María Parado de Bellido

Natural de Ayacucho, María Parado de Bellido es considerada como una de las grandes heroínas en la lucha por la Independencia del Perú.


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¿De Huamanga o de Cangallo?

Nació en Huamanga o Cangallo, no se sabe, el 5 de julio de 1777. Su padre fue don Fernando Parado. Era quechuahablante y no sabía leer ni escribir, como la gran mayoría de mujeres de aquella época. Igual que casi todas ellas, su única preocupación era el sustento de su casa
y el bienestar de sus seres queridos.

¿De Huamanga o de Cangallo?

Nació en Huamanga o Cangallo, no se sabe, el 5 de julio de 1777. Su padre fue don Fernando Parado. Era quechuahablante y no sabía leer ni escribir, como la gran mayoría de mujeres de aquella época. Igual que casi todas ellas, su única preocupación era el sustento de su casa
y el bienestar de sus seres queridos.

Unos, militantes y otros, colaboracionistas

En la zona de Huamanga, en Cangallo y otras localidades del centro del Perú, ni bien se supo de la expedición del general Álvarez de Arenales y de la presencia de San Martín en el Perú, hubo gran efervescencia por la libertad y se realizaron innumerables actividades para apoyar a las tropas libertarias, entre las cuales estaba la labor de vigilancia y espionaje. Mientras don Mariano Bellido y sus hijos varones colaboraban con las huestes patriotas, doña María Parado de Bellido se dedicaba a observar las movilizaciones del ejército enemigo. Como no sabía escribir, le informaba a su esposo y a su hijo Tomás que se había afiliado a las tropas patriotas de los movimientos del ejército realista mediante cartas que dictaba a alguien y que hacía llegar mediante enviados especiales.

Salva a muchos, pero ella está en peligro

El 29 de marzo de 1822, las tropas patriotas desalojaron sorpresivamente la localidad de Quilcamachay porque fueron avisadas por María Parado de Bellido que iban a ser emboscadas por los realistas. Se  salvaron cientos de personas. En efecto, el 30 de marzo de 1822, los realistas tomaron dicha localidad, buscaron por todas partes y no hallaron a ningún soldado patriota. Hurgaron en los pertrechos dejados y en una vieja alforja encontraron una misiva de María Parado de Bellido dirigida a su esposo.

“Era enlace activo”

”Para el caso específico de nuestra heroína, ella era enlace activo con las huestes guerrilleras, en concordancia con Lima. Se trataba de apoyar a las columnas enviadas desde la capital por San Martín a principios de 1822. En efecto, pasando de nuevo a la ofensiva, San Martín había enviado una expedición al sur para atacar a los virreinales... pero, atado a su pacto con la fracción de la nobleza limeña que lo había apoyado para tomar la capital, colocó al frente de aquel cuerpo militar a un oficial de fugaces y tardías veleidades independentistas; una nulidad castrense, por otro lado. Nos referimos al rico y aristocrático coronal Domingo Tristán, a quien acababa de ascender a General; y como su segundo –doble error- nominó al coronel Agustín Gamarra, quien se había pasado a las filas libertarias, tras ser por años un sanguinario represor de patriotas. Ambos jefes perdieron tiempo, se enredaron, se dejaron cercar inadvertidamente y sobre ellos y sus dos mil quinientos soldados cayeron sorpresivamente las fuerzas quechuo-españolas del general virreinal Jerónimo Valdez. Eso fue la noche del 6 al 7 de abril de ese 1822; y ni siquiera hubo batalla. Fue debacle, fuga, deserción en masa. De ese ejército enviado por la nobleza nada quedó. El botín de guerra del vencedor fue enorme. Y era para este ejército que los montoneros habían venido brindando sus vidas; porque en las serranías había empezado una brutal represión, tanto en tierras huancavelicanas, como en las ayacuchanas y juninenses. Avanzaban las huestes represivas, comandadas por un hombre encanallado en matanzas y el incendio de pueblos, el coronel José Carratalá (tan distinto él a otros jefes españoles, que eran liberales y constitucionalistas, como el propio virrey General La Serna). Pues bien, precisamente eran las tierras de Cangallo donde actuaban de montoneros el esposo e hijo de la mártir. En carta a su esposo, ‘idolatrado Mariano’, les advertía el peligro que corrían y que pasase la voz a ¿Cayetano? Quiroz, quien era el jefe de aquellos grupos, a fin de que todos se replegaran. Era imprescindible a causa de la derrota patriota en la costa y la nueva ofensiva andina del ejército virreinal. Pero por descuido de los guerrilleros, la carta fue dejada en una chamarra (nota: vestidura de paño o jerga) y los capitanes españoles la remitieron a la ciudad de Huamanga, hoy Ayacucho”(J. J. Vega).

La heroica resistencia de María Parado de Bellido

El mismo día, 30 de marzo de 1822, el general Carratalá, jefe de los realistas, ordenó la prisión de María Parado de Bellido. En el cuartel general de los chapetones, la patriota fue severamente interrogada, pero no dijo nada. La sometieron a distintas torturas, pero no rebeló el nombre o los nombres de las personas que escribían sus cartas.

“Capturada la valiente mujer, nada dijo, a pesar de los arrebatos, amenazas y vejámenes de Carratalá. Se la interrogó también en torno a la persona que había escrito la misiva, puesto que ella era iletrada (como la aplastante mayoría de las mujeres de la sierra en aquel tiempo, en la ciudad y el campo) y además quechuahablante. No confesó tampoco quiénes estaban conjurados entre los huamanguinos” (J.J. Vega).

 

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Lo que siguió fue un desastre total

“La derrota de Tristán y Gamarra en La Macocona, tuvo otras consecuencias funestas. Se asentó el dominio español en los Andes, reclutándose más tropas quechuas para la causa del rey. El bravo montonero Quiroz fue cogido y asesinado, como otros; y su mujer murió también peleando. Igual sucedió con otras partidas de valientes. El 8 de mayo caerían los mejores líderes morochucos, esto es, Basilio Auqui y sus hijos. Pero otros tomaron sus banderas. Por dos años resistieron. Iniciándose agosto de 1824, Simón Bolívar incorporó a mil montoneros al Ejército Libertador. Esto fue en las punas de Rancas. Buena parte de ellos se encuadró dentro del Regimiento de Húsares, que en la batalla de Junín decidirían el encuentro y cambiarían de nombre para gloria de nuestra patria. En la marcha triunfal hacia Ayacucho, muchos de estos flamantes Húsares de Junín recordarían, sin duda, a la heroína fusilada” (Juan José Vega. En: “La República”, 3 de mayo de 1999).

Una arrogante heroína ayacuchana

“Hay otras muchas casas en Ayacucho con tradición o con leyendas. Voy así a visitar la residencia de la arrogante heroína ayacuchana María Parado de Bellido. Es una casa sobria, con limpias paredes encaladas y una vid en el patio al lado de unos severos peldaños de piedra. Allí estaba María Parado cuando los tenientes de Carratalá la redujeron a prisión, asaltando y saqueando la casa. A pesar de todos los esfuerzos, la heroína no quiso confesar quién había escrito la carta enviada por ella a las filas patriotas; y después de haberle hecho dar la vuelta a la plaza, como escarmiento público, se la fusiló en la Plazuela del Arco donde actualmente se levanta su estatua” (Aurelio Miró Quesada Sosa)

Es la gran heroína de la independencia

“La Historia Oficial acepta con desgano a María Parado de Bellido como nuestra gran heroína de la independencia, condenándola a ser, como otros personajes populares, un ente aislado, borroso y desprendido del conjunto histórico del momento. Igual sucede con José Olaya (hasta el apellido le cambiaron), con Marcelino Carreño y otros auténticos próceres peruanos del período emancipatorio. De Mariano Melgar, quizá la más representativa figura peruana de la independencia, casi nada sabemos respecto a sus luchas, rifle en mano. Este valiente criollo pereció fusilado en los campos de Umachiri en 1815, mientras Bolívar y San Martín combatían en otros lados de América” (J. J. Vega).
 
María Parado de Bellido en la tradición ayacuchana


La tradición oral ayacuchana cuenta algunos episodios del sacrificio de María Parado de Bellido y que son dignos de resaltar.

1. Cuando Carratalá se quedó sin argumentos militares para convencer a María Parado de Bellido de que denuncie a los colaboracionistas patriotas ordenó que quemasen la casa de la heroína. Allí estaban sus hijas, temblando de tristeza y miedo, porque los ayacuchanos les  informaban minuto a minuto de lo que pasaba en el cuartel de los realistas con su madre. También les anunciaron que un piquete de soldados se acercaba a la casa para cumplir  a orden de Carratalá y que tenían que escaparse. Así lo hicieron, salvándose de ser quemadas vivas.

2. María Parado de Bellido era devota de la Virgen María. Cuando la comitiva de fusilamiento pasó por la calle donde está la iglesia de Santo Domingo, se hincó de rodillas y oró implorando a la Virgen María de Santo Domingo por su alma y la de sus hijos. La multitud que iba siguiendo sus pasos se conmovió hasta las lágrimas.

3. Luego del fusilamiento de María Parado de Bellido, su cadáver fue pedido por el Prior de los mercedarios para enterrarla cristianamente, en el solar del convento de La Merced. Carratalá accedió a la petición. Después de un sentido velorio, efectivamente María Parado de Bellido fue sepultada.

 





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