Desde Cracovia (Polonia) (AFP)

Un minimundial de fútbol católico en la JMJ en Polonia

Les gusta tanto el fútbol como adoran a Francisco. Mientras esperaban la llegada del papa argentino el miércoles a Cracovia por la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), equipos del todo el mundo compitieron por conseguir la Copa Católica.

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Les gusta tanto el fútbol como adoran a Francisco. Mientras esperaban la llegada del papa argentino el miércoles a Cracovia por la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), equipos del todo el mundo compitieron por conseguir la Copa Católica.

"Vinimos aquí por Francisco pero también para jugar al fútbol. Lo esencial es divertirse y no tanto ganar. Nos gusta el fútbol y nos gusta el papa", dijo Hugh Spencer, un joven estadounidense de Texas.

Vestido con una camiseta roja con el nombre del jugador polaco Lewandowski, la estrella del Bayern de Múnich, afirma adorar a 'Lewy', como lo llaman en su Polonia natal.

El joven la compró especialmente para la Copa en cuanto llegó a Polonia para la JMJ, a pesar de que iba a jugar en un equipo estadounidense luciendo los colores de su país.

Cuarenta y ocho equipos de 25 países se enfrentaron durante dos días, en esta primera edición mundial del torneo. Inspirada por la Clericus Cup nacida en Roma y disputada por equipos de curas, la Copa Católica ya había sido organizada en América Latina y debería tener lugar al margen de cada JMJ.

Los encuentros se celebraron en Nowa Huta, un barrio de Cracovia construido en los años 1950 y que debía ser, según las autoridades comunistas de la época, un distrito obrero modelo sin dios.

En esta ocasión, con motivo de la JMJ, el barrio, ejemplo de la arquitectura del realismo socialista con sus monumentales esculturas de obreros, fue ocupado por miles de católicos de todo el mundo.

El trofeo de la Copa Católica cayó en manos del equipo italiano Sassuolo, que venció en la final al equipo francés Fondacio.

"Lo principal no era ganar sino participar [...], estar todos juntos con jóvenes de todo el mundo y conocer a otras naciones y rezar también", explicó Martin de Pas, un peregrino francés.

Antes o después del partido, una oración. Un Padrenuestro recitado en grupo da más fuerza, afirmó Thona Okri, peregrino francés. "Existe un lazo entre la religión y el deporte. El deporte transmite muchos valores importantes que tienen un fuerte vínculo con nuestra fe: la fraternidad, el compartir. Como cristianos, hay que inspirarse en estos mismos valores", añadió.

Okri parecía traducir una de las ideas del papa Francisco, que lanzó primero en Argentina y después, a nivel mundial, el programa Scholas Ocurrentes, que asocia educación y deporte y que cuenta con el respaldo de personalidades como Lionel Messi, la estrella argentina del fútbol del FC Barcelona.

Algunos equipos de personas con discapacidad participaron también en el torneo. Al final del partido, los equipos ni siquiera recordaban quién había marcado los goles ni cuántos. "No era ese el objetivo. El objetivo era vivir momentos juntos", aseguró Tomasz Pytlowski, del club Husaria Krakow, que agrupa a futbolistas con una pierna.

"Para nosotros, la Copa Católica es una oportunidad de promover el fútbol para amputados, una disciplina que poca gente conoce, y sobre todo, de encontrar a otros apasionados del fútbol como nosotros", afirmó, apoyándose en unas muletas tras un partido contra mexicanos.

"El deporte y la religión unen a la gente y unen también los corazones", agregó José Fernando Audi Lugo, mexicano con una sola pierna, casi sin aliento, pero con una sonrisa en los labios.




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