Carnaval de Jauja

El Carnaval de Jauja es una de las expresiones culturales más importantes de la región Junín, tanto por el nivel de idiosincrasia como en el de su identidad.


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Antiguamente, el Carnaval de Jauja tenía otros componentes costumbristas que poco a poco se han ido perdiendo o quedando en el olvido. El más claro ejemplo de ellos quizás sea la Calistrada, que daba el marco previo para la celebración. 

El Carnaval Jaujino es patrimonio cultural de la ciudad y también de la región Junín y por ende, urge preservarlo en su autenticidad y darle el reconocimiento que merece, no sólo en el ámbito regional, sino también en el nacional.

Vestuario:

De la jaujina:

Sombrero: El sombrero es de paja fina teñida de blanco, con la copa y el ala medianas y la cinta que la adorna, de terciopelo negro terminada en un listón al lado derecho. La jaujina se lo pone ligeramente inclinado a la derecha.

Monillo: Es elegante y puede ser de seda, raso, organza o encaje y de diversos colores únicos en el fondo. Está bordado en su totalidad de fina pedrería con lentejuelas, perlas y mostacillas. El cuello es redondo y el talle corto hasta la cintura, con mangas largas que terminan en un puño amplio y con gráciles boleados en sus extremidades.

Lliclla o manta: Es de terciopelo, astracán o piel de nutria. Lleva una guardilla de color entero o pintado con dibujos de flores. Al centro, una piel llana y de un solo color parecido al de la guardilla. Por dentro lleva un forro de castilla.

Faldellín o centro: Es una falda larga que se extendía antiguamente casi hasta el suelo, pero que actualmente se usa al nivel del tobillo. Es de bastante vuelo, recogido a la cintura y con varios pliegues. Para carnavales, la jaujina luce un pañuelito blanco de seda bordado o estampado con flores o con el monograma de la bailante, el que, doblado, lo ubica a la altura de la cintura hacia el lado izquierdo, exhibiendo el motivo impreso.

Fustanes: Son blancos y en número de dos o tres, primorosamente tejidos a mano del más fino hilo, suelen adornarse con llamativos ñorbos, cosidos a recortes calados a mano. Para lucirlos, se almidonan y planchan, de esta manera se aprecia el fino urdimbre o encaje y a la vez que a la vestimenta le da un estilo muy glamoroso.

Del jaujino:

Porta un sombrero de paja ligeramente a la pedrada con cinta negra o marrón de ala corta. Luce por lo general un elegante terno oscuro, complementando, según las circunstancias o el barrio, con un poncho de preferencia blanco o marrón (vicuña), recogido o al viento.

En el cuello lleva un pañuelo grande de seda o raso color blanco y en uno de sus extremos resalta el bordado o estampado de una rosa que representa a la mujer jaujina u otro motivos como una pareja de bailantes, el árbol o su propio monograma.

El bordado está hecho de hilo fino de colores muy vivaces. El pañuelo se sujeta con una sortija de oro para resaltar aún más su elegancia.

 

 

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El baile:

Se distingue principalmente por su elegancia y toque aristocrático, al compás de una prestigiosa banda de música.

En el baile, el varón invita a la dama a cogerse de su brazo derecho y a la vez, ubica su mano a la altura del pecho; la mano derecha la acomoda hacia atrás a la altura de la cintura.

La dama suavemente se coge del antebrazo del varón con la mano izquierda y, con la derecha, sujeta el faldellín, cogiendo uno de los pliegues delanteros donde empieza la hilera de las cintas, levantándolo de manera delicada hasta el nivel de la cintura; de esta modo destacan los blancos y almidonados fustanes. Aunque esta posición no es muy rígida, no se debe agitar el faldellín durante el baile.

El varón se encarga de dirigir a su pareja en movimientos giratorios a ambos lados, dando pasos breves hacia un costado. n momentos ambos están erguidos, y en otros, al dar vueltas, se inclinan levemente hacia adelante, a la vez que avanzan en círculo alrededor de los árboles al compás de la música.

El baile tiene dos momentos, la entrada de muluza en la que el ritmo es elegante, donde la dama baila con el brazo izquierdo ligeramente estirado y los requiebros son más alargados. El otro momento del baile es el huayno, que tiene un ritmo más alegre, dulce y a veces sentimental, con pasos más cortos.




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