde todos llegaron.

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Allí todo el equipo renovó su compromiso con la cultura y el espíritu. Y como dijo en su sentido mensaje enviado desde Oregon el escritor González Viaña:”Cumplir tantos años implica una responsabilidad muy grande. Significa saber hablar con los cerros y con los gigantes que duermen bajo ellos. La mayor responsabilidad es la de tener una voz realmente suma y muy valiente que hable por los nuestros, por nuestro pueblo, por su pasado y por su destino. Hay que cumplir muchos años y hay que recordar que solamente son sumas las voces de los valientes”.
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