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CULTURA CAJAMARCA


    Plato Cajamarca

    El arqueólogo franco-suizo Henry Reichlen, a quien se debe el esquema arqueológico de Cajamarca, encontró una cerámica que denominó Torrecitas-Chavín, considerando que tenía relaciones con el estilo Chavín, pero que por otros rasgos como la pintura post-cocción y las formas de los vasos, pertenece a un estilo muy particular, quizá pre-Chavín, relacionado más bien con Kotosh, aunque con notables diferencias. Ultimamente, la "Expedición Científica Japonesa a la América Nuclear", bajo la dirección de Kazuo Terada, ha establecido nuevas fases arqueológicas, sobre todo para las épocas más tempranas: Huacaloma Temprano, 1500 años a.C., correspondiente a un período Pre-Chavín; Huacaloma Tardío, entre 1000 y 500 años a.C., comtemporáneo a Chavín; Layzón, entre 500 y 200 a.C. paralelo a Salinar y Cajamarca, con sucesivas secuencias posteriores (Terada y otros 1982 ).

    La fase Cajamarca I, que corresponde cronológicamente al último medio siglo a.C. y primero d.C., evidencia el contexto de una cerámica muy original, de pasta blanca sobre caolín que representa, sin duda, la más fina textura de toda América precolombina. Se suceden después otras fases o secuencias con inconfundible y peculiar estilo, que al expandirse deja suponer que la "Cultura Cajamarca" se extendió más allá de sus límites originarios, especialmente hacia el sur, dominando la región de Huamachuco hasta el Callejón de Huaylas y, hacia el oeste, en las cabeceras de los ríos Saña, Jequetepeque y Chicama (Reichlen 1970 ).

    Plato Cajamarca

    Durante sus primeras fases, I y II, cuya cronología se halla entre los años 300 y 600 d.C., la cultura cajamarquina se desarrolló sin relación aparente con otros estilos o culturas regionales. Después evoluciona hacia la fase cajamarca III, con el clásico estilo "cursivo" y las formas tripoidales que corresponden a un momento de gran diversificación en el área andina.
    Por entonces el valle de Cajamarca se convierte en un centro al que llegan los más variados estilos que se producían en el Perú (Ravines 1980: 141).

    Reichlen se refiere a una invasión tiahuanacoide. Lumbreras y otros arqueólogos explican que se trata del dominio político y militar de los Wari, Estado que conquistó casi toda la región de los Andes Centrales, desde Cajamarca y Lambayeque por el norte, hasta Sihuas y Sicuani por el sur, y cuya expansión corresponde al Horizonte Medio (Lumbreras 1980).

    No obstante, se puede pensar que el desarrollo alcanzado en la sierra norte es consecuencia de una intensa actividad de intercambio interregional y no sólo del dominio político, militar y religioso de Wari. Como quiera que haya sido, la Cultura Cajamarca no fue tan profundamente afectada y continuó desarrollándose sobre sus antiguos escenarios y tradiciones, y sí él arte decorativo de la cerámica experimentó una notable transformación, como prueba de la vitalidad de esta tradición cultural, hay que señalar que tal influencia no significó su decadencia posterior, ni mucho menos; pues, las nuevas formas no hicieron desaparecer ni las técnicas ni las formas tradicionales, sino que fueron asimiladas a un nuevo y vigoroso estilo que influyó En la cerámica de las regiones vecinas.

    En Huamachuco se advierte una fuerte influencia del estilo cajamarquino de la fase III que continuó en las fases siguientes y que, como en el mismo valle de Cajamarca, se manifiesta ostensiblemente en el cambio del "cursivo clásico" al "cursivo floral" de la fase IV. Piensa Thatcher que se trata de una vigorosa corriente cultural de Cajamarca hacia el Callejón de Huaylas, vía Huamachuco. Si las relaciones entre Cajamarca y Huamachuco son evidentes, el problema es cómo explicarlas. Lumbreras piensa que el estilo cajamarquino fue popularizado y distribuido por los Wari, pero la misma influencia se advierte también en fases posteriores, cuando había cesado completamente este dominio.

    Aunque no puede descartarse la posibilidad de que esta vinculación estilística, en determinadas épocas, sea el resultado de una compleja relación, basada en mecanismos de intercambio entre los grupos dominantes de cada región, pensamos que se trata de una hegemonía política y militar de un Estado cajamarquino bastante poderoso que, ya desde estos tiempos, extendió su dominio por las cuencas de los ríos Cajamarquino, Condebamba, Crisnejas y Chusgón y que en un momento, a fines del Horizonte Medio, se extendió hasta los callejones de Huaylas y de Conchucos, Alfredo Torero, coincidiendo con Rowe, afirma que no hubo unidad política en el Horizonte Medio y es posible que al menos tres Estados poderosos se relacionaran y enfrentaran entre sí en los Andes centrales, guardando su individualidad: Viñaque (Wari-Ayacucho), Pachacamac y Cajamarca, y señala que por lo menos tres lenguas distintas se hablaban por esa época en los Andes Centrales: el protoquechua, en la costa, el aru en Ayacucho y el culle en Cajamarca-Huamachuco (Torero 1972). Por su parte, Ravines acepta la posibilidad, aunque con reservas, de la existencia de un Estado cajamarquino poderoso, del que Huamachuco pudo ser parte integrante (Ravines 1980: 145). Basado en el texto de: Fernando Silva S. El Reino de Ciusmango.


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