Diferencia entre beato y santo

Aunque son términos similares beato y santo son títulos distintos y con diferentes atribuciones otorgados por la Iglesia Católica a personas de vida virtuosa y dignos de veneración, de acuerdo a los preceptos cristianos.


San Martín de Porres


 

Aunque son términos similares, beato y santo son títulos distintos y con diferentes atribuciones otorgados por la Iglesia Católica a personas de vida virtuosa y dignas de veneración.

Cuando nos referimos a beato, estamos hablando de una persona de vida modelo de acuerdo a los preceptos del cristianismo que ha pasado por el proceso de beatificación. Para que se realice dicho proceso, debe haberse producido por lo menos un milagro atribuido al candidato, verificado por una comisión de expertos, el milagro no es un requisito si la persona fue mártir de la iglesia. En el proceso de beatificación, es el obispo de la diócesis donde murió el candidato quien pide que sea bendecido. El beato es venerado por el pueblo pero únicamente en lugares cercanos a la localidad donde vivió, región o país. Para que sea venerado en otras diócesis o congregaciones se puede pedir un permiso o "indulto" al Vaticano para poder hacerlo.

En el caso del santo podría definirse como el título siguiente al beato, un grado más que otorga la iglesia, se da cuando el beato pasa por el proceso de canonización si se cumple la condición de un milagro más por intercesión del candidato, que debe ocurrir dentro del plazo de cinco años luego de su muerte. El papa tiene la potestad de obviar estos requisitos por alguna razón especial. Al ser nombrado santo, la Iglesia católica en su conjunto le otorga un día para su veneración universal y se  pueden dedicar iglesias a su culto, además es incluido en el canon, que es la lista oficial de santos de la Iglesia Católica.

En conclusión, beato y santo son títulos otorgados por la iglesia a personas ejemplos de vida cristiana, que han pasado por una serie de requisitos para su nombramiento, el santo posee un grado más que el beato. La diferencia radica principalmente en el ámbito de su veneración dentro la Iglesia Católica. El beato es venerado de manera local bajo permiso del papa, y el santo lo es por toda la iglesia por decreto del sumo pontífice.