Desde Bruselas (AFP)

Intensas negociaciones en Bélgica para desbloquear el CETA

Las discusiones maratonianas entre dirigentes regionales y el Gobierno federal belga continuaban este miércoles para alcanzar una posición común que desbloquee el acuerdo comercial entre la UE y Canadá (CETA), una opción que los europeos consideran "todavía posible" a pocas horas de la firma prevista.

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El presidente de la región de Valonia, Paul Magnette (centro), ante los periodistas al llegar a una reunión de emergencia con entidades regionales y federales belgas para lograr un acuerdo que desbloquee el CETA, en Bruselas el 26 de octubre de 2016 - AFP/AFP
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Las discusiones maratonianas entre dirigentes regionales y el Gobierno federal belga continuaban este miércoles para alcanzar una posición común que desbloquee el acuerdo comercial entre la UE y Canadá (CETA), una opción que los europeos consideran "todavía posible" a pocas horas de la firma prevista.

"Vamos a retomar [las negociaciones] a las 21H00 (19H00 GMT), supongo que para cerrar y enviar los textos a la Unión Europea (UE). Ahora tenemos una sola versión" de los documentos negociados, aseguró el ministro de Exteriores belga, Didier Reynders, que señaló "consultas todavía en curso".

El Gobierno federal belga liderado por el liberal Charles Michel intenta convencer a los gobiernos de la región belga de Valonia, de Bruselas Capital y de la comunidad francoparlante para que digan 'Sí' al CETA y Bélgica pueda así dar su indispensable visto bueno a la UE para la firma del tratado con Canadá.

El jefe del Gobierno regional valón, el socialista Paul Magnette, la cara visible de este rechazo, se mostraba a mediodía escéptico sobre el resultado de las negociaciones, ya que todavía quedaban (pendientes) "asuntos importantes".

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El europarlamentario francés Jean-Luc Melenchon, del Partido de Izquierda y fundador del movimiento La Francia Insumisa, contra el CETA en la Eurocámara este 26 de octubre de 2016, en Estrasburgo (AFP/AFP)

Magnette reiteró de nuevo sus críticas a un mecanismo de arbitraje previsto en el acuerdo para solucionar los conflictos entre los Estados y las multinacionales, que podrían demandarlos si adoptan una política estimada como contraria a sus intereses.

Estas largas negociaciones, a las que están acostumbrados los responsables políticos belgas, se desarrollan en presencia de un representante del Ejecutivo europeo, así como de juristas de los diferentes gobiernos del reino.

Tras siete años de negociaciones, la Unión Europea y Canadá tenían previsto firmar el jueves en la capital belga este tratado comercial que crearía una zona de libre comercio de unos 550 millones de personas, un acto oficial en presencia del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, que Bruselas todavía no canceló.

- Una cumbre 'todavía posible' -

Tras anunciar el viernes el fracaso de las negociaciones directas con los valones, Canadá dejó claro que "la pelota está en el tejado de los europeos".

"En este mismo momento, la cumbre de mañana es todavía posible", reiteró durante la mañana el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ante los eurodiputados reunidos en Estrasburgo.

Tusk, que representa a los 28 países del bloque, dijo estar "impresionado" por el compromiso mostrado por los belgas "estas últimas horas" y expresó su "gratitud" a las autoridades canadienses por su "indulgencia".

Su homólogo del Ejecutivo europeo, Jean-Claude Juncker, deseó por su parte un acuerdo "a lo largo del día". "¿Podremos firmar el acuerdo con Canadá mañana? Todavía no lo podemos decir", agregó.

Los europeos temen que si no llegan a firmar el acuerdo con Canadá, esto tenga consecuencia para "la posición internacional de Europa", en palabras de Tusk.

La imposibilidad para la UE de firmar el acuerdo comercial con Canadá, que prevé la supresión de derechos de aduanas para casi todos los productos, abriría también una nueva crisis en un bloque europeo debilitado desde el 'crash' financiero de 2008.

Además, sembraría dudas sobre el futuro de otros acuerdos comerciales negociados con Estados Unidos (TTIP), Japón o con los países del Mercosur, así como sobre la capacidad de los europeos de negociar con Reino Unido su salida del bloque.

En Bélgica, el rechazo de Valonia, una región de 3,6 millones de habitantes con una industria perjudicada por los efectos de la globalización, tensa aún más sus relaciones con sus vecinos de la región flamenca de Flandes, más rica y partidaria del CETA.





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