Orden jerárquico de la Iglesia Católica

A través de la historia, la Iglesia Católica es una de las principales organizaciones religiosas a nivel mundial, cuya misión es la dirigir y gobernar la fe, las cuestiones morales y la espiritualidad de sus feligreses, y se desempeña en base a sus normas, estatutos y estructura.



La Iglesia Católica está constituida en base a una estructura jerarquizada y formada por el Clero y los laicos, logrando tener estos dos grupos a miembros elegidos de acuerdo a su consagración y comunión con Dios, es decir, personas consagradas.

El orden jerárquico establecido de la Iglesia Católica se compone de la siguiente manera:

El Clero:

Es la orden que está conformada por los miembros que han sido ordenados para el servicio religioso y son útiles para la administración y dirección de la iglesia. Ellos son:

El Papa: Que es la máxima autoridad de la Iglesia Católica, llamado también 'Vicario de Cristo' y su representante universal en la Tierra. En él permanece la función que el Señor encomendó singularmente a Pedro, primero entre los apóstoles. Además, es la cabeza del colegio de obispos, que le prestan su cooperación de distintas maneras, al igual que los cardenales.

Los Cardenales: Son los que asisten y colaboran con el Papa en su mandato en la iglesia Católica, denominados también como 'Creados', y forman parte del Cónclave de la Iglesia. Los que tienen menos de 80 años de edad pueden votar al nuevo Pontífice en caso de que se celebre el Cónclave. Ellos ayudan al Papa cuando son convocados para tratar juntos cuestiones de más importancia; además de los distintos oficios que desempeñan, sobre todo en su gobierno cotidiano de la Iglesia universal. Para poder ser nombrado cardenal basta con ser sacerdote, aunque el candidato deberá recibir la ordenación episcopal antes de recibir el anillo y la birreta de manos del Santo Padre.

La Curia Romana o Santa Sede: Es el Conjunto de Dicasterios y Organismos que ayudan al Romano Pontífice en el ejercicio de su suprema misión pastoral, para el bien y servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, con lo que se refuerza la unidad de la fe, de la comunión del Pueblo de Dios y se promueve la misión propia de la Iglesia en el mundo.

Los Legados del Romano Pontífice: Son los representantes del Romano Pontífice ante las Iglesias particulares y ante el Gobierno de un Estado: el Nuncio, el Pro-nuncio y el Delegado Apostólico.

Los Obispos: Son los miembros ordenados que cumplen una triple función: enseñar, santificar y gobernar a la población de la iglesia en diversas partes del mundo, siendo su jurisdicción o zona la denominada diócesis. El obispo debe guiar teniendo un criterio propio y dirigido por el Espíritu Santo. Los que son superiores en cargo a los obispos, son los arzobispos, que sólo supervisan la labor de los obispos y les dan su apoyo. Ningún obispo, aunque haya sido nombrado cardenal, tiene autoridad sobre otro, sino que cada uno depende directamente del Papa. En sus respectivas diócesis, son responsables de atender a sus presbíteros; cuidar de que cumplan debidamente las obligaciones propias de su estado, y de que dispongan de aquellos medios e instituciones que necesitan para el incremento de su vida espiritual e intelectual. Ayudados por los presbíteros, sus colaboradores, y por los diáconos, los obispos tienen la misión de enseñar auténticamente la fe, de celebrar el culto, sobre todo la Eucaristía, y de dirigir su Iglesia como verdaderos pastores.

Para ser designado obispo, el miembro debe ser:

  • Insigne por la firmeza de su fe
  • Tenga buenas costumbres
  • Buena fama y cuente con al menos treinta y cinco años
  • Tiene que llevar al menos cinco años de presbítero
  • Ser doctor o al menos licenciado en Sagrada Escritura, teología o derecho canónico, o al menos verdaderamente experto en esas disciplinas.

Los Párrocos: Son también conocidos como sacerdotes o presbíteros. Es el líder o pastor de la parroquia zonal que se le confía el cuidado espiritual de la comunidad encomendada bajo la autoridad del obispo diocesano. Entre sus tareas está la de conocer a los fieles que se le encomiendan. Para ello, visita las familias, a los enfermos, especialmente a los moribundos, fortaleciéndoles con la administración de los sacramentos. También está pendiente de los pobres y de aquellos que sufren especiales dificultades.

Los Diáconos: Son considerados servidores, quienes han recibido el grado del sacramento del Orden Sagrado por la imposición de manos por parte del obispo, cuya acción es seguir el ejemplo de servicio y de entrega a la causa de Cristo, en favor de la iglesia y del fortalecimiento espiritual de las personas de su comunidad.

Los Consagrados: Son los miembros que pueden ser laicos o clérigos, son quienes se integran a grupos religiosos u órdenes religiosas, que viven aisladamente o hasta en comunidad abierta, junto a los otros laicos no consagrados. Ellos decidieron vivir una vida consagrada a Dios con la profesión de los consejos evangélicos: castidad en el celibato, pobreza y obediencia. Ellos son:

  • Abad y Abadesa (Abadías).
  • Monje y Monja (Monasterios).
  • Fraile y Hermana (Conventos).
  • Ermitaños (Eremitorios).

Los Laicos:

Son aquellos civiles y fieles miembros de la Iglesia católica que no forman parte del Clero. Son los encargados de testimoniar y difundir el Evangelio, quienes están llamados a ser testigos de Cristo en todas las cosas, también en el interior de la sociedad. También de ocupan de brindar apoyo a las actividades parroquiales, sean de culto (acólitos, lectores, o del coro) o de servicio evangelístico (líderes de grupos o confrarternidades). Los laicos participan en la iglesia, pero no tienen autoridad en ella, sólo es el Clero el que la tiene.

Fuente: Catholic.net.