Desde Rybnik (Polonia) (AFP)

El carbón sigue siendo el gran causante del esmog en Polonia

Un humo amarillento, gris o negro surge de las chimeneas de Rybnik y, con él, partículas finas que asfixian a los habitantes de esta ciudad minera, una de las más contaminadas de Polonia y de la Unión Europea (UE).

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Un agente municipal encargado de controlar a los residentes que queman desechos altamente contaminantes visita la vivienda de Ewa Kempny (D) en Rybnik, en el sur de Polonia, el 15 de marzo de 2019 - AFP/AFP
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Un humo amarillento, gris o negro surge de las chimeneas de Rybnik y, con él, partículas finas que asfixian a los habitantes de esta ciudad minera, una de las más contaminadas de Polonia y de la Unión Europea (UE).

Ya es primavera, pero las temperaturas aún son invernales y Ewa Kempny carga con carbón su vieja estufa para calentar su casa.

"¿Con qué quieren que nos calentemos? El carbón es el combustible más barato", dice esta madre de familia en la cuarentena cuando la policía municipal realiza un control en su vivienda, tras el aviso de otro habitante.

"Comprobamos que no se quemen desperdicios. La gente, sea rica o pobre, quema paneles de fibras, embalajes de Tetra Pak o botellas de plástico", explica la funcionaria Katarzyna Klosok mientras verifica las cenizas y restos de carbón.

"El día que tengamos salarios como en los países del oeste de la UE nos calentaremos con gas", asegura Jan Kilian, un minero jubilado que vive en otra casa controlada.

"La madera que no se secó bien también provoca esmog", añade Klosok. En cada control explica que, para 2021, habrá que cambiar la estufa. "La instalación de estufas de quinta y última categoría apenas está prohibida desde 2018".

"Por desgracia, el carbón, el principal responsable del esmog, no está prohibido", lamenta Oliwer Palarz, padre de dos niños y activista de la oenegé Alarm smogowy.

Polonia produce 90% de su energía con carbón y no prevé abandonarlo a corto plazo. En Belk, localidad vecina de Rybnik, en un mes de invierno se queman 25 toneladas de carbón fino para calentar un conjunto de seis inmuebles.

"En invierno, el esmog me deja encerrado en casa. No puedo hacer deporte en el exterior, ni correr, ni ir en bicicleta pero, sobre todo, no puedo salir a pasear con mis hijos", dice Palarz.

Sus temores están justificados, pues el esmog, esa mezcla entre humo y partículas suspendidas, provoca 50.000 muertes al año en este país de 38 millones de habitantes.

- Señal roja -

Como la ciudad está situada en una depresión natural, solo un viento fuerte del sur puede airearla, pero es algo infrecuente.

"Los días como hoy se pueden contar con los dedos de una mano en invierno", dice Jacek Szczepanski, responsable del centro municipal de gestión de crisis, que vigila la contaminación.

"Hoy a las 7 de la mañana el nivel de partículas finas PM10 era de 40 mg/m3, cuando lo normal es de 50 mg/m3. Los niños podrán jugar en el patio", celebra.

En la entrada de la escuela primaria nº8, una señal verde sonriente informa a los niños sobre la calidad del aire. "Los niños saben que una señal roja les prohíbe salir, el naranja y el amarillo desaconsejan las salidas, especialmente a los pequeños asmáticos", explica una asistente.

En general, la gente regresa a casa del trabajo hacia las 15H y enciende la calefacción, y ahí se alcanzan los picos. El 4 de marzo, a la 1 de la mañana, el nivel de partículas finas PM10 era de 735 mg/m3, el más alto del mes.

En Rybnik, el techo anual de 35 días de contaminación del aire fijado por la UE se superó ya el 20 de febrero. De media, el umbral de 50 mg/m3 se supera entre 120 y 130 días al año, es decir, todo el invierno.

- Diésel -

Cansado por la inacción de las autoridades, Palarz fue la primera persona que denunció al estado polaco por atentado contra los derechos de la persona humana, al considerar que debía garantizarle la posibilidad de vivir en un entorno sano.

En primera instancia, una jueza consideró que nada lo retenía en Rybnik y que "podía mudarse".

"Entonces toda la ciudad tendría que mudarse", dice Palarz, a la espera de un juicio en apelación y quien confía en despertar consciencias.

En Varsovia, una actriz siguió su ejemplo y ganó su juicio contra el Estado, algo inédito en Polonia.

En la capital y en otras grandes ciudades de Polonia, los principales causantes del esmog son los vehículos con motores diésel.

Polonia se convierte en un santuario de los diésel, prohibidos en numerosas ciudades alemanas. Del millón de vehículos de ocasión importados en 2018, la mitad eran diésel.




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