Nervazón de angustia

Este poema pertenece a los Heraldos Negros del poeta César Vallejo. Aquí llama desesperadamente a una mujer que lo ayude a apaciguar su sufrimiento, por momentos evoca la imagen cristiana de la crucifixión.



 

Nervazón de angustia

Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla; 
desclava mi tensión nerviosa y mi dolor... 
Desclava, amada eterna, mi largo afán y los 
dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor! 

Regreso del desierto donde he caído mucho; 
retira la cicuta y obséquiame tus vinos: 
espanta con un llanto de amor a mis sicarios, 
cuyos gestos son férreas cegueras de Longinos! 

Desclávame mis clavos ¡oh nueva madre mía! 
¡Sinfonía de olivos, escancia tu llorar! 
Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta, 
cuál cede la amenaza, y la alondra se va! 

Pasas... vuelves... Tus lutos trenzan mi gran cilicio 
con gotas de curare, filos de humanidad, 
la dignidad roquera que hay en tu castidad, 
y el judithesco azogue de tu miel interior. 

Son las ocho de una mañana en crema brujo... 
Hay frío... Un perro pasa royendo el hueso de otro 
perro que se fue... Y empieza a llorar en mis nervios 
un fósforo que en cápsulas de silencio apagué! 

Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática 
un dionisíaco hastío de café...!

César Vallejo




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