Desde Berlín (AFP)
Merkel, canciller del clima cada vez más criticada
Angela Merkel, a la que se solía describir como la canciller del clima, se niega a preparar el abandono del carbón o de los motores de combustión, a pesar de que Alemania podría incumplir sus objetivos de reducción de emisiones contaminantes.
14 de noviembre de 2017
Imagen de una escultura representando a refugiados climáticos creada por el artista danés Jens Galschiot en Bonn, Almania, el 8 de noviembre de 2017 - AFP/AFP
Angela Merkel, a la que se solía describir como "la canciller del clima", se niega a preparar el abandono del carbón o de los motores de combustión, a pesar de que Alemania podría incumplir sus objetivos de reducción de emisiones contaminantes.
"No es tan diferente de Donald Trump. Bueno, sí: por lo menos Trump es honrado", lamentaba hace poco el semanario Die Zeit en una dura crítica contra Merkel, a la que calificó de "comediante" de la lucha contra el cambio climático.
La canciller prometió el sábado buscar "nuevas medidas" para cumplir con su promesa de disminuir en un 40% las emisiones de gas de efecto invernadero de Alemania en 2020 respecto a 1990. En 2016, esa reducción sólo alcanzaba el 28%.
Merkel también insistió en su compromiso con "el corazón industrial" del país, y afirmó que los defensores del clima no lograrán nada si "las acerías, las fábricas de aluminio o las fundiciones se trasladan ahí donde las reglas medioambientales son menos estrictas".
La canciller no habló, sin embargo, de las centrales de carbón ni de los motores de combustión, dos de los principales escollos en las negociaciones para formar gobierno con los liberales y los Verdes.
- Carbón contra nuclear -
Ese silencio llama especialmente esta semana, cuando Bonn acoge la 23ª conferencia de la ONU sobre el clima (COP23), donde Merkel se expresará junto con el presidente francés Emmanuel Macron.
En el ámbito climático "éramos los pioneros y ahora tenemos retraso", lamenta Claudia Kemfert, especialista en política energética en el instituto alemán DIW, que al igual que muchos expertos y asociaciones pide abandonar el carbón de forma progresiva.
Hasta unas 50 grandes empresas, entre ellas Siemens, Adidas y Deutsche Telekom, reclamaron una programación "firme y socialmente responsable" del cierre de las centrales de carbón, coincidiendo por una vez con la oenegé Greenpeace.
A pesar de esos llamamientos, los conservadores y los liberales no quieren fijar ningún plazo para renunciar a una energía barata que suministra el 40% de la electricidad consumida en Alemania, y los Verdes acaban de abandonar la fecha límite de 2030 que defendían durante su campaña.
El carbón, asociado históricamente a la prosperidad alemán, sigue considerándose como ineludible tras la decisión de abandonar la energía nuclear antes de 2022, tomada en 2011 a raíz de la catástrofe de Fukushima.
Es cierto que las energías renovables ganaron terreno en los últimos años, alcanzando el 31,7% del consumo de electricidad alemana en 2016, pero siguen presentando inconvenientes relacionados con su carácter intermitente y la dificultad de transportar la producción desde el norte, barrido por el viento, hasta el sur industrial.
- 'Perjudicar a todos' -
La futura coalición gobernante deberá abordar otro asunto espinoso: su política respecto a la industria automovilística. El nuevo ejecutivo deberá tener en cuenta al lobby de los constructores, los 800.000 empleos en juego en Alemania y el impacto medioambiental del sector.
Merkel luchó durante tiempo en Bruselas para limitar las normas medioambientales impuestas a la industria, pero tuvo que endurecer el tono tras la revelación del escándalo de los motores diésel trucados hace dos años.
Pese a todo, la canciller, al igual que la mayoría de la clase política alemana, no quiere programar el final de los motores térmicos, a diferencia de países como Noruega o Francia.
Los coches eléctricos no logran seducir a los alemanes, y Berlín asegura que el diésel, que emite menos CO2 que los motores de gasolina, es indispensable para respetar los objetivos climáticos.
Asociaciones y científicos alemanes llevan meses pidiendo al gobierno que actúe, invirtiendo por ejemplo en las tecnologías verdes o respaldando un precio mínimo del carbono para incitar a contaminar menos.
"Prometer, aplazar, abandonar: esa es la política habitual", critica Hans Joachim Schellnhuber, director del Instituto de Potsdam para la investigación sobre el cambio climático.
Para él, el problema de los dirigentes alemanes es que "no quieren herir a nadie ahora, ni el empleado de una central de carbón, ni el que ensambla motores diésel", a riesgo de "acabar perjudicando a todo el mundo mañana".


