Desde Londres (AFP)

Epidemia de dimisiones entre el personal sanitario en el Reino Unido

"Desde el final de la segunda ola tuve pesadillas, ataques de pánico, insomnio, cambios de humor. Mi vida personal se derrumbaba. Pensé en el suicidio", explica a la AFP Joan Pons Laplana, exenfermero del sistema británico de sanidad pública NHS.

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Joan Pons Laplana, exenfermero de cuidados intensivos del sistema de salud nacional británico se coloca la mascarilla el 13 de enero de 2022 en Chesterfield, en el norte de Inglaterra - AFP/AFP
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"Desde el final de la segunda ola tuve pesadillas, ataques de pánico, insomnio, cambios de humor. Mi vida personal se derrumbaba. Pensé en el suicidio", explica a la AFP Joan Pons Laplana, exenfermero del sistema británico de sanidad pública NHS.

Este catalán de 46 años que vive desde hace dos décadas en Sheffield, en el norte de Inglaterra, decía sufrir desgaste ya antes de la pandemia. Y la intensa presión laboral durante las olas de coronavirus le llevaron, como a miles de otros empleados de la sanidad pública británica, a dimitir para proteger su salud mental.

Unos 33.000 empleados del NHS dejaron su trabajo entre junio y septiembre de 2021 y 7.000 de ellos afirman haberlo hecho en busca de equilibrio en sus vidas, según estadísticas oficiales. Es casi el doble que en el último trimestre de 2019, poco antes del inicio de la pandemia.

Los turnos interminables, el sofocante material de protección, el riesgo de contraer el virus y el temor a contagiarlo a su cónyuge e hijos, afirma Pons que lo agotaron. Destinado a cuidados intensivos tras haber trabajado durante años en la administración del NHS, no conocía a la mayoría de sus compañeros.

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Joan Pons Laplana, exenfermero de cuidados intensivos del sistema de salud nacional británico, fotografiado el 13 de enero de 2022 en Chesterfield, en el norte de Inglaterra (AFP/AFP)

"Vi a un paciente de mi edad despedirse mediante una tableta electrónica de su hija que tenía la misma edad que la mía. Unos minutos después estaba muerto. Empecé a soñar con sus ojos por las noche. Mi terapeuta me diagnosticó un síndrome postraumático", recuerda.

Se marchó un día en plena reunión y nunca volvió. Ahora trabaja en un programa de acceso al empleo para jóvenes discapacitados o desfavorecidos.

- Acumulación de turnos -

Akshay Akulwar no ha dimitido todavía de su puesto de cirujano en el este de Inglaterra, pero se plantea ir a trabajar a otro lugar: Nueva Zelanda o Australia, donde los sueldos son mejores, o volver a su país, India.

Denuncia la acumulación de turnos interminables. "Lentamente van impactando tu estado de ánimo, tu disponibilidad hacia la familia. Empiezas a sentir el síndrome del trabajador quemado, a trabajar de forma menos eficaz", sin saber hasta cuándo se podrá resistir, explica este doctor que también es portavoz de DAUK (Doctors Association of United Kingdom).

Según una investigación del sindicato Unison, más de dos tercios del personal médico sufrió desgaste profesional durante la pandemia y más de la mitad trabajó más horas de lo estipulado en sus contratos.

Como resultado, más de la mitad de los trabajadores del sector busca ahora un nuevo empleo.

Tras una década de recortes presupuestarios, "antes del coronavirus ya faltaban en el NHS unos 100.000 trabajadores", asegura Sarah Gorton, responsable de Unison. "La pandemia aumentó la presión al personal sanitario y muchos no pueden más", agrega.

- "Tratado como un número" -

Bill Palmer, del centro de reflexión Nuffield Trust, señala que las dimisiones en el sector iban en aumento desde 2016, pero se imterrumpieron en el primer año de pandemia. "La gente se sentía obligada a resistir y era más difícil encontrar trabajo en otro lugar", explica.

Pero desde hace seis meses vuelven a aumentar con rapidez. Algunos empleados sanitarios no quieren ser vacunados, requisito obligatorio en el Reino Unido, pero muchos argumentan la presión en unos servicios en constante falta de efectivos o el sentimiento de no sentirse debidamente valorados.

Alex, enfermero psiquiátrico que prefiere no dar su apellido, vio su carga de trabajo incrementada un 25% durante la pandemia, con más pacientes y mayor responsabilidad.

"Me sentía tratado como un número. Empecé a sentirme deprimido", explica a la AFP.

Así que decidió reconvertirse y ahora trabaja para una organización que ayuda a las víctimas de la esclavitud moderna y la violencia de género.

"Tengo un sueldo equivalente pero mucho menos estrés y mi trabajo se aprecia", asegura.

Entre el personal sanitario menos cualificado, los bajos salarios también incentivan a irse, sobre todo cuando otros sectores de actividad, como la distribución, necesitan mano de obra y suben los sueldos para atraer a trabajadores.

Cualquiera que sean sus motivos, estas dimisiones agravan los retrasos acumulados por el sistema de salud británico, que reducen las posibilidades de sobrevivir en caso de accidente o enfermedad grave.




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