Desde Tefé (Brasil) (AFP)

Proyecto Providence, un "Gran Hermano" de la biodiversidad en la Amazonía brasileña

Con ayuda de comunidades locales, el científico francés Michel André, especialista en bioacústica, instaló en una reserva ambiental de la Amazonía brasileña receptores ultrasensibles para vigilar en tiempo real la preservación de la biodiversidad.

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Una pereza en la reserva Mamirauá, en el estado de Amazonas, Brasil, el 24 de abril de 2019 - AFP/AFP
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Con ayuda de comunidades locales, el científico francés Michel André, especialista en bioacústica, instaló en una reserva ambiental de la Amazonía brasileña receptores ultrasensibles para vigilar en tiempo real la preservación de la biodiversidad.

"Quiero ayudar a que el resto del mundo entienda la urgencia de proteger la selva amazónica y apoyar acciones de conservación", dijo a la AFP.

André es director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) en Barcelona y uno de los responsables del proyecto Providence (Providencia), una especie de "Gran Hermano" de los sonidos de la fauna amazónica implementado en colaboración con el Instituto Mamirauá, que gestiona una reserva natural con el mismo nombre en el corazón de la selva, 500 km al norte de Manaos.

P: ¿Qué es el Proyecto Providence?

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El científico francés Michel André durante una entrevista en la reserva de Mamirauá, Brasil, el 24 de abril de 2019 (AFP/AFP)

R: El proyecto comenzó con una observación: sabemos muy poco acerca de la vida bajo las copas de los árboles. Los satélites y los drones han permitido identificar y cuantificar los árboles talados cada año, pero hay muy pocos datos sobre la diversidad de especies que viven por debajo de la cubierta vegetal.

Esto nos dio la idea de utilizar herramientas tecnológicas avanzadas, creadas originalmente para medir los efectos de la contaminación acústica sobre la vida marina, para monitorear la biodiversidad de la Amazonía a gran escala.

Gracias a las estaciones de Providence (conjuntos de sensores acústicos, visuales e medioambientales, llamados nodos), recopilamos innumerables imágenes y sonidos (audibles o no) en áreas clave de la selva inundada de Mamirauá, para capturar el espectro más amplio posible de especies.

Estos "oídos inteligentes" envían los datos en tiempo real a mi laboratorio, donde los analizamos con ayuda de las comunidades indígenas y los biólogos del Instituto. Desde el inicio del proyecto, hace dos años, se han desplegado diez estaciones en la reserva y se han identificado más de 40 especies (aves, monos, jaguares, insectos, murciélagos, delfines, peces), que están siendo monitoreadas.

P: ¿Cuáles son los objetivos del proyecto?

R: Dividimos este ambicioso proyecto en tres fases. La primera tuvo lugar en Mamirauá, con diez estaciones repartidas en diferentes áreas (acuáticas y terrestres), para verificar que nuestro sistema podía operar en condiciones adversas, el procesamiento de los datos en los nodos y su transmisión a través de internet (red wifi y 3G). En los sitios sin señal de internet, los datos fueron transmitidos satelitalmente. La fase 1 terminó el verano pasado.

Desde diciembre estamos en una etapa intermedia entre la fase 1 y la 2. El objetivo es instalar nuestra tecnología en diferentes hábitats y demostrar que el concepto de Providence se puede exportar a cualquier lugar de la Amazonía. Implementaremos diez de estas estaciones en la selva tropical de Bolivia, llamada Madidi, y otras diez en el Xingú en Brasil (especialmente porque están construyendo una represa y queremos monitorear la conservación de la fauna antes y después). Para 2021, tendremos 30 nodos operativos en tres áreas diferentes de la selva.

También desarrollaremos índices ecoacústicos que nos ayudarán a medir la salud de los ecosistemas forestales primarios de la Amazonía.

La Fase 2 prevé la instalación de cien estaciones en la reserva Mamirauá, lo que la convertirá en la primera del mundo monitoreada en tiempo real.

La Fase 3 está programada para 2025 con el objetivo final de Providence: expandir la red y monitorear toda la selva tropical amazónica con mil estaciones, desplegadas en una malla de 100 x 100 km para estudiar el impacto de cambio climático y actividades humanas en este hábitat.

La Fase 1 y la fase intermedia fueron financiadas por la Fundación Gordon & Betty Moore con un presupuesto de 3,5 millones de dólares. Estimamos que la fase 2 costará 8 millones y la fase 3 alrededor de 30 millones, pero todavía no existen fondos para estas etapas.

P: ¿Cómo están involucradas las comunidades locales en el proyecto?

R: Un aspecto fundamental de Providence es trabajar lado a lado con las comunidades indígenas, que son los verdaderos guardianes de la Amazonía. De hecho, ya que han vivido en la selva primaria durante siglos y sus vidas dependen de sus recursos, tienen un conocimiento vernáculo muy preciso de la biodiversidad, que debemos aprender y comprender. Es por eso que se involucraron desde el principio en Providence, para que pudiéramos compartir un enfoque de conservación y lograr juntos nuestros objetivos. Nuestro equipo de investigación local incluye miembros de las comunidades de Mamirauá que participan activamente en la selección de áreas donde se despliegan los nodos de Providence y nos ayudan todos los días a identificar las especies cuyos sonidos e imágenes recolectamos sobre el terreno.



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