Don José de San Martín

José de San Martín fue un militar argentino cuyas campañas fueron decisivas para las independencias de Argentina, Chile y el Perú.


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Jose de San Martin


José Francisco de San Martín y Matorras, nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú (Misiones), una ex localidad de la Gobernación de las Misiones Guaraníes del Virreinato del Río de la Plata, en la actual provincia de Corrientes.

Fue hijo de don Juan de San Martín y Gómez, ciudadano español que sirvió a la Corona y que fue el primer gobernador de las Misiones Guaraníes. Su madre fue Gregoria Matorras del Ser, española también y sobrina de un gobernador de la provincia colonial de Tucumán y conquistador del Chaco.

Cuando José de San Martín tenía tres años, se trasladó junto a su familia de Yapeyú a Buenos Aires. Posteriormente, se mudaron a España, embarcando rumbo a Cádiz en 1783. San Martín comenzó sus estudios en el Real Seminario de Nobles de Madrid y en la Escuela de Temporalidades de Málaga, donde aprendió castellano, latín, francés, alemán, baile, dibujo, poética, matemática, historia y geografía.

Carrera Militar

A los once años de edad, en 1789. José de San Martín comenzó su carrera militar en el regimiento de Murcia, mientras estallaba la Revolución Francesa. Luchó en el norte de África, combatiendo a los moros. En 1797 fue ascendido a subteniente. En agosto de ese año su regimiento, que había participado en las batallas navales contra la flota inglesa en el Mediterráneo, se rindió.

Durante el período que sigue luchó con el grado de capitán 2.º de infantería ligera en diferentes acciones, en la guerra de las Naranjas contra Portugal (1802) y en Gibraltar y Cádiz contra los ingleses (1804).

En 1808 las tropas de Napoleón invadieron la Península y el rey Fernando VII fue hecho prisionero. pero poco después se inició la rebelión contra el emperador y contra su hermano José Bonaparte, quien había sido proclamado Rey de España-

Se estableció una Junta Central de Gobierno, que actuó primero en Sevilla y luego en Cádiz. San Martín fue ascendido por la Junta al cargo de ayudante 1.º del regimiento de Voluntarios de Campo Mayor.

En mérito a sus acciones contra los franceses, José de San Martín fue ascendido a capitán del regimiento de Borbón. Su actuación principal fue en la victoria de la batalla de Bailén, que se llevó a cabo el 18 de julio de 1808 contando con el aporte del general Coupigny como ayudante.

Esta victoria fue la primera derrota importante de las tropas de Napoleón, y permitió al ejército de Andalucía recuperar Madrid. En premio por su actuación, San Martín recibió el grado de teniente coronel y una condecoración con una medalla de oro.

Continuó luchando contra los franceses en el ejército de los aliados: España, Portugal e Inglaterra. En la batalla de Albuera combatió a las órdenes del general William Carr Beresford (el mismo que dos años antes había invadido Buenos Aires).

Durante esas campañas, conoció a Lord Macduff, un escoces que introdujo a San Martín a las logias secretas que conspiraban en pro de la independencia del Perú. Hizo contacto con algunos círculos de liberales que veían con buenos ojos la independencia americana.

En 1811, San Martín, renunció a la vida militar en España y por intermedio de Lord Macduff, obtuvo un pasaporte para poder viajar a Inglaterra. En suelo inglés se encontró con compatriotas de América española como Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola, Andrés Bello y Tomás Guido.

Según algunos historiadores, aquellos formaban parte de la Gran Reunión Americana, sociedad de presuntas filiaciones masónicas, fundada por Francisco de Miranda quien, junto con Simón Bolívar, ya luchaba en América por la independencia de Venezuela.

En enero de 1812 San Martín se embarcó hacia Buenos Aires en la fragata inglesa George Canning. Fue recibido por los miembros del Primer Triunvirato, quienes le reconocieron su grado de teniente coronel. El 16 de marzo le pidieron que creara un cuerpo de caballería, que llamó Regimiento de Granaderos a Caballo, para custodiar las costas del río Paraná. Durante el año 1812 se ocupó de instruir a la tropa en las modernas técnicas de combate que conocía por su extensa actuación europea contra los ejércitos de Napoleón.

En octubre de 1812, cuando llegó a Buenos Aires, la noticia de la victoria del Ejército del Norte en la batalla de Tucumán, comandado por Manuel Belgrano, San Marín dirigió un movimiento con el objetivo de derrocar al gobierno, al que juzgaban como poco decidido por la independencia.

El 12 de noviembre de 1812, a los 34 años, contrajo matrimonio con María de los Remedios de Escalada, de 14 años, a pesar de la oposición de la familia de ésta, quien lo consideraba un «soldadote». (En esos primeros años en Buenos Aires, la elite porteña también lo apodaba «el tape» [‘indio guaraní’], «el indio», «el paraguayo», «el cholo» [indio coya] y «el mulato»).

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Independencia de Chile

Las fuerzas de Las Heras, de O'Higgins y de Soler, se reunieron el 8 de febrero de 1812 en el Campamento de Curimón. Ante el avance del ejército realista hacia Chacabuco, San Martín ordenó el avance y el 12 de febrero se libró la 'Batalla de Chacabuco'. con victoria para el Ejército de Los Andrés sobre los realistas. La batalla dejó un saldo de 500 muertos y 600 prisioneros mientras que los patriotas lamentaron solo 12 bajas.

El gobernador Casimiro Marcó del Pont huyó hacia el sur, pero fue capturado por el capitán José Félix Aldao, de larga trayectoria posterior.

El 18 de febrero se convocó a un Cabildo Abierto que propuso a San Martín como Director Supremo de la naciente república, pero éste rechazó el ofrecimiento para evitar sospechas sobre un posible avasallamiento de la Provincias Unidas del Río de la Plata sobre la autonomía de Chile. Dos días después el cabildo nombra finalmente a O’Higgins como director supremo, designación que San Martín avaló.

Días después, San Martín ordenó a Las Heras que persiguiera a los realistas hasta Concepción, pero éste no pudo impedir que se atrincheraran en Talcahuano. O’Higgins intentó capturar esa fortaleza, pero fue completamente vencido. Y para peor, pronto llegaron refuerzos desde Perú para los realistas, al mando del ex gobernador Mariano Osorio.

Mientras tanto, San Martín viajó a Buenos Aires, a pedir más colaboración a Pueyrredón, que debería también formar una escuadra. A su regreso ordenó a sus hombres replegarse hacia el norte, reuniendo unos 8.000 hombres en las afueras de Talca. Allí se produjo el 19 de marzo de 1818 la sorpresa de Cancha Rayada, donde el ejército unido bajo las órdenes de San Martín fue derrotado cuando realizaba una maniobra nocturna para evitar un inminente ataque. En la oscuridad se generó una gran confusión, ya que tanto realistas como patriotas equivocaron sus posiciones, aquellos por desconocer el traslado de tropas ordenado por San Martín, y éstos por no haberlo completado. Los españoles perdieron 300 hombres, pero quedaron dueños del campo y capturaron el parque, fusiles y 26 cañones (lo que levantó mucho la moral de sus tropas). Los patriotas tuvieron 120 bajas, pero la división a cargo de Las Heras emprendió una retirada ordenada sustrayéndose a la lucha. Así se pudo encolumnar y salvar sus efectivos y su parque de artillería.

La desmoralización hizo su esperado efecto en Santiago, y muchos patriotas escribieron a Osorio pidiendo clemencia, mientras otros huían (entre ellos Bernardo de Monteagudo). Pero San Martín no se dio por vencido, y pronto estaba listo para luchar nuevamente, especialmente gracias a fray Luis Beltrán, que en pocos días fabricó decenas de miles de balas. San Martín esperó a Osorio en los llanos del río Maipo.

El 5 de abril se vuelven a enfrentar en la batalla de Maipú. Esta batalla se desarrolló en tres etapas. Primero, San Martín decidió desplazar a las fuerzas patriotas linealmente, para atacar a los realistas alineados en la parte alta de una lomada. Formaron un triángulo para atacar con la caballería, la artillería y la caballería chilena y patriota por el sur. Osorio impulsó sus fuerzas por la derecha, pero la izquierda cedió por completo. El ejército realista debió retroceder en desorden, los granaderos persiguieron al galope a las últimas fracciones que se retiraban. El adversario dejaba en el campo de batalla 2.000 cadáveres, cerca de 2.500 prisioneros, todo su armamento y material de guerra. El general O’Higgins, herido durante la batalla, se acercó sin embargo montado en su caballo para abrazar a San Martín. Muchos han relatado esta escena con honda emoción. La victoria de Maipú pasa a la historia como una gran batalla a partir de una maniobra extraordinaria. El parte de la victoria dice así: «Acabamos de ganar completamente la acción. Nuestra caballería los persigue hasta concluirlos. La patria es libre, abril de 1818. San Martín».

El gobierno de Chile lo premia con una vajilla de plata y 6.000 pesos, pero San Martín rechazó ambos regalos diciendo: «No estamos en tiempos para tanto lujo.

Con la batalla de Maipú se obtiene definitivamente la victoria sobre las tropas realistas asegurando finalmente la independencia de Chile.

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Independencia y Protectorado del Perú

El 8 de setiembre de 1820, San Martín y su ejército desembarcaron en el puerto de Pisco, haciendo retroceder al ejército realista, que tuvo que replegarse hacia la Sierra.

El virrey Pezuela, jefe de los realistas, trato de plantear una salida diplomática al conflicto, que finalmente no llegó a ningún acuerdo aceptable para San Martín, quien envió una división al mando del general Juan Antonio Álvarez de Arenales hacia Lima, para propiciar la insurrección de las poblaciones a lo largo de su trayecto. San Martín siguió con la flota y en noviembre desembarcó en Huacho para fortificar su posición e iniciar la estrategia para entrar definitivamente a Lima.

El 29 de enero de 1821, el virrey Pezuela fue derrocado y sustituido por el general José de la Serna, quien propuso a San Martín nuevas negociaciones diplomáticas, que fracasan debido a la propuesta del general que era la independencia del Perú. El sitio de Lima se prolongó por algunos meses y en el mes de marzo arribó al Perú el capitán Manuel Abreu, enviado por el rey de España como emisario pacificador, sin ninguna consecuencia favorable para los independentistas. San Martín decide iniciar una nueva estrategia y envía dos ejércitos, uno al mando del general Guillermo Miller, para desembarcar en las costas del sur y otra al mando del general Arenales, hacia la sierra.

San Martín dejó Huacho y desembarcó en Ancón, estrechando el cerco a Lima. Realizó nuevas negociaciones con el virrey La Serna, pero fracasaron. El alzamiento del regimiento realista Numancia -integrado por venezolanos- a favor de la independencia, le abre las puertas de Lima a San Martín, obligando a La Serna a abandonar la ciudad el 5 de julio, internándose en la sierra.

San Martín ocupó Lima y se reunió a Cabildo Abierto el 15 de Julio. El día 28, declaró la independencia en Huaura y fue nombrado Protector del Perú con autoridad civil y militar, siendo promotor de la fundación de la Biblioteca Nacional del Perú, a la cual donó su colección personal de libros. Gobernó el Perú desde el 3 de agosto de 1821 al 20 de setiembre de 1822.

Durante su protectorado recibe una carta del general Antonio José de Sucre, lugarteniente de Simón Bolívar, para la campaña en Ecuador en el que reclama al batallón Numancia, unidad formada en Venezuela en 1813 y enviada al Perú en 1816 por Pablo Morillo, compuesta de venezolanos y neogranadinos que deseaban volver a Colombia. San Martín se niega a perder la excelente unidad y en su lugar envía la división de Andrés de Santa Cruz, en su mayoría compuesta por tropas inexpertas, que participan en las batallas de Riobamba y Pichincha. Entre los días 26 y 27 de julio de 1822 se realiza la Entrevista de Guayaquil, donde se reúne con Bolívar, teniendo como tema principal la liberación del Perú, principal baluarte realista en Sudamérica, cediendo a éste la iniciativa y conducción de la campaña libertadora. Poco después decide retirarse de todos los cargos y volver a su país.

Su retiro

Regresó a Argentina en enero de 1823 y se instaló en Mendoza. Pidió trasladarse a Buenos Aires para reencontrarse con su esposa que estaba enferma. Bernardino Rivadavia, ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, se lo negó argumentando que no sería seguro para San Martín volver a la ciudad. Su apoyo a los caudillos del Interior y la desobediencia a una orden que había recibido del gobierno de reprimir a los federales, le valió que los unitarios quisieran someterlo a juicio.

No obstante, como la salud de su esposa empeoraba, decidió viajar a Buenos Aires, donde a su llegada ya ella había fallecido, el 3 de agosto de 1823. La lápida de su sepultura, que aún puede leerse en el Cementerio de la Recoleta, reza: «Aquí yace Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín».

Cuando llegó a Buenos Aires, San Martín fue acusado de haberse convertido en un conspirador, hecho que lo marcó y lo hizo decidir por marcharse del país al lado de su hija. El 10 de febrero de 1824, partió hacia El Havre (Francia) con las denominaciones de generalísimo del Perú, capitán general de la República de Chile y general de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Al estar instalado en París, redactó en 1825 las Máximas para Merceditas, donde sintetizaba sus ideales educativos, pues su única obsesión era la educación de su hija Mercedes.  

En marzo de 1829 intentó regresar a Buenos Aires, aunque no llegó a desembarcar: al saber que había vuelto a estallar la guerra civil, permaneció a bordo de incógnito, aunque fue descubierto. El general Juan Lavalle, antiguo subordinado suyo, había derrocado y fusilado al gobernador Manuel Dorrego, pero ante la imposibilidad de vencer en la contienda, le ofreció la gobernación de la provincia de Buenos Aires. San Martín juzgó que la situación a que había llevado el enfrentamiento sólo se resolvería por la destrucción de uno de los dos partidos. Entonces respondió a Lavalle que «el general San Martín jamás desenvainará su espada para combatir a sus paisanos». Luego se trasladó a Montevideo, donde permaneció tres meses, para finalmente volver a Europa.

Durante los años en que duró su exilio, San Martín mantuvo contacto con sus amigos en Buenos Aires, tratando de interiorizarse de lo que sucedía en su país. En 1831 se radicó en Francia, en una finca de campo cercana a París. Por esos años tiene lugar su afortunado encuentro con su ex compañero de armas, Alejandro Aguado, marqués de las Marismas, quien, convertido en un exitoso banquero, designó a San Martín tutor de sus menores hijos, con una generosa paga. Tres años más tarde y gracias al dinero ahorrado trabajando con su amigo y a la venta de las fincas con que lo habían premiado el gobierno de Mendoza y el de Perú, San Martín se mudó a una casa que compró en Grand Bourg.

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Testamento y Muerte

Fechó su testamento ológrafo en París el 23 de enero de 1844, dejando como única heredera a su hija Mercedes de San Martín, casada con Mariano Balcarce (quien se desempeñaba como embajador argentino en París). Entre sus cláusulas establecía:

  • Que Mercedes otorgue a su tía María Elena una pensión hasta su fallecimiento.
  • Que a la muerte de María Elena le otorgue una pensión a la hija de ésta, Petronila.
  • Que su sable corvo favorito, el de Chacabuco y Maipú, fuera entregado al gobernador porteño Juan Manuel de Rosas, «como una prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla».
  • Prohibió la realización de funerales y de acompañamientos hasta el cementerio, «pero sí desearía que mi corazón fuese sepultado en Buenos Aires».
  • Declaraba como su primer título el de generalísimo del Ejército del Perú.

En marzo de 1848, al estallar la revolución de ese año en París, se traslada a la ciudad costera de Boulogne-sur-Mer, estableciéndose en una habitación alquilada. Allí falleció a la edad de 72 años, a las tres de la tarde del 17 de agosto de 1850, en compañía de su hija Mercedes y de su yerno. Según cuenta la leyenda, el reloj de la casa dejó de funcionar a esa hora y aún sigue marcando las 3 en punto.

En 1861 sus restos fueron trasladados a la bóveda de la familia González Balcarce, ubicada en el cementerio de Brunoy (Francia).

Posteriormente hubo varios intentos de repatriarlos. Durante la presidencia de Nicolás Avellaneda se creó la «Comisión encargada de la repatriación de los restos del Libertador», hecho que finalmente se produjo el 28 de mayo de 1880.

Reconocido como libertador de tres naciones, los americanos recuerdan de él, lo que está escrito en su tumba: «Triunfó en San Lorenzo, afirmó la Independencia Argentina, pasó los Andes, llevó su bandera emancipadora a Chile, al Perú y al Ecuador».





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