Desde Antananarivo (AFP)

El lucrativo comercio de las pociones anticoronavirus en Madagascar

Nirina Ravololona vende jengibre desde hace veinte años en el mercado de Ambodivona, en Madagascar, y se jacta de conocer todas sus virtudes. Por eso, cuando asegura que sus productos son buenos contra el coronavirus, todo el mundo asiente sin rechistar.

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Unas hojas de kininina fotsy ('eucalyptus grandis'), a la que se le atribuye cualidades para fortalecer el sistema inmunológico, a la venta en el mercado Ambodivona de Antananarivo el 26 de marzo de 2020 - AFP/AFP
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Nirina Ravololona vende jengibre desde hace veinte años en el mercado de Ambodivona, en Madagascar, y se jacta de conocer todas sus virtudes. Por eso, cuando asegura que sus productos son buenos contra el coronavirus, todo el mundo asiente sin rechistar.

"Los malgaches tienen la costumbre de recurrir a los remedios de la abuela en cada epidemia, para nosotros es una tradición", explica "la señora" Nirina, de 55 años.

"Hay que tragar productos picantes [?] para protegerse del coronavirus", dice, con tono de voz firme. "La mezcla de jengibre, limón y cebolla en una infusión le dará trabajo al virus".

El domingo por la noche, el presidente, Andry Rajoelina, ordenó el confinamiento de las dos principales ciudades de la Gran Isla, la capital, Antananarivo, y Toamasina (este), para frenar la propagación de la epidemia de COVID-19.

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Nirina Ravololona (c), de 55 años, vende jengibre y limón el 26 de marzo de 2020 en el mercado Ambodivona de Antananarivo (AFP/AFP)

Hasta la fecha se confirmaron oficialmente 19 casos.

Pero, en vista del tráfico en las calles de la capital, la mayor parte de la población está haciendo caso omiso de las consignas, y más teniendo en cuenta que muchos no tienen más opción que ir a trabajar si quieren sobrevivir.

Es más, en lugar de vacíos, los puestos del mercado de Ambodivona presentan estos días una rara efervescencia. Parece que el nuevo coronavirus haya despertado el espíritu empresarial, con vendedores decididos a sacar provecho de esta crisis sanitaria.

Uno de ellos es Olivier Toki Randrianandrianina, un comerciante de 30 años.

"El sábado, después de la declaración del presidente sobre el primer caso de coronavirus, todo el mundo se echó a la calle en busca de limones y jengibre", recuerda el vendedor. "Así que yo también hice un pedido de limones a mis proveedores, para abastecer mi comercio".

- "Enfermedad de occidentales y chinos" -

Y en solo unos días, el precio de los limones se triplicó, hasta 6.000 ariary (1,50 euros) el kilo. El precio del jengibre se multiplicó por diez.

"Si todo el mundo corre a comprar limones, en mi opinión, eso quiere decir que funciona", afirma Gervais Ramiarinjatovo, que acaba de hacer acopio de reservas. "El limón [?] es como un medicamento".

Empresario ante todo, Toky Randrianandrianina admite que a él poco le importa si sus pociones son o no eficaces.

"Eso no me interesa, yo no hago más que vender productos", aclara, sin ambages. "De todas formas, no creo que demasiado en ese coronavirus, es una enfermedad de 'Vazaha' ["occidentales", en malgache] y de chinos".



A unos pasos de su puesto, Gino Andosoa Rasolofonianina, de 28 años, se ha lanzado con ganas a otro nicho de mercado prometedor, el de las plantas "desinfectantes".

Vende hojas de los árboles "ravitsara" (cinnamomum camphora) y "kininina fotsy" (eucalyptus grandis).

"Nuestra tienda de teléfonos ya no funciona desde el coronavirus, así que nos hemos enfocado en los productos más exitosos", dice el joven. "Vimos en Facebook publicaciones que explicaban las virtudes de estas plantas, y pensamos que estaría bien invertir en ellas".

Y con la misma labia con la que antes detallaba el enorme rendimiento de sus teléfonos último modelo, ahora proclama la receta de sus hierbas mágicas.

- Prescripción presidencial -

"Hervimos agua, agregamos cinco hojas de 'ravitsara' y otras tantas de 'kininina fotsy', luego expandimos el vapor que suelta la mezcla por la casa y bebemos el agua como si fuera un té", detalla el comerciante.

"No se trata de un remedio contra el coronavirus", matiza, "si no de una protección como producto antiséptico".

En su último discurso, el presidente Rajoelina le hizo el juego al pequeño comercio con una prescripción de cosecha propia.

"Utilizaremos todos los medios para reforzar los anticuerpos de las personas portadoras del coronavirus", dijo. "Haremos que inhalen vapores de aceite esencial de 'ravitsara'. También les daremos alimentos de alto valor calórico [?] Y todo ello, con medicamentos".

No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha manifestados sus reservas ante los remedios locales.

"El nuevo coronavirus no es una gripe [?] Las antiguas astucias de la abuela deben cuestionarse", declaró la representante local de la OMS, Charlotte Faty Ndiaye. "Ningún estudio científico ha demostrado la eficacia de ninguna planta medicinal de Madagascar".

Pero a la señora Nirina esto parece traerle sin cuidado.

"Puesto que no hay remedio para esta epidemia, los malgaches piensan que no tienen nada que perder probando estos remedios", considera. "En el peor de los casos, pierden dinero; en el mejor, se inmunizan contra el virus".

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