Desde Juatuba (Brasil) (AFP)

"Esto no es agua", dicen en Brasil dos meses después del desastre de Brumadinho

El pescador José Geraldo dos Santos usa un largo palo para empujar su bote por el Paraopeba cuidando de no salpicarse porque, dice, el agua espesa y marrón rojizo de ese río del sudeste de Brasil es tóxica.

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El pescador José Geraldo dos Santos usa un largo palo para empujar su bote por el Paraopeba para no salpicarse, porque -dice- el agua espesa y marrón rojizo de ese río del sudeste de Brasil es tóxica - AFP/AFP
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El pescador José Geraldo dos Santos usa un largo palo para empujar su bote por el Paraopeba cuidando de no salpicarse porque, dice, el agua espesa y marrón rojizo de ese río del sudeste de Brasil es tóxica.

José Geraldo, de 67 años, considera que el río está demasiado contaminado para la pesca o incluso para abrevar a sus animales, dos meses después del colapso de una presa de la gigante minera Vale aguas arriba, que generó un tsunami de 13 millones de metros cúbicos de lodo y residuos mineros.

Le han aconsejado incluso que ni siquiera "pise el barro" a orillas del Paraopeba, un afluente del río Sao Francisco, el segundo más largo de Brasil.

"Los investigadores que vinieron aquí dijeron que tomará de ocho a 10 años" recuperar el río, afirma el pescador, que vive a 45 kilómetros de Brumadinho, la localidad de Minas Gerais que quedó parcialmente sepultada por los residuos liberados por la ruptura de la presa el 25 de enero.

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Un bote navega por el río Paraopeba, en Juatuba, en el estado brasileño de Minas Gerais, donde se colocó una membrana para retener el barro, tras el colapso de un dique de la minera Vale dos meses atrás en la cercana Brumadinho (AFP/AFP)

Los equipos de rescate siguen recuperando cuerpos bajo el lodo. El balance actual es de 211 muertos y 95 desaparecidos.

Vale, las agencias gubernamentales y los grupos ambientalistas aún evalúan el impacto de este desastre industrial, uno de los peores de la historia de Brasil, sobre la calidad del agua río abajo. Sus observaciones difieren fuertemente entre ellas.

"Esta agua es tan densa y espesa que no puede llamarse agua", dice Malu Ribeiro, de la Fundación SOS Mata Atlántica, en un video publicado por esa organización no gubernamental para resaltar el daño causado al Paraopeba.

Antes de que la presa se derrumbara, el agua era "clara como el cristal, llena de peces", afirma Ribeiro.

- "Contaminantes graves" -

Esa catástrofe ocurrió apenas tres años después de un accidente similar en el municipio de Mariana, también en Minas Gerais, que en noviembre de 2015 dejó 19 muertos y devastó ecosistemas enteros al recorrer el lecho del río Doce hasta el océano Atlántico, a 660 km de distancia, en la que se considera la peor tragedia ambiental en la historia de Brasil.

En el caso de Brumadinho, Vale ha tratado de contener la contaminación instalando barreras para evitar que el material tóxico llegue al Sao Francisco, cientos de kilómetros río abajo.



Hasta ahora, según la empresa, el análisis de calidad del agua muestra que los niveles de toxicidad cerca de la represa se ubican "por debajo de los límites legales para los residuos mineros" y "no son perjudiciales para la salud".

Y sus técnicos predicen que los lodos de la represa "no llegarán al Sao Francisco", según destacó Vale en un comunicado difundido el viernes.

SOS Mata Atlántica asegura en cambio que sus datos muestran altos niveles de desechos tóxicos en el Paraopeba y que la fuente de esa contaminación es la represa de Brumadinho.

Varias muestras tomadas en los tramos superiores del agua a principios de mes revelan concentraciones de cobre, hierro, manganeso y cromo que exceden los límites máximos permitidos por la ley brasileña.

"Estos son contaminantes graves", dice Romilda Roncatti, de SOS Mata Atlántica.

Pero las autoridades aseguran que los residuos no se han extendido más de un kilómetro río abajo y atribuyen el aumento de la turbidez a las fuertes lluvias.

"Es normal en esta época del año encontrar altos niveles de elementos como hierro o manganeso. Estos dos elementos siempre tienen concentraciones más altas durante las inundaciones", afirma Eduardo Viglio, del Servicio Geológico de Brasil, que se encarga de recopilar datos sobre minerales y recursos hídricos.

Las tomas realizadas por la agencia gubernamental muestran que las lecturas de oxígeno y acidez son "normales", agrega.

José Geraldo dos Santos sostiene que esos datos oficiales no condicen con la realidad que él vive.

El aumento de los niveles de contaminación del Paraopeba lo ha privado de los ingresos que le proporcionaba la pesca.

"Las personas que manejan el tratamiento del agua han dicho que no podemos usarla", subraya. "Este lugar ya no me sirve".

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