Desde El Paso (España) (AFP)
Los científicos, tenaces vigilantes del volcán de La Palma
Cuando Matt Pankhurst supo que el Cumbre Vieja había entrado en erupción, cargó sus aparatos en la furgoneta y se subió a un ferri rumbo a la isla española de La Palma. Como muchos científicos de todo el mundo, sabía que el volcán estaba dando una información muy valiosa y había que analizarla.
18 de diciembre de 2021
El científico australiano Matt Pankhurst posa con un pedazo de lava en un laboratorio próximo a la localidad española de Los Llanos de Aridane, en la isla canaria de La Palma, el 11 de diciembre de 2021 - AFP/AFP
Cuando Matt Pankhurst supo que el Cumbre Vieja había entrado en erupción, cargó sus aparatos en la furgoneta y se subió a un ferri rumbo a la isla española de La Palma. Como muchos científicos de todo el mundo, sabía que el volcán estaba dando una información muy valiosa y había que analizarla.
"Cuántas más observaciones hagamos cerca del momento en que salió el material, más potencial de impacto científico tenemos", explica con pasión este geólogo australiano que trabaja desde hace cuatro años con el Instituto Vulcanológico de Canarias (Involcan).
Pese a que algunos comienzan a sugerir el final de la erupción, el ritmo no baja en este local cedido por las autoridades, a pocos kilómetros de donde se abrió la tierra el 19 de septiembre. Aquí, en este improvisado laboratorio repleto de trozos de oscuras rocas volcánicas etiquetadas, Pankhurst y varios colaboradores han montado una pequeña "litoteca" --o biblioteca de rocas-- para analizar y distribuir la información que traen del terreno.
"Es una gran oportunidad para aprender. Este es, con diferencia, el episodio volcánico más observado que se ha dado en Canarias", indica sobre el interés que ha despertado la primera erupción desde 1971 en esta isla del archipiélago atlántico, de fácil acceso desde Europa.
Equipados con una larga vara metálica --para la lava aún caliente--, o con un martillo --para la fría--, los petrólogos sacan muestras diariamente de las zonas de exclusión, con mucha más información de la que podrán analizar. Por eso, cortan después estas rocas en pequeños trozos y las pasan por una máquina prensadora que las dejará de un tamaño similar a una diapositiva. Así caben en sobres que envían para que las estudien sus colegas internacionales.
"Es un esfuerzo colaborativo", explica Pankhurst sobre una de las experiencias más intensas de su carrera, pero ante todo una "catástrofe" para los habitantes de esta tranquila isla de 83.000 habitantes.
- En guardia -
Las consecuencias de la erupción en La Palma --que no ha dejado víctimas mortales, pero sí 7.000 desalojados y 1.345 viviendas sepultadas bajo la lava-- es lo que más preocupa a María José Blanco, la directora en Canarias del Instituto Geográfico Nacional (IGN).
Sus intervenciones diarias como portavoz del comité científico le han dado un involuntario protagonismo a esta geofísica que en tres meses apenas se ha separado de un volcán que desde la noche del lunes está en un aparente letargo.
"Para poder decir que la erupción definitivamente ha terminado, tenemos que mantener estos parámetros en niveles similares durante al menos 10 días", recuerda desde el mirador de Tajuya, punto clave de observación del volcán para científicos, medios y curiosos.
Justo abajo, en el centro de control del IGN, por donde han pasado unos 70 profesionales durante toda la erupción, siguen sin quitarle ojo a un volcán que, en caso de que se apague, seguirá emitiendo gases y complicando la vida de los palmeros durante mucho tiempo.
"Las administraciones tienen que legislar para poder afrontar de mejor manera las próximas crisis volcánicas, porque la densidad de la población no disminuye, sino que crece", alerta Blanco.
Para ella, que ya ha trabajado en otros dispositivos como la erupción submarina de la isla canaria de El Hierro en 2011, este volcán ha venido a recordar algo muy importante.
"No podemos olvidar y vivir de espaldas a la naturaleza, este es un archipiélago volcánico, las erupciones se han producido en épocas históricas y se van a seguir produciendo".
- "Muy duro" -
Esta ha sido la erupción más larga y destructiva a nivel material de la historia de La Palma, cuyos motores principales, el cultivo platanero y el turismo, han sufrido un duro revés.
"La zona más poblada y más rica económicamente por la agricultura es esta", señala Vicente Soler, vulcanólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
La preocupación de los especialistas se disparó al comprobar que el enjambre sísmico que arrancó el 11 de septiembre --y que precedió a la erupción--, apuntaba al peor lugar posible de la escarpada cordillera de Cumbre Vieja.
"El primer mes fue muy duro, porque se veían arder y derribarse casas cada día", rememora.
En medio de aquella angustia, los chalecos rojos de los científicos que aún toman muestras y medidas por la isla traían algo de luz a los palmeros.
"Me ha producido algo de satisfacción ver que explicar y comunicar el fenómeno puede ayudar, en una pequeñita medida, a la población", admite este vulcanólogo, habitual ahora en los medios.
Su característica melena blanca y su voz rota no pasan desapercibidas y, teléfono en mano, un joven se acerca en el mirador para pedirle una selfi al científico, que accede algo cohibido.
"Gracias por la labor", se despide el chico, mientras el Cumbre Vieja suelta los que podrían ser sus últimos suspiros.



