Desde Lahore (Pakistán) (AFP)

Brigada anticontaminación controla fábricas pakistaníes en Lahore

La brigada que lucha contra la contaminación avanza en las congestionadas calles de Lahore en busca de fábricas que emiten humos nocivos hacia el cielo de la ciudad paquistaní, una de las más contaminadas del mundo.

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Miembros de la brigada anticontaminación de Lahore se preparan para cerrar una fábrica de acero, el 19 de noviembre de 2021 - AFP/AFP
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La brigada que lucha contra la contaminación avanza en las congestionadas calles de Lahore en busca de fábricas que emiten humos nocivos hacia el cielo de la ciudad paquistaní, una de las más contaminadas del mundo.

En la camioneta, una escolta armada protege a los seis miembros del equipo que llevan consigo la lista de fábricas que tienen previsto inspeccionar hoy.

Al acecho, buscan en el cielo gris las volutas de humo tóxico que los llevarán a las fábricas que violan las leyes ambientales.

"Sólo tenemos que seguir el humo, ni siquiera necesitamos las listas", explica Ali Ijaz, responsable de la iniciativa, que durará un mes hasta mediados de diciembre.

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Una calle de Lahore el 24 de noviembre 2021 (AFP/AFP)

En total, las autoridades de Lahore, la gran ciudad del este de Pakistán, cerca de la frontera con India, han creado cinco equipos de lucha contra la contaminación para combatir el aire impuro que sofoca sistemáticamente la ciudad y a sus 11 millones de habitantes en este período del año.

Las brigadas planean visitar 300 plantas industriales acusadas de estar entre los peores contaminadores de la ciudad.

La calidad del aire en India y el Pakistán se ha deteriorado en los últimos años, debido a la contaminación del invierno causada por los gases de petróleo de baja calidad y la quema de cultivos.

A pesar de que Lahore ha sido clasificada regularmente como una de las ciudades más contaminadas del mundo, las autoridades han tardado en reaccionar, prefiriendo culpar al gran rival, India, o poner en duda la veracidad de los datos.

Este año, la contaminación llegó temprano, cubriendo la ciudad con un aire estancado, grisáceo y sucio. La semana pasada, Usman Buzdar, jefe de gobierno de la provincia de Punjab, habló de una "calamidad".

- Trabajo peligroso -

De camino a una misión, un equipo se dirige a un barrio de donde varias fábricas arrojan humo. "Es evidente que estas fábricas utilizan fuelóleo de mala calidad. Estos gases son insoportables para las personas que sufren de problemas respiratorios", denuncia el jefe de equipo, Sajid Ali.

El aire es gris opaco. E incluso con una máscara es difícil respirar. Montañas de desechos cubren las calles que bordean estas fábricas.

A su llegada a la primera fábrica, la brigada adivina que los hornos sospechosos acaban de ser apagados. Todavía están enrojecidos por el calor. Las barras de acero recién forjadas yacen en el suelo, enfriándose.

Los miembros del equipo se informan sobre el combustible y el tipo de maquinaria utilizada. Descubren que la fábrica no dispone del aparato que permite eliminar los contaminantes industriales de los gases de escape.

La brigada ordena rápidamente el cierre de la fábrica y los obreros son evacuados bajo la atenta mirada de la escolta armada.

Aunque el equipo cuenta con el apoyo de las autoridades administrativas, un abogado amenaza con recurrir a la justicia y ambas partes optan por un acuerdo amistoso. El acceso a las máquinas está cerrado, pero la fábrica sigue abierta.

Este es uno de los numerosos desafíos a los que se enfrentan las autoridades. "Muchos dueños de fábricas intentan presionar a la brigada, utilizando su influencia política y sus relaciones", lamenta uno de los miembros del equipo, que pide el anonimato.

Las autoridades no pueden permitirse cerrar las fábricas más de unos días, para no alienar a los obreros, que cobran por día. "Esto complica nuestra tarea (...) Estamos obligados a comprometernos", admite.





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