Desde Montreal (AFP)

Sociedad civil quiere hacerse escuchar en la reunión sobre biodiversidad de la COP15

Protestas, debates públicos y proyecciones de películas: esta es la otra cara de la cumbre COP15, en la que las oenegés se movilizan para crear conciencia sobre la necesidad de proteger la biodiversidad y presionar para que se alcance un gran acuerdo.

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Manifestantes reunidos en los pasillos de la cumbre COP15 en su primer día para exigir medidas enérgicas para proteger la biodiversidad mundial - AFP/AFP
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Protestas, debates públicos y proyecciones de películas: esta es la otra cara de la cumbre COP15, en la que las oenegés se movilizan para crear conciencia sobre la necesidad de proteger la biodiversidad y presionar para que se alcance un gran acuerdo.

Para coordinar y amplificar sus voces, más de un centenar de organizaciones se unieron recientemente para crear el "Colectivo COP15" de cara a la conferencia que se celebra del 7 al 19 de diciembre en Montreal.

"Ya no es sólo una cuestión de ecologistas. Todo el mundo está alrededor de la mesa, todo el mundo quiere hacer algo y es súper alentador", declaró a la AFP Anne-Celine Guyon, portavoz del grupo, calificando este momento de "histórico" para la provincia canadiense de Quebec.

Y han prometido hacerse oír: dentro del centro de convenciones donde se reúnen los delegados, participando en el proceso de negociación y marchando por las calles.

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La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad COP15 se celebra en Montreal del 7 al 19 de diciembre (AFP/AFP)

Están programados unos sesenta actos en torno a la conferencia de Montreal, como reuniones abiertas a todos, talleres humorísticos y artísticos o una proyección mural inmersiva sobre el impacto de las perforaciones petrolíferas en las ballenas.

El evento más importante probablemente será una "gran marcha por los vivos" prevista en el centro de la ciudad el 10 de diciembre.

Los organizadores esperan miles de asistentes, pero reconocen que serán muchos menos que el medio millón de manifestantes que marcharon con la activista por el clima Greta Thunberg en septiembre de 2019.

- "Impulso político" -

Después de que la pandemia interrumpiera las reuniones estudiantiles en los dos últimos años, la COP15 será "una reunión importante para reconectar, para renovar relaciones", dice Albert Lalonde, de 20 años, gestor de proyectos de la Fundación David Suzuki.

Aunque, debido a los exámenes, es posible que los estudiantes -normalmente en primera línea de las protestas por el clima- no estén tan presentes en la COP15, añade Lalonde.

A pesar de que ningún dirigente gubernamental tiene previsto asistir, salvo el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, todos esperan que la cumbre COP15 logre "un impulso político similar al acuerdo de París" con la adopción de un "ambicioso marco global", afirma Eddy Pérez, otro portavoz del colectivo.

Una reciente encuesta de Greenpeace mostraba que, en Canadá, ocho de cada diez personas creen que el gobierno debería dar el ejemplo asumiendo compromisos firmes para proteger la naturaleza.

"La gente está captando el mensaje de que esto es importante, de que estamos atravesando una crisis, de que hay miles de especies que están en peligro en nuestro planeta", considera Marie-Josee Beliveau, de la oficina canadiense de Greenpeace.

Esperanzada ante esta "reunión crucial", dijo que los negociadores deben saber que "una sociedad civil muy movilizada" sigue de cerca las conversaciones.

Hay "mucho interés, de repente, por las cuestiones de protección de la biodiversidad, probablemente como nunca lo habíamos sentido", sugiere Anne-Sophie Dore, abogada y conferenciante especializada en medio ambiente, añadiendo no obstante que queda una labor educativa pendiente.

La población indígena de Canadá, como la de otros lugares, lleva mucho tiempo reclamando que se preste más atención al medio ambiente vivo. Según los expertos en clima de la ONU, sus tierras tradicionales albergan el 80% de la biodiversidad que queda en la Tierra.

"En tiempos inmemoriales, el caribú nos salvó", explica Jerome Bacon St-Onge, miembro del pueblo innu, en el extremo norte de Canadá, recordando como este reno era una "especie sagrada" para el modo de vida indígena, preciosa sobre todo por su carne y su piel.

"El hecho de que se esté consumiendo nos causa un daño muy, muy fuerte en términos de identidad cultural", afirma, advirtiendo que "el tiempo se acaba" para actuar.




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