Desde París (AFP)

Las luciérnagas prefieren aparearse en la oscuridad

A las luciérnagas les gusta brillar en la noche pero les cuesta aparearse cuando la luz artificial es demasiado fuerte, revela un estudio este miércoles que advierte sobre los efectos de la contaminación luminosa en algunos insectos.

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Luciérnagas en la provincia de Guangzhu, en China, en agosto de 2015 - AFP/AFP/Archivos
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A las luciérnagas les gusta brillar en la noche pero les cuesta aparearse cuando la luz artificial es demasiado fuerte, revela un estudio este miércoles que advierte sobre los efectos de la contaminación luminosa en algunos insectos.

El impacto de las lámparas en el comportamiento de numerosos animales nocturnos ha sido ya comprobado. Es el caso de la mariposa nocturna, que confunde la bombilla eléctrica con la Luna, y acaba muriendo de agotamiento.

Dos investigadoras de la universidad de Tufts, en Estados Unidos, midieron directamente los efectos de la luz artificial nocturna en el apareamiento de esos coleópteros bioluminiscentes.

En el mundo existen más de 2.000 especies de luciérnagas, de las cuales algunas se encuentran en declive, según la lista roja de especies amenazadas de la UICN (Unión internacional para la Conservación de la Naturaleza).

La pérdida de hábitats y los pesticidas ya han afectado enormemente a esas especies.

Las especialistas se centraron en la familia de los Photinus, luciérnagas muy presentes en Norteamérica.

Las luciérnagas emiten luz (una reacción química en el abdomen) para buscar pareja. Los machos adultos lanzan flashes, a los que responden las hembras interesadas.

Las científicas utilizaron diminutas bombillas led para imitar las señales luminosas de las hembras al anochecer, en los lindes de un bosque. El resultado fue que 28 de los 29 machos que detectaron esas señales se acercaron a esas "falsas" hembras, explica el estudio publicado en la Royal Society Open Science.

La experiencia fue reproducida en un campo abierto, con 34 parejas de otra especie de Photinus.

El observador apostado con una lámpara lanzaba señales a un macho a la búsqueda de pareja, o dejaba a los insectos aparejarse en la oscuridad.

La luminosidad artificial afectaba significativamente a los insectos víctimas de la trampa.

En laboratorio, las biólogas consiguieron reproducir el experimento, con mediciones precisas.

Con un crepúsculo natural, el 45% de las parejas copulaban con éxito.

Con una luz artificial baja (3 lux), los resultados eran similares. Pero con 30 lux, ninguna de las 20 parejas lograban unirse.




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