Leoncio Prado

Leoncio Prado fue un militar peruano que participó en las guerras contra España y Chile, así como en el proceso de independencia tanto de Cuba como de Filipinas.


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Leoncio Prado


Leoncio Prado Gutierrez nació en la ciudad de Huánuco el 24 de agosto de 1853. Fue hijo del General Mariano Ignacio Prado, presidente del Perú en dos ocasiones, y de María Avelina Gutierrez.

Ingreso al Colegio Guadalupe de Lima a la edad de 9 años. A los 12, Leoncio Prado era ya cabo en el Regimiento de Lanceros de la Unión. Un año después, dejó el Colegio Guadalupe para combatir contra los españoles en la escuadra que navegó al sur de Chile y participó en el combate de Abtao.

Desde niño, Leoncio Prado mostró predilección por las armas, le fascinaban los ejercicios militares, las paradas y la vida del Regimiento de la Unión, del cual era jefe su padre Mariano Ignacio. Terminó rogando a su padre que le permitiera el ingreso en la vida militar. Por aquellos tiempos era común que en los diferentes cuerpos del Ejército hubieran niños incorporados, tuvieran la extracción que fuera: ya fuera un niño huérfano que encontraba en los cuarteles el “hogar” o niños mimados o hijos de militares que se mostraban orgulloso de que el hijo continuara la tradición familiar.

A los 13 años, Leoncio Prado se incorporó como guardiamarina de la fragata Apúrimac. El nuevo gobierno de su padre Mariano Ignacio, dispuso en 1866 la salida de la escuadra Apurimac al mando del capitán de navío AP Manuel Villar hacia el sur para reunirse con la flota chilena, país que también estaba en guerra con España. Las fuerzas peruanas se componían de las fragatas Apurímac y Amazonas y las corbetas Unión y América. En Chiloé se reunieron con las navez chilenas Covadonga y Esmeralda, aunque la Amazonas no pudo llegar a su destino al naufragar en los canales chilotes. La flota aliada queda anclada en el apostadero de la isla Abtao al mando del contralmirante chileno Juan Williams Rebolledo. Días después de asumir el mando, Williams parte hacia Ancud con la Esmeralda y deja el mando de la escuadra aliada al capitán de navío peruano Manuel Villar.

Las duras condiciones de vida de alta mar, mermaron el estado de salud del joven Leoncio y tuvo que ser desembarcado en Lima para su cura. Ya restablecido, ingresó a la Escuela Militar de Espíritu Santo como cadete militar. Estando ahí, recibió el grado de subteniente.

Ante la inminencia del combate del Callao, Leoncio Prado se embarcó en una lanca que lo lleva a una de las naves de la escuadra peruana al mando del capitán de navío AP Lizardo Montero Flores. Se traba el combate, la escuadra española bombardea el Callao, las baterías de tierra responden. Una granada española vuela la Torre de La Merced, en donde se encontraba el Ministro de Guerra, coronel José Gálvez, matándolo. Tras seis horas de combate, Casto Méndez Núñez, Jefe de la Escuadra española, ordena dar por concluida la acción.

En 1868, tras ser enviado por su padre a Estados Unidos para que culmine sus estudios, Leoncio Prado decide marchar a Cuba, decidido a cooperar en su lucha por la independencia acompañado de sus hermanos paternos Justo y Grocio. Diseño un proyecto audaz que consistió en la captura de buques españoles y volverlos contra ellos mismos después de haber hecho prisionera a su tripulación.

Tras participar en la independencia de Cuba, Leoncio Prado emprendió viaje hacia Filipinas, ya que según su criterio, la independencia de las Filipinas, haría más fácil el triunfo de la revolución emancipadora en Cuba. Con el apoyo de patriotas cubanos la expedición quedó lista. La empresa fracasó, pues la embarcación que conducía a los expedicionarios, zozobró, en un terrible temporal, frente a las costas de China. Salvado del naufragio, recorre Europa, ocultando su nombre, porque ya por esa época se le perseguía sin piedad, sobre todo España, por sus ideas libertarias.

De Europa se traslada a Estados Unidos, en enero de 1878. Nuevamente prepara otra expedición para la independencia de las Filipinas, cuando se entera del posible conflicto entre Perú y Chile. En 1879, ante la grave situación planteada por Chile, Leoncio Prado, decide retornar al Perú.

Leoncio Prado

Al llegar al Perú, el gobierno lo comisiona a Estados Unidos para la compra de armamento. El 9 de agosto de 1879, regresa al país y el día 15 se embarca hacia Arica. junto a su padre Mariano Ignacio Prado.  El gobierno le asigna la organización de un cuerpo de torpederas que debía actuar en la Isla del Alacrán del puerto de Arica.

Se unió a la 'Campaña de la Breña' liderada por Andrés Avelino Cáceres,  participando en la defensa de Huamachuco el 10 de febrero de 1883.

La "Campaña de la Breña" fue una guerra de desgaste llevada a cabo en la sierra peruana por fuerzas irregulares, compuestas por campesinos indígenas y montoneros pobremente armados, pero muy valientes y decididos, que tuvieron a su cargo importantes acciones militares que se prolongaron de abril de 1881 hasta septiembre de 1883.

El 10 de julio de 1883, la batalla de Huamachuco comienza favoreciendo a las fuerzas peruanas, sin embargo, pronto se acaban las municiones y los breñeros sufren su peor derrota.

Los peruanos perdieron en la lucha más de la mitad de sus efectivos, incluidos la mayoría de sus jefes y oficiales. Algunas fuentes calculan en mil los muertos y heridos.

El General Cáceres logra huir y continuó la lucha de la resistencia peruana, pero el Coronel Leoncio Prado, herido gravemente en la pierna, fue capturado pocos días después.

El Coronel chileno Alejandro Gorostiaga empañó el triunfo obtenido limpiamente por sus soldados en combate y ordenó la ejecución de los prisioneros, incluso los heridos. Según sus argumentos, los miembros de la resistencia peruana, que combatieron en Huamachuco, no eran militares sino "guerrilleros" que no merecían el tratamiento otorgado a combatientes regulares.

En su cautiverio, Leoncio Prado cosechó simpatías entre los componentes del ejército enemigo y comentó la buena puntería de los cañones chilenos a la vez que alabó el valor de sus soldados.

Pidió un lápiz y escribió la siguiente carta:

"Huamachuco, julio 15 de 1883. Señor Mariano Ignacio Prado. Colombia. Queridísmo padre: Estoy herido y prisionero; hoy a las .... (¿qué hora es? preguntó. Las 8.25 contestó Fuenzalida) a las 8:30 debo ser fusilado por el delito de haber defendido a mi patria. Lo saluda su hijo que no lo olvida Leoncio Prado".

Antes de su ejecución, Leoncio Prado solicitó tomar una taza de café.

Enseguida, cuando entraron dos soldados pidió que fuera aumentado su número para que dos le tirasen a la cabeza y dos al corazón. Al ser cumplido este pedido dio breves instrucciones a la tropa sobre la trayectoria de sus disparos y agregó que podían hacer fuego cuando hiciera una señal con la cuchara y pegase tres golpes en el cachuchito de lata en el que había estado comiendo.

Se despidió enseguida de los oficiales chilenos, los abrazó, les dijo: "Adiós compañeros". La habitación era pequeña. Al frente y al pie de la cama se colocaron los cuatro tiradores y detrás de ellos se pusieron los tres oficiales allí presentes. El Coronel Leoncio Prado cumplió con dar las órdenes para la descarga.

Se mandó fusilar al militar que había ganado el corazón de sus enemigos, dicen que los integrantes el pelotón de ajusticiamiento dispararon sus armas con los ojos nublados por la lágrimas. La muerte de Leoncio Prado se valoró como la de un héroe.





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