Desde Goma (RD Congo) (AFP)

Tras la erupción del Nyiragongo, en la RDC, los expertos al asalto del cráter

Tras un ascenso que finalizó en medio de la niebla, viento, frío y cenizas, vulcanólogos evaluaron el fin de semana la actividad del Nyiragongo, el volcán que amenazó a la ciudad de Goma, en el este de la República Democrática del Congo (RDC) con una sorpresiva erupción el 22 de mayo.

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Vulcanólogos y guardabosques observan al volcán Nyiragongo, en el este de la RDC, el 11 de junio de 2021 - AFP/AFP
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Tras un ascenso que finalizó en medio de la niebla, viento, frío y cenizas, vulcanólogos evaluaron el fin de semana la actividad del Nyiragongo, el volcán que amenazó a la ciudad de Goma, en el este de la República Democrática del Congo (RDC) con una sorpresiva erupción el 22 de mayo.

Después de partir desde el Observatorio Vulcanológico de Goma (OVG), en la madrugada del viernes, cuatro expertos se dirigieron hacia el volcán, ubicado al norte de la ciudad, protegidos por una decena de guardabosques armados, provenientes del Parque Nacional Virunga.

Su misión era "utilizar drones y sistemas de cámaras para evaluar los aludes de tierra e intentar determinar si el cráter se está derrumbando", explicó Christopher Horsley, asistente técnico del OVG.

El ascenso hasta 3.470 metros fue realizado por el mismo sendero que suelen recorrer los turistas, fue cerrado desde la erupción del 22 de mayo.

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Vulcanólogos y guardabosques se dirigen hacia el Nyiragongo, en la RDC, el 11 de junio de 2021 (AFP/AFP)

EL ascenso, que insume unas cinco horas, comenzó con temperatura cálida. Cerca de la cumbre la vegetación ralea, cubierta por una ceniza grisácea.

Los árboles en todo el camino fueron arrancados de raíz por la erupción o por la actividad telúrica, que continuó durante semanad después de que se deslizara el gran flujo de lava, señalan los expertos.

La llegada a la cumbre brinda una vista del cráter, aparentemente cercano a colapsar.

Al caer la noche, pueden verse restos de lava incandescente en el fondo del cráter.

También aparece un resplandor rojo a la distancia, hacia el norte: el segundo volcán del lugar, el Nyamuragira, está activo.

El equipo, que también comprende a siete porteadores y a dos cocineros, debe dormir en pequeñas cabañas para turistas, ubicadas al borde del cráter.

Esta fue la segunda expedición de este tipo desde la erupción del 22 de mayo y sus réplicas, que llevaron a las autoridades a prever el peor de los escenarios (ríos de lava en el lago Kivu y liberación de gases, metano y CO2, letales para los 1,6 millones de habitantes de Goma).

"Antes de la erupción, era penoso porque no disponíamos de los medios económicos suficientes. Veníamos de una manera irregular, o sea, más o menos una vez al mes", comenta Célestin Kasereka Mahinda, director científico del OVG.

El sábado de mañana el descenso por las pendientes de las laderas demora unas tres horas.

Es el retorno a Goma, como decenas de miles de desplazados por el Nyiragono, que vuelven al ruido y caos de la ciudad.





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