Desde Río de Janeiro (AFP)

En un Rio de fiesta por el Mundial-2014, Cupido nunca está muy lejos

Fiel a su reputación festiva, Rio de Janeiro es escenario de celebraciones que se prolongan día y noche durante el Mundial, ofreciendo a los turistas la ocasión de encuentros a los que se invitan la sensualidad y el romance.

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Una pareja brasileña besándose antes del partido entre Suiza y Honduras, de cuyos colores van pintados, en localidad brasileña de Manaus, el 25 de junio de 2014 - AFP/AFP/Archivos
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Fiel a su reputación festiva, Rio de Janeiro es escenario de celebraciones que se prolongan día y noche durante el Mundial, ofreciendo a los turistas la ocasión de encuentros a los que se invitan la sensualidad y el romance.

Alegres y acogedores, los cariocas con cuerpos trabajados y bronceados tienen éxito entre los hinchas del mundo entero. A lo largo de la playa de Copacabana, sobre la avenida más famosa de Brasil, se prestan a las poses fotográficas reclamadas por los turistas, deseosos de guardar estos recuerdos. "Realmente hay chicas por todas partes, son guapas y no son tímidas", comenta el australiano Marshal, de 28 años, en Copacabana, teatro de permanentes interacciones espontáneas entre turistas y cariocas. "Es genial", se entusiasma Alayde Pfeifer, una alemana de 38 años. "Yo estoy casada, en este ambiente tengo que resistirme a los chicos guapos".

Las brasileñas dicen estar felices de este ambiente festivo, pero a veces no toleran las hordas de hinchas, en su mayoría hombres, que a veces interpretan sus deseos por realidades y olvidan que en este país, pese a las apariencias, el peso de la religión sigue siendo importante. "Algunos tienen tendencia a aprovecharse de nuestro forma cariñosa de abordar a la gente, a veces tocándola, y a creer que todo está permitido", lamenta Ludmila D'Angeles, una estudiante de 21 años en Copacabana.

Cuando cae la noche, en los bares de Copacabana, Lapa, Ipanema o Leblon, la amistad entre los pueblos da a veces lugar a la sensualidad.

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Hinchas alemanes celebrando el final de un partido contra Argelia en el Mundial de Brasil, el 30 de junio de 2014 en una pantalla gigante en Rio de Janeiro (AFP/AFP/Archivos)

- Bailando en la Fan Fest -

En Copacabana, una marea humana se da cita los días de partido en la Fan Fest de la FIFA, un espacio dedicado a las celebraciones que entre los partidos se transforma en discoteca bajo las estrellas.

En la playa, una multitud joven y bronceada se apiña ante las pantallas gigantes para vibrar al ritmo de una música ensoredecedora, cerveza en mano, bajo el ojo atento de las fuerzas de seguridad. La promiscuidad del lugar favorece el contacto, los cuerpos se tocan y a veces se enlazan.

El 'dress-code' es simple: traje de baño y camisetas, pelucas o banderas del color del país de cada uno. En medio de los fiesteros, una joven viste una camiseta explícita: "No boyfriend= No problem" ("Sin novio, sin problemas"). "La brasileña es sociable", explica Maira Ribeiro, de 18 años. "Tuve muchos encuentros y aventuras con un argentino, un mexicano y un colombiano", enumera.

Pero aún así algunos confunden ser abierto con luz verde al sexo. "Muchos turistas piensan que es fácil tener relaciones sexuales con brasileñas y tienden a tratarnos como si fuésemos objetos, pero aunque el sexo es muy libre aquí, deben comprender que no por eso nos acostamos con alguien en la primera noche", explica Andrea Holbert, una promotora carioca de 36 años.

- Sorpresas -

En Lapa, el barrio bohemio del centro, la calle de Lavradio y sus numerosos bares atraen cada noche una multitud de turistas y cariocas 'vestidos para matar' que muchas veces dificultan la circulación a partir de las 11 de la noche.

En medio de fiesteros noctámbulos y de puestos de venta de 'caipirinha' en la calle, se forman nuevas parejas y la noche carioca hace el resto. "En Lapa hay una atmósfera extraordinaria que no se halla en Bélgica", dice Christophe, "y además no hay tanta prostitución".

En los barrios turísticos, el sexo tarifado -que es legal en Brasil- sigue estando en efecto en su mayoría limitado a los establecimientos especializados, pero el turista nunca está a salvo de una sorpresa. Un periodista extranjero contó a AFP que conoció una brasileña en condiciones que parecían románticas, después de miradas cómplices, el dúo intercambió algunas palabras y luego tomó unas copas en uno de los kioscos que bordean la playa de Copacabana, donde la joven propuso ir a un hotel, anunció el precio de la habitación... Y también el suyo.

Para quienes hayan dejado su alma gemela en casa, la tentación es a veces demasiado fuerte. "Conocí una chica el otro día, y todo va muy bien, ¡pero no publiquen mi nombre!", pide un colombiano de 34 años, casado, en Copacabana.




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